EL MONÓLOGO / 303
Incongruencias
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Por Pepe Moreno *
Ver la realidad que nos rodea con un solo prisma nos puede llevar a hacernos una idea equivocada de la realidad. Porque, como decía el filósofo argentino Ernesto Sábato, “las cosas que nos suceden son buenas o malas, dependiendo del prisma desde el que las miremos”. Y eso puede aplicarse a que “seamos la economía más pobre de Europa” cuando cada año batimos marcas en la llegada de turistas.
Que aquí estemos en el peor salario neto. Que, en las islas, se cobre una media de 400 euros menos de salario que el resto de España, que se sitúa en 2.268 euros, lo que nos convierte en la nómina más baja del país. En Canarias, el salario medio es de 1.891 euros al mes, y lo dice el Instituto Nacional de Estadística para el tercer trimestre del 2025, que fue hace solo 31 días que acabó.
Mientras tanto, Canarias sigue batiendo récords turísticos año tras año. Llegan más visitantes que nunca y el gasto turístico alcanza cifras históricas, hasta situarnos entre las comunidades con mayor volumen de ingresos por este concepto. El turismo representa ya más de un tercio del producto interior bruto del archipiélago. Sin embargo, esa foto macroeconómica tan celebrada no termina de reflejarse en la vida cotidiana de la mayoría de los canarios. Porque una economía puede crecer, incluso a gran velocidad, sin que eso implique necesariamente una mejora real del bienestar colectivo.
El PIB de Canarias en 2024 se situó en aproximadamente 58.145 millones de euros, consolidándose como la octava economía de España por volumen, con un crecimiento destacado del 8 % nominal. Nuestro sector turístico representa casi el 37 % del PIB regional. La economía canaria mostraba una notable recuperación, alcanzando máximos históricos en su valor nominal, con un crecimiento de la productividad sin destrucción de empleo.
Ahí es donde el prisma vuelve a distorsionar la realidad. A la vez que se anuncian récords de facturación turística, Canarias sigue encabezando las clasificaciones de salarios más bajos del país y presenta elevados índices de precariedad laboral. El empleo generado es, en muchos casos, estacional, mal remunerado y con escaso margen de progresión.
Lo que no nos impide ir a una región marroquí, la de Souss Massa, firmar una serie de acuerdos de colaboración en los ámbitos empresarial, comercial, de innovación, académico y deportivo y un memorando entre ambas regiones atlánticas que afianzaban “una relación basada en la buena vecindad, la cooperación institucional y el interés común”.
¡Toma ya!, como diría un mago del campo. Todos esos convenios con una región que nos gana en población, porque tiene más de dos millones y medio de habitantes, en concreto 2.676.847, que viven, en una gran mayoría, de la agricultura, y esto sirve para una gran integración de su población local.
He consultado algunas páginas web de esa región y tienen una gran red agrícola del país con un PIB regional del 17,3 % y un PIB nacional del 9 % y un total de 451.165 hectáreas de tierra cultivada. Y nosotros, los canarios, hemos ido allí para asesorarles y para aconsejarles cómo tienen que hacer las cosas, cuando aquí tenemos la casa sin barrer.
Pedro Ortega, que es el presidente de la Confederación Canaria de Empresarios, valoraba el viaje a esa región marroquí como una misión comercial orientada a resultados concretos. ¡Y tanto, don Pedro! Porque esa expedición tenía un objetivo claro: identificar oportunidades reales de negocio en una región cercana, complementaria y con retos compartidos.
En la misión participaron sectores como agroalimentación, agricultura, logística, reparación naval y turismo. Ortega indicaba que la economía canaria impulsa a las empresas a diversificarse y buscar mercados cercanos. Es por eso por lo que los que fueron a ese viaje a Souss-Massa, cuya capital es Agadir, lo hicieron, porque es ahí donde se juegan los cuartos, ya que se perfila como una región en expansión con intereses comunes.
Quienes participaron en el viaje presidencial destacan la transformación de Agadir en la última década, especialmente en lo económico y empresarial. Pedro Ortega y otros ven oportunidades claras para colaborar y crear actividad sostenible y puso el acento en el valor de la colaboración público-privada. Es decir, que el dinero oficial ha hecho su trabajo y serán ahora los empresarios los que lo terminen.
¿Serán los financieros canarios los que ayuden a que todo eso tenga un buen término? Ni usted que me lee ni yo que lo escribo pondremos nuestras perras en ese lugar, entre otras cosas porque no la tenemos.
Ortega responde a las críticas sobre el viaje defendiendo que la iniciativa concuerda con la historia de Canarias como puente entre Europa, África y América. Según él, este papel solo puede desempeñarse si se mira directamente a los tres continentes y se establecen relaciones igualitarias, especialmente con el entorno africano cercano, empezando por Marruecos y sostiene que la controversia aleja la atención de lo importante: generar actividad económica y crear oportunidades laborales.
Pero estamos hablando de una región que puede ser competitiva con la nuestra y además con perras europeas. Decía el presidente de la Confederación Canaria de Empresarios que cooperar con África significa una oportunidad, no una amenaza y que la colaboración demanda esfuerzo y estrategia, lo que puede posicionar a Canarias como nodo económico atlántico. ¡Qué bonitas palabras! El papel y las ondas radiofónicas lo aguantan todo. Sin embargo, persisten tensiones políticas y comerciales, y el paso entre Ceuta y Marruecos sigue cerrado pese a varias cumbres diplomáticas.
En 2024, Canarias alcanzó un récord turístico al recibir un total de 17.767.833 visitantes, lo que supone un incremento del 9,60 % respecto a 2023, mientras Marruecos recibió un total de 17,4 millones de turistas, lo que lo convierte en el país más visitado de África. Claro que no tienen la seguridad sanitaria que tenemos aquí, pero actuaciones como las que acabamos de hacer les dan parte de esos signos que ahora no tienen.
Recordemos que en octubre de 2024 ya Fernando Clavijo viajaba hasta Rabat para abordar con el ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Nasser Bourita, la crisis migratoria y, concretamente, el problema con los menores. En aquella ocasión, ambos dirigentes acordaron abrir un espacio de trabajo conjunto entre Marruecos y España para que los niños que habían llegado hasta el archipiélago pudieran regresar a sus hogares. Sin embargo, era el propio ministro marroquí el que ponía las cosas en su sitio, porque las complicaciones para su repatriación no estaban solo en Rabat, sino en “algunas leyes y en los trámites” de esos países.
Esta era una cuestión que no es nueva para el país africano; el responsable de Exteriores recordó que en el pasado ya se ha tratado con Francia y España la posibilidad de retornar a los jóvenes marroquíes. “Tenemos que encontrar soluciones para esas lagunas en las leyes”, aseveró Bourita, quien recordó que la emigración es una “responsabilidad compartida” entre los países de origen, de tránsito y de acogida.
¿Y se hizo algo con todo eso? Nada de nada, y han pasado los meses y han surgido varios imponderables que nadie ha podido solucionar. El problema no es mirar a África, ni tender la mano al sur; el problema es hacerlo sin haber resuelto antes las urgencias de casa.
No deja de ser llamativo que se hable de cooperación, innovación y desarrollo compartido cuando aquí seguimos debatiendo cómo subir salarios que no alcanzan, cómo modernizar infraestructuras básicas o cómo evitar que el crecimiento económico se quede siempre en la misma parte de la cadena. Canarias actúa como asesor externo, como puente estratégico y como socio confiable, pero internamente continúa atrapada en un modelo que genera riqueza sin repartirla.
Quizá el error no esté en los viajes ni en los acuerdos, sino en el orden de las prioridades. Porque da la sensación de que proyectamos hacia fuera una fortaleza que aún no hemos consolidado hacia dentro. Con autopistas colapsadas, con una sanidad que entonga a los pacientes en unos pasillos de urgencias, en las que no encontramos un techo en el que vivir… y así podríamos seguir.
Queremos ser nodo atlántico, plataforma logística, referencia turística y enlace con África, pero seguimos sin resolver cuestiones estructurales que condicionan cualquier aspiración de liderazgo, como las antes mencionadas, y que lastran nuestro bienestar social.
Y aquí vuelve a aparecer el prisma. Desde uno, Canarias es una comunidad moderna, abierta al mundo, que coopera y firma acuerdos internacionales. Desde otro, es un territorio donde trabajar no garantiza vivir con dignidad y donde los récords conviven con la precariedad. Ambas realidades son ciertas, aunque no siempre se miren simultáneamente.
Tal vez el reto no sea elegir entre mirar dentro o mirar fuera, sino aprender a hacer ambas cosas a la vez. No estoy en contra de los convenios firmados. Cooperar con África, sí, pero sin olvidar que el primer acuerdo pendiente sigue siendo con los propios canarios. Porque ningún memorando internacional compensará una nómina insuficiente, ni ningún viaje institucional resolverá por sí solo lo que llevamos años posponiendo.
Nuestro archipiélago tiene motivos para mirar al mundo con ambición, pero también la responsabilidad de que ese impulso se note aquí. Cooperar, viajar y firmar acuerdos es necesario si se traduce en oportunidades reales para la gente, en empleo de calidad y en una mejor redistribución de la riqueza que ya se genera. El crecimiento está ahí; ahora el reto es ordenarlo, hacerlo más justo y convertirlo en bienestar compartido. Ese es el paso decisivo para que Canarias no solo crezca, sino que avance.
Y mientras eso no cambie, seguiremos celebrando cifras desde un prisma… que no termina de enfocar a quienes sostienen el sistema cada día.
* José MORENO GARCÍA
Periodista.
Analista de la actualidad.
Islas Canarias, 31 de enero de 2026.



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