VISIONES ATLÁNTICAS / 266 Núrenberg
AL FINAL DE ESTE ARTÍCULO, TRAS LA FIRMA, PUEDES DEJAR TU OPINIÓN Y RESPUESTA…
Hugo Luengo *
Actualiza y recrea el cine historias pasadas, que en el caso de la película del americano James Vanderbilt (1975), Núrenberg, alguna critica la ha calificado de “banal estudio del mal”. No es por ello más acertado el juicio a los regímenes totalitarios del nacionalsocialismo nazi, perdedor de la segunda guerra mundial; con más de 70 millones de muertos directos, 6 de ellos judíos en los campos de concentración y exterminio, unos 1.000 en territorios del Reich.
En la película como gran estrella Russell Crowe, Hermann Goering, el principal jerarca nazi vivo, comandante en Jefe de la Lufwaffe, luego de los suicidios de Hitler, Goebbels y Himmler El psiquiatra americano Douglas Kelley (Ramy Maleck), encargado de determinar la cordura de los reos y el riesgo de suicidio y el fiscal general Robert Jackson (Michael Sannon), quien con Nuremberg dio pie al nacimiento del “derecho internacional” donde los vencedores decidieron elegir la justicia sobre la venganza, la Corte Suprema de EEUU, contra su ejército.
Dio pie el proceso de la “Declaración Universal de los Derechos del Hombre”, aprobados en la “Asamblea General de las Naciones Unidas”, celebrada el París en 1948, iniciativa liderada por Eleanor Roosevelt (EEUU). La película en un sesgo peliculero, eleva la figura de Goering, contra el sistema legal que se ve en dificultades para cercar judicialmente los desmanes de los nazis. Cuando lo iban a colgar Hermann Goering se suicidó, con una cápsula de cianuro.
Refiero la obra de la filósofa y periodista judía-alemana, luego nacionalizada en EEUU Hanna Arendt (Alemania 1906- Nueva York 1975), con base en el juicio en Israel en 1961 donde iba enviada por la revista “The New Yorker”. ¨Luego trasladado a su obra, “Eichmann en Jerusalén: Un informe sobre la banalidad del mal” (1963).
Adolf Eichmann es el modelo, de personas aparentemente normales que cometen actos atroces sin cuestionar la moralidad. Era el responsable de la logística del holocausto, un funcionario que cumplía órdenes sin valorar las consecuencias de sus actos. Sumisos a la autoridad del estado-ejército y ajeno al bien o mal de sus actos, cuando escondía el propósito de ascender en su carrera militar.
El esquema se repite en las actuales democracias liberales, cuando se traslada el valor del bien y del mal al margen de las responsabilidades individuales. Se descargan las mismas sobre cualquier marco legal que se quiera, por lo que las leyes dejan de estar al servicio ciudadano. Al tiempo que la “banalidad del mal” del político-funcionario las ha derivado a cualquier ley o norma.
Se eleva de potencia en la España actual, cuya Constitución se desmantela ilegalmente, sin que funcionen los mecanismos de amparo, capaces de corregir las derivas del presidente y su ocupación de poderes y medios. Se nos vende como una “banalización”, cuando el estado nacional, que debe ser referente de la acción pública virtuosa se sitúa de contrario. “El Informe sobre la Democracia” (2025), de la Universidad de Goteburgo, sitúa a España entre los 20 países del mundo en peligro de Autocracia. La “banalidad del autoritarismo” en palabras de Hanna Arendt, cuando es el propio estado el agente que la debilita.
Reviste múltiples formas, aprovechando los vacíos legislativos, que en buena lógica no serían posibles, caso de la “Ley de Amnistía” que la Constitución no reguló luego de resolver la Ley de Amnistía del 77, soporte de la Constitución 78. En lo que llaman “juego constitucional duro”, se realiza un uso excesivo o inadecuado de las leyes, caso de la figura del “indulto”.
Se recurre a la aplicación selectiva de las leyes, “Ley Begoña” de protección de acciones judiciales, “Ley Bolaños” de eficiencia judicial, “Ley Falcon” de secretos oficiales. Una guerra judicial para perseguir al oponente, la “lawfare”. El efecto desprendido de esta “banalización constitucional”, es la pérdida de confianza del ciudadano en su sistema político y lo que es más grave la asunción de una cultura del todo vale, que imposibilita que el estado funcione y para todos por igual.
De manera que las prioridades se sitúan en la crisis económica, el paro, la vivienda, la inmigración y la política. Por arriba enlazadas por la natalidad, el “colapso demográfico”, que deriva el esfuerzo económico público hacia pensionistas, funcionarios y parados, que tienen la llave electoral y cierran el futuro joven cuyo mal “banalizamos”.
Hugo LUENGO BARRETO
Arquitecto y bodeguero.
Islas Canarias, 15 de diciembre de 2025



Deja una respuesta