EL MONÓLOGO / 301
Una visita, varias islas

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Por Pepe Moreno *

 

 

Sigo sin hacer el balance de lo escrito. Este es el monólogo número 301 y me voy a ocupar de otro asunto que concita hoy la actualidad; el viaje papal, otra de las promesas realizadas en pasados escritos. Por tanto, voy a desglosar el periplo que realizará, seguramente en junio, León XIV en el testigo que le dejó el Pontífice Francisco y al que sustituyó en un cónclave que puso de moda la película del mismo nombre y con un final en el que sobresalía una pregunta que todavía se hacen muchas personas. Perdonen que no siga, pero no quiero desvelar nada.

 

Poco se sabe de la visita del Santo Padre, como cuántos días estará, las islas que visitará, por dónde comenzará, si irá a El Hierro —que es por donde entran los inmigrantes—, si le dará tiempo a celebrar un encuentro de fe o si su estancia solo es para agradecer lo que hacemos las gentes de aquí.

 

Este evento es inédito porque ningún Papa había estado antes en estas islas. En los últimos años, Canarias ha enfrentado una presión migratoria constante, recibiendo a miles de personas que llegan por la ruta atlántica bajo condiciones difíciles. Además, cerca de 5.000 menores migrantes no acompañados se atienden en decenas de centros distribuidos por todo el archipiélago.

 

He oído, en los últimos días, a algunos hablar y arrimar la ascua a su sardina, mientras que los de aquí, las autoridades de Tenerife, apenas han levantado su voz para reclamar ese protagonismo.

 

Por ejemplo, el obispo de la Diócesis Canariensis, José Mazuelos, que es sevillano, nació en la localidad andaluza de Osuna en 1960, es médico antes que sacerdote, y cojo un artículo escrito por el actual director de La Provincia, Fernando Canellada, que dice que…

 

“será el anfitrión de León XIV en su visita a Gran Canaria, primera de un Papa a tierra canaria. Llegará a Gando, subirá a un helicóptero para trasladarse a La Isleta, al centro de migrantes, y después al sur de Gran Canaria para conocer la realidad de miles de africanos que arriesgaron su vida en la ruta atlántica. Después sigue a Tenerife. Mazuelos ya había logrado lo que ningún otro de sus predecesores. Hacer obispos a dos sacerdotes grancanarios. A Cristóbal Déniz, auxiliar de Canarias; y a Eloy Alberto Santiago, titular de Tenerife. Ahora lo que muy pocas diócesis españolas logran: una visita de un Papa”.

 

No añado nada. Es cita textual, publicada el 10 de enero de 2026 en el periódico al que hice referencia.

 

Esa diócesis nunca debería llevar la “s” final, debería llamarse de Canaria, pero de un tiempo a esta parte parece que no molesta la sílaba y que su responsable sea el plenipotenciario, el que nombra al resto de la cúpula sinodal, los responsables de “rebaño” del Señor en cada una de las provincias religiosas. Y si no es así, miren cómo acaba la nota de antes, la de Canellada, sobre cómo puso sobre la mesa los nombres de dos sacerdotes grancanarios para ser nominados.

 

Es más, el de Tenerife, Eloy Santiago, dice en un escrito que “desde que fue elegido el papa León XIV, el obispo de Canarias, D. José Mazuelos, su obispo auxiliar, D. Cristóbal Déniz, y un servidor, firmamos una carta invitando al Santo Padre a venir al Archipiélago. Lo hicimos, sobre todo, para dar continuidad a ese deseo del papa Francisco, de conocer la realidad de la inmigración en las Islas”.

 

Para seguir indagando en este sentido, el director de Canarias7, Francisco Suárez, escribía el pasado miércoles que “espero que los residuos del pleito insular no empañen la visita con el pulso ya existente sobre a qué isla va, dónde aterriza primero, con quién se reúne y si los migrantes los ve en un centro oficial o paseando por las calles de la ciudad, para que así calibre cómo funciona la convivencia con la sociedad que los acoge”.

 

Y las preguntas del Hermano Lobo, que es una sección que va justo debajo del artículo del director, interrogaba: “¿Está recibiendo presiones la Conferencia Episcopal para que León XIV alargue su estancia en Canarias e incluya a más islas? ¿Temen algunos que solo pise suelo grancanario?” Fin de la cita, también textual.

 

De momento, lo confirmado es que Canarias formará parte del viaje del Papa a España, junto a Madrid y Barcelona, pero no se conocen aún ni el número de días ni el itinerario exacto. Se habla de una llegada por Gran Canaria, previsiblemente a la base aérea de Gando, desde donde podría desplazarse en helicóptero para visitar distintos puntos del archipiélago. Todo está todavía en fase de preparación, coordinado directamente por la Secretaría de Estado del Vaticano, lo que explica el silencio oficial sobre muchos detalles.

 

La motivación principal de la visita es clara y ha sido reiterada tanto por la Conferencia Episcopal como por las autoridades canarias: la inmigración. Canarias se ha convertido en uno de los principales puntos de entrada a Europa por la ruta atlántica, y en ese contexto El Hierro ocupa un lugar central, no solo geográfico, sino humano.

 

Esa isla ha sido, en los últimos años, la puerta de entrada de miles de personas que llegan tras travesías extremas, y también un ejemplo de respuesta solidaria desde lo local, muchas veces sin recursos suficientes y con una presión desproporcionada para su tamaño.

 

Desde una mirada positiva, esta visita ofrece a Canarias una oportunidad poco frecuente: la de mostrarse al mundo no solo como destino turístico, sino como territorio comprometido, solidario y capaz de afrontar desafíos complejos con dignidad. El protagonismo de El Hierro en esta historia no debería entenderse como un agravio comparativo, sino como el reflejo de una realidad concreta que interpela a todos.

 

Que el Papa ponga su mirada en estas islas no es un premio ni un trofeo; es un reconocimiento a una tarea silenciosa y, al mismo tiempo, un recordatorio de que la acogida, la justicia y la cooperación siguen siendo asignaturas pendientes a escala global.

 

No obstante, conviene no perder de vista que Tenerife y su provincia corren el riesgo de quedarse al margen si la visita no se planifica con cuidado. La narrativa oficial se ha centrado más en Gran Canaria y nosotros podríamos preguntar por qué. El protagonismo de esta provincia está por ver. Nos nombran solo como destino posterior, aunque bien es cierto que los detalles de su itinerario siguen siendo vagos.

 

Aportamos mucho, tanto en términos de acogida como de visibilización de proyectos sociales y educativos vinculados a la migración, pero la presencia del Papa podría quedar reducida a un simple acto ceremonial, sin aprovechar el potencial de interacción directa con la comunidad.

 

Desde la perspectiva de quienes observan la logística y la política de la Iglesia, esto no sería un problema menor. Tenerife concentra una población significativa y cuenta con infraestructuras pastorales y civiles capaces de albergar encuentros de impacto.

 

Que quede en un segundo plano podría enviar un mensaje equivocado: que la atención y el reconocimiento se concentran solo en los territorios más mediáticos o simbólicos, dejando de lado a la comunidad que, a diario, sostiene programas de acogida y acompañamiento de migrantes. En este sentido, la planificación debe considerar no solo la geografía física, sino también la capacidad de cada isla para mostrar su respuesta solidaria y comprometida.

 

Tenerife encabeza la lista de las islas más visitadas. Su aeropuerto internacional y la amplia oferta hotelera hacen que cada año reciba millones de visitantes. Muy cerca en número de visitantes está Gran Canaria, famosa por su diversidad de paisajes: desde las dunas de Maspalomas hasta los frondosos bosques del norte. Las Palmas, su capital, es además un importante centro cultural y urbano. Con todo esto, ¿Quién se beneficia más de una entrada del Papa en esa isla?

 

Tenemos la oportunidad de demostrar que no somos secundarios en esta historia, sino un socio activo en la narrativa de Canarias solidaria. La advertencia es clara: si se deja que el protagonismo recaiga exclusivamente en unos pocos enclaves, se perderá la oportunidad de mostrar la pluralidad de esfuerzos, de voluntariado y de cooperación que caracterizan al archipiélago. Y esa pluralidad es precisamente lo que hace que Canarias merezca ser mirada con respeto, interés y, sobre todo, reconocimiento.

 

La provincia de Santa Cruz de Tenerife, en este contexto, no necesita alzar la voz para reclamar protagonismo. Ya lo tiene. Ahora toca estar a la altura: con serenidad, con unidad institucional y con la conciencia de que esta visita, más allá de su carga histórica, puede convertirse en un impulso moral y político para que la realidad migratoria deje de ser un asunto periférico y pase a ocupar el lugar central que merece. Eso, en sí mismo, ya es una buena noticia para Canarias.

 

También será determinante la actitud de las instituciones canarias en las próximas semanas. No basta con celebrar la visita o esperar a que otros decidan el recorrido: hará falta iniciativa, coordinación y una voz común que traslade al Vaticano una imagen clara de unidad territorial.

 

Tenerife y su provincia tienen argumentos de sobra para estar presentes en el relato, pero esos argumentos deben expresarse con inteligencia, sin ruido y sin caer en viejos reflejos insulares que tanto daño han hecho al Archipiélago. La ausencia de conflicto no se logra callando, sino participando activamente desde la responsabilidad.

 

Porque si algo puede aportar esta visita, más allá de lo religioso, es una lección de mirada amplia. La migración no es un fenómeno puntual ni localizado; es una realidad que atraviesa todo el territorio y que afecta a sistemas educativos, sanitarios y sociales en todas las islas. Reducirla a una postal concreta sería un error.

 

Por eso, más allá de itinerarios, aterrizajes o agendas cerradas en despachos, esta visita debería entenderse como una oportunidad compartida y no como un reparto de protagonismos. Canarias no es una isla ni una diócesis, es un conjunto diverso que ha respondido de forma solidaria a una situación excepcional.

 

El Hierro simboliza la llegada y el primer auxilio; Gran Canaria, la visibilidad; y Tenerife, la capacidad de integración, convivencia y proyección social. Dejar fuera a cualquiera de esas piezas sería empobrecer el mensaje. Si el viaje del Papa León XIV quiere ser realmente significativo, tendrá que mirar al Archipiélago en su conjunto, sin jerarquías implícitas ni silencios incómodos. Porque solo así esta visita histórica podrá leerse como lo que debería ser: un reconocimiento colectivo al esfuerzo de toda Canarias.

 

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

 

Islas Canarias, 17 de enero de 2026.

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