EL MONÓLOGO / 317
Dos tipos de muelles

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Por Pepe Moreno *

 

 

Trato en estos monólogos de crear una conciencia crítica sobre lo que nos dicen nuestras autoridades, ya sean políticas, funcionariales o incluso sociales, que son las que deberían dar ejemplo. Y no me equivoqué. Decía George Orwell que “en tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”, y pocas frases resultan hoy tan pertinentes.

 

Por ejemplo, con el viaje del Papa a Canarias. En la nota de prensa dada a conocer el pasado miércoles se decía, textualmente, que “en la mañana del jueves 11 de junio, por primera vez en la historia, un Papa visitará el archipiélago, haciendo suyo el deseo de su antecesor, el Papa Francisco. El Pontífice aterrizará en la base aérea de Gran Canaria/Gando, desde donde acudirá al Puerto de Arguineguín para conocer de primera mano las realidades de acogida a los migrantes”. ¿Se dan cuenta?

 

Irá a un sitio que, gracias a Dios, hace meses que no llega ningún inmigrante y que, en el pasado, hace mucho tiempo, allá por el 2020, se convirtió en el muelle de la vergüenza. Fueron unos días largos y frenéticos de coordinación entre Policía Nacional, Cruz Roja y la Secretaría de Estado de Migraciones para acelerar el traslado de las más de 600 personas que aún pernoctaban sobre el asfalto.

 

Bueno, pues el día 11 de junio, el Papa León XIV irá a ese lugar. Y yo decía en el monólogo número 307, en febrero de este mismo año, que “está previsto que vayan al muelle de Arguineguín para conocer de primera mano la realidad migratoria del archipiélago, aunque allí haga meses que no llega ningún cayuco. Es un lugar en el que incluso ya nadie se acuerda cuando era una instalación que había que ir dotando porque era de vergüenza. Eran los tiempos de José Segura como delegado del Gobierno, que se las veía y se las deseaba porque nadie le podía dar lo que pedía para los que llegaban a Canarias”. Ni un solo ápice he de cambiar, porque el tiempo, que pone a cada uno en su lugar, me ha venido a dar la razón. El muelle está hoy vacío, pero no importa, irá.

 

Dicen además que no irá a El Hierro por motivos de seguridad. Curiosa seguridad: la de evitar la realidad y escoger un decorado más conveniente. Allí sí están los dispositivos, las llegadas, la urgencia diaria y unas infraestructuras que van siempre por detrás de los acontecimientos. Justo lo que no se quiere mostrar cuando se prepara una visita de este tipo.

 

Sigue la nota informativa que “tras esto, se encontrará en la Catedral de Santa Ana con los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y agentes de pastoral de la diócesis. Por la tarde, la jornada culminará con la celebración de la Santa Misa presidida por León XIV en el Estadio de Gran Canaria”. Nada más que añadir.

 

Según los últimos datos del Ministerio del Interior, la ruta canaria sigue siendo una de las más activas y peligrosas del mundo, con miles de personas intentando alcanzar las islas en lo que va de año. Las cifras cambian, pero la tendencia no: el problema no desaparece, simplemente se desplaza en el mapa de los discursos: el foco institucional parece más interesado en construir una historia que en mostrar la fotografía completa.

 

Porque al final de lo que se trata es de eso: de relato. De elegir escenario, de medir encuadres y de evitar incomodidades. Mientras unos espacios se convierten en escaparates de lo que fue, otros se quedan con lo que es. Y entre ambos, la realidad sigue su curso, ajena a la escenografía.

 

En Tenerife estará seis horas el viernes día 12 de junio, en una visita que pondrá el broche final a su viaje oficial a España y que combinará actos religiosos, encuentros sociales y recorridos multitudinarios por la isla. Estará, como dije en El Monólogo 301 y que se titulaba “Una visita, varias islas” —y perdón por auto citarme—, en el que decía que “la provincia de Santa Cruz de Tenerife, en este contexto, no necesita alzar la voz para reclamar protagonismo. Ya lo tiene. Ahora toca estar a la altura: con serenidad, con unidad institucional y con la conciencia de que esta visita, más allá de su carga histórica, puede convertirse en un impulso moral y político para que la realidad migratoria deje de ser un asunto periférico y pase a ocupar el lugar central que merece. Eso, en sí mismo —la visita del Papa— ya es una buena noticia para Canarias”.

 

El programa previsto incluirá una parada en el campamento de migrantes de Las Raíces, donde el pontífice conocerá de primera mano la situación de las personas acogidas en este recurso. Posteriormente, mantendrá un encuentro con colectivos y organizaciones sociales en la plaza del Cristo de La Laguna.

 

La jornada culminará con una gran eucaristía en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, un acto para el que se espera la asistencia de unas 50.000 personas y que se perfila como el evento central de la visita papal en Canarias.

 

El obispo de la Diócesis Nivariense, Eloy Santiago, avanzó además que León XIV realizará un breve recorrido por el casco histórico lagunero a bordo de un pequeño vehículo eléctrico. Durante ese trayecto saludará a usuarios de residencias de mayores y recorrerá varios puntos emblemáticos de la ciudad antes de desplazarse a la capital tinerfeña.

 

La agenda también contempla un baño de masas en las calles de Santa Cruz, donde el pontífice recorrerá parte de la ciudad en el tradicional ‘papamóvil’ ante miles de fieles y curiosos. Pasará la noche en Gran Canaria y en Tenerife hay un “Plan B” por si hay neblina en Los Rodeos. Nadie ha reivindicado nada, por lo tanto, nada que añadir o decir.

 

En el otro muelle, el de Granadilla de Abona, tenemos la crisis del hantavirus. Un virus de procedencia animal que contagia puntualmente a humanos. Una transmisión entre personas que nos dicen que es improbable y que, sin embargo, parece haber sucedido en un grupo cerrado. Un crucero con enfermos y víctimas mortales que toca a la puerta de Canarias.

 

El hantavirus es un patógeno que normalmente afecta a ratas o ratones, pero puede transmitirse a humanos por contacto directo con excrementos o saliva. ¿Fue esto lo que ocurrió? Planteo esta pregunta porque resulta ilógico asociar un “crucero de lujo” con la presencia de ratas, ya que son conceptos incompatibles. Hasta ahora se han identificado siete casos: tres personas fallecieron, hay un paciente en estado crítico y al menos tres presentan síntomas leves.

 

Lo que pasa es que hemos quedado como unos insolidarios, por aquello de las cuestiones políticas, del miedo, de los mensajes contradictorios y de otra forma de ver quiénes son los que acogen a los tripulantes y pasajeros de ese barco. No es que estemos en contra, pero no han sido claros en el riesgo.

 

Comprendo al presidente del Gobierno canario, Fernando Clavijo, a la hora de pedir explicaciones y a la ciudadanía que no entiende por qué viene ese barco, habiendo otros puertos en su camino. O a otros países que no han sabido explicar por qué denegaban el aterrizaje de ciertas aeronaves con enfermos a bordo. Sin embargo, la fortaleza de nuestra sanidad no ha quedado bien. Hicieron además una campaña del turismo sanitario, pero ahora estamos quedando mal, y con una visita papal en ciernes.

 

Aquí es donde ambos mundos se tocan sin quererlo. Porque tanto en la visita papal como en el crucero del hantavirus, lo que vemos es el mismo reflejo: la dificultad creciente de encajar la realidad dentro de un relato ordenado. En un caso, se seleccionan muelles vacíos y recorridos medidos al milímetro; en el otro, se minimizan riesgos, se suavizan términos y se confía en que la palabra “bajo” funcione como antídoto. Pero la realidad no respeta guiones.

 

Lo curioso es que vivimos en una época obsesionada con la higiene, los geles hidroalcohólicos y las etiquetas ecológicas, pero luego aparecen estas noticias y nos recuerdan que la realidad a menudo encuentra la manera de colarse por la puerta de servicio. Igual que pasa con algunas administraciones: mucho brillo en la presentación, muchas ruedas de prensa y muchas infografías a color, hasta que alguien levanta una tapa y descubre que debajo sigue correteando el problema de siempre.

 

El Papa recorrerá escenarios cuidadosamente elegidos de la misma forma que el crucero ha terminado convertido en escenario involuntario de una crisis sanitaria. Uno busca la imagen perfecta; el otro rompe cualquier intento de control narrativo. Y entre ambos, Canarias vuelve a ser fondo de escena: unas veces como símbolo de acogida, otras como punto de llegada de lo inesperado, casi siempre como territorio donde lo que se planifica y lo que ocurre rara vez coinciden.

 

Es ahí donde todo se resume. Porque cuando el relato se impone a la realidad, no es la realidad la que desaparece, sino la credibilidad del relato. Y entonces da igual cuántos actos se organicen, cuántas notas de prensa se redacten o cuántas veces se repita que todo está bajo control: siempre habrá un muelle que no encaja, un barco que no estaba previsto o una verdad que se cuela por donde nadie miraba.

 

Y al final, por mucho que se maquille el escenario, la realidad acaba entrando igual, sin invitación y sin pedir permiso. Y entonces ya no valen los muelles vacíos elegidos a conveniencia en una isla por encima de las demás, ni los cruceros convertidos en metáfora incómoda de lo que nadie quiere gestionar en voz alta. Porque una cosa es ordenar el relato y otra muy distinta es controlar lo que pasa. Y cuando las dos cosas chocan, siempre pierde el mismo: la credibilidad de quienes siguen empeñados en que basta con cambiar el decorado para que la función no se les caiga encima.

 

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

 

Islas Canarias, 9 de mayo de 2026.

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