EL MONÓLOGO / 316
La distancia que cuenta
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Por Pepe Moreno *
Primero quiero expresar el profundo dolor que siento por la pérdida de un maestro de esto de la radio. La marcha de José Antonio Pardellas es algo que a todos nos deja un poco tocados. Se ha ido un grande de los medios, que supo crecerse con cada prueba de la vida, y lo lamentamos. Supo hacerse grande cuando los demás no lo consideraron así.
Era ilegal, con su emisora, hasta que, a otros, sin otras indicaciones de canariedad sacaron más licencias. Nunca le gustó no tener el título habilitante de Radio Isla, por eso después del concurso y cuando comprobó que otras cosas habían primado para salir triunfadores en ese concurso se fue.
Se ha ido un grande, el que inventó frases a decir que luego se han convertido en latiguillos. Se fue y nadie sabe cómo ha sido. Ha dejado un legado de unos hijos ir saben lo que es esto de la profesión. La prudencia y la forma de contar las cosas es una virtud que en el apellido Pardellas se aprecia. Y todos lo saben. Qué pena y que dolor. Hablare de todo esto en un próximo artículo, si ustedes me lo permiten.
Y luego está lo vivido ayer en el estadio Heliodoro Rodríguez López que fue mucho. Les remito a las crónicas, fundamentalmente para no repetirme. Lo que pasa es que no se me quita de la cabeza es que si subir de una categoría de bronce, que no tiene ese apellido de “profesional” a la segunda, que es la de plata, tenía que ser así. Y además estaba lo de las celebraciones de ayer y lo de las instituciones, que esperaban a los integrantes de una plantilla como si ellos hubieran metido los dos goles y fueran los protagonistas.
Guaguas de dos pisos, baño de multitudes que estaban encantados con unos futbolistas que el año pasado nos bajaron de categoría, cánticos alusivos a una gesta, recibimientos en palacios insulares… y un sinfín de cosas que estaban bien, pero que a mí podría parecerme excesivo.
Es lógico que haya un momento para celebrarlo, pero también invita a una reflexión sobre la escala de lo que se celebra. ¿Cuánto tiempo estará el CD Tenerife en la Segunda División? ¿Será para siempre, o para mucho tiempo? Nunca la sabremos y menos a priori, pero deberíamos ser más contenidos a la hora de estas celebraciones.
Por eso hoy quiero escribir de otras cosas, a lo mejor no tan trascendentales, pero a los que viven de sus cargos les va la vida en ello. Tienen un acta y parece que tienen un logro que han conseguido por sus méritos.
Hablando el otro día con el director de esta plataforma, José Carlos Marrero, especulábamos sobre quién podría encabezar las listas de 2027 en el ámbito regional, insular y municipal. Había más intuición que certezas en un escenario para el que todavía queda, como mínimo, un año.
Y, sin embargo, el tablero ya no está en blanco. Más bien al contrario: hay nombres que parecen escritos a lápiz grueso y otros que apenas se insinúan con trazo fino. La política tiene esa capacidad de adelantarse a los tiempos oficiales, de empezar las partidas antes de que nadie haya dado la salida.
En el ámbito regional, cuesta imaginar a Fernando Clavijo dando un paso atrás si las encuestas le siguen siendo favorables. No solo gobierna, sino que los sondeos apuntan a que la suma de Coalición Canaria y el Partido Popular podría repetir mayoría. En política, cuando el viento sopla a favor, lo extraño no es repetir, sino apartarse.
En el otro lado, Ángel Víctor Torres no ha cerrado la puerta a volver a intentarlo. Sin embargo, su futuro no depende únicamente de su voluntad ni del respaldo interno. Hay factores externos, también judiciales, que pueden condicionar ese escenario. Y ahí aparece una constante de la política canaria: se puede ganar y no gobernar. Ha pasado antes y puede volver a pasar.
Mientras tanto, el resto del tablero se mueve con más incertidumbre que certezas. El crecimiento de Vox puede alterar equilibrios tradicionales, y la izquierda, a la siniestra del PSOE, sigue debatiéndose entre la unidad o la irrelevancia. Si concurren separados, el resultado será discreto; si logran confluir, pueden tener otra lectura.
Canarias lleva años funcionando como un sistema político donde las mayorías absolutas son una rareza y los pactos, una obligación. Eso no es nuevo, pero sí cada vez más determinante. Gobernar ya no es solo ganar, sino saber con quién y a qué precio. Y ahí es donde muchos proyectos se diluyen: en la negociación posterior, no en la campaña previa.
Porque una cosa es lo que se promete en los mítines y otra distinta lo que se firma en los despachos. Y entre una y otra se abre una distancia que alimenta buena parte de la desconfianza política.
No obstante, donde realmente se decide buena parte del poder en Canarias es en lo insular y en lo municipal. Ahí las reglas cambian. O, mejor dicho, se hacen más visibles: pesa más la persona que la sigla. Y eso introduce un factor de imprevisibilidad que desmonta cualquier análisis hecho desde la distancia.
En Gran Canaria, las incógnitas son evidentes. El papel de Teodoro Sosa, vicepresidente del Cabildo de aquella isla y alcalde de Gáldar, que en este momento se debate en los equilibrios dentro de Coalición Canaria. Los movimientos de Onalia Bueno, actual alcaldesa de Mogán y que se creía que era la representante de CC en su isla. Incluso es de analizar la capacidad de articulación de proyectos como Primero Canarias que actualmente dibujan un escenario abierto. ¿Convergencia o fragmentación? ¿Bloques estables o liderazgos individuales? Son preguntas que hoy no tienen respuesta.
En Santa Cruz de Tenerife, el escenario apunta a fragmentación. Coalición Canaria parte con ventaja, el PSOE resiste y el Partido Popular crece. Eso obliga a pensar en pactos posteriores, donde la suma entre nacionalistas y populares aparece como opción más probable. Mientras tanto, figuras como José Manuel Bermúdez consolidan su posición, Patricia Hernández aguanta y Carlos Tarife sigue en progresión. Lo que pasa es que, este último no tiene claro que va a ser el candidato y en el PP están desojando la margarita.
En La Laguna, el comportamiento electoral vuelve a confirmar una tendencia conocida: la personalización del voto. Luis Yeray Gutiérrez mantiene una marca propia que resiste mejor que la de su partido. Puede haber desgaste en la sigla, pero no necesariamente en la figura.
La clave allí no será tanto quién gana, sino quién suma. En un escenario fragmentado, donde el Partido Popular aspira a crecer sin un liderazgo claro y Coalición Canaria busca mantenerse, la aritmética posterior será determinante. La ciudad de los Adelantados se está convirtiendo en un ejemplo claro de esa “presidencialización municipal” en la que el candidato pesa más que el partido.
Y este fenómeno no se aísla. Se repite en otros municipios del norte de Tenerife y también en el sur, donde plazas como Arona o Granadilla siguen abiertas a cambios que dependen más de nombres que de estructuras.
Eso responde a una transformación más amplia en la forma de votar. El elector es cada vez menos fiel a las siglas y más exigente con las personas. Penaliza antes y premia menos, pero sobre todo decide en función de la percepción directa de gestión, no del discurso ideológico.
Por eso, más que adivinar candidatos, quizá lo relevante sea observar los movimientos. Quién se deja ver, quién calla, quién empieza a ocupar espacio. En política, las señales rara vez son casuales.
Porque mientras se construyen listas, se negocian equilibrios internos y se perfilan candidaturas, fuera de ese circuito la realidad sigue otro ritmo. Uno menos previsible y bastante más exigente.
En las últimas semanas hemos hablado de la guerra y de su impacto en los precios de los combustibles, de una economía que no termina de trasladar sus cifras a la vida cotidiana, de gobiernos —el nacional y el canario— que reaccionan más de lo que anticipan. También de la vivienda, prácticamente inaccesible para buena parte de la población, y de unos salarios que llevan décadas perdiendo capacidad real.
En paralelo, la vivienda se ha convertido en un problema estructural, no coyuntural. Ya no se trata solo de precios altos, sino de falta de oferta real. Y cuando algo básico como el acceso a una casa se convierte en una carrera imposible, el malestar deja de ser puntual para volverse permanente.
Por eso el motivo de la manifestación de ayer de los sindicatos, aparte de las reivindicaciones propias de la fecha, era la de un lugar digno en el que vivir. A eso se suma una evolución salarial que no acompaña. Durante años se ha hablado de crecimiento y recuperación, pero la percepción social no acompasa esos datos. Y esa distancia entre cifras y realidad erosiona cualquier relato político.
No se trata de restar valor al logro, sino de entender el momento. Cuando las alegrías escasean, cualquier éxito se amplifica. Se convierte en algo más que lo que es: una válvula de escape. Y ahí aparece el verdadero fondo de la cuestión.
Porque quizá el problema no sea que celebremos demasiado, sino que tenemos poco que celebrar. Cuando la política no ilusiona, la economía aprieta y el día a día se vuelve cuesta arriba, cualquier motivo sirve para llenar ese vacío. Pero eso no resuelve nada.
De aquí a 2027 veremos nombres, pactos y estrategias. Habrá movimientos, cálculos y más de un cambio de guion. Pero el resultado no se decidirá solo en los despachos ni en las sedes de los partidos. Se decidirá fuera.
En la percepción de una sociedad que hace sus propias cuentas —las de verdad— como cuánto cuesta vivir, o alquilar, e incluso llegar a fin de mes. Y en ese cálculo no entran ni pactos ni equilibrios internos.
El día que esa distancia pese más que cualquier sigla, más de uno descubrirá que no bastaba con estar en la lista. En esa jornada no habrá relato que lo disimule.
* José MORENO GARCÍA
Periodista.
Analista de la actualidad.
Islas Canarias, 2 de mayo de 2026.



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