Los embajadores de Marca Ejército

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Una contribución del Ejército de Tierra a la Cultura de Seguridad y Defensa Nacional

 

 

Por Amador Enseñat y Berea *

 

 

La suspensión, el 31 de diciembre de 2001, de la prestación del servicio militar, o servicio militar obligatorio, trajo consigo, entre muchos beneficios, algunos “daños colaterales” o “efectos adversos”. Entre ellos, especialmente en un primer momento, el debilitamiento del vínculo entre la sociedad y la defensa y, en particular, entre la sociedad y sus Ejércitos.

 

Desde ese momento, el fortalecimiento de la conciencia de defensa nacional de nuestros conciudadanos que ya había sido incluida en la Directiva de Defensa Nacional 1/1992, adquirió, si cabe, mayor relevancia. La suspensión del servicio militar obligatorio no alteraba ni el contenido ni la vigencia del artículo 30 de nuestra Constitución que, en su apartado 1 recoge que “todos los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España”.

 

Incluso con anterioridad a la profesionalización de las Fuerzas Armadas, la Directiva de Defensa Nacional (DDN) 1/1992 ya había identificado la necesidad de la vinculación y participación del pueblo español en la defensa nacional, así como de la unión entre la sociedad y sus Fuerzas Armadas.

 

La DDN 1/1996, conocida como la “directiva de la profesionalización”, concretó esa necesidad, pretendiendo conseguir que la sociedad española comprendiese, apoyase y participase con mayor intensidad en la tarea de mantener un dispositivo de defensa.

 

La DDN 1/2000 se puso como objetivo fomentar la conciencia de defensa nacional en la sociedad española a través de la cultura de defensa, de manera que percibiese como propias las cuestiones relacionadas con su seguridad, su libertad y la defensa de sus intereses.

 

La DDN 1/2004 buscó elevar el nivel de cultura sobre seguridad y defensa en la sociedad española, impulsando la difusión del papel y de la necesidad de la defensa, con el fin de favorecer una mayor implicación de la sociedad.

 

La DDN 1/2008, persiguió fomentar y promover la cultura de seguridad y defensa en la sociedad, propiciar un mayor conocimiento del papel que nuestra Constitución otorga a las Fuerzas Armadas y promover el más amplio apoyo de los ciudadanos a sus Ejércitos.

 

La DDN 1/2012 incluyó entre sus objetivos acentuar el esfuerzo en el desarrollo de una comunicación estratégica de la defensa con la finalidad de fomentar una conciencia de defensa de España y, en más profundidad, una cultura de defensa.

 

Por último, la DDN 1/2020, actualmente en vigor, considera que acercar la defensa a los ciudadanos es parte esencial de la cultura de seguridad nacional, como instrumento para lograr una sociedad comprometida y parte activa de su seguridad.

 

Como puede deducirse, las Directivas de Defensa Nacional incrementaron progresivamente su ámbito de actuación pasando de la “conciencia a la cultura”, así como su objeto, pasando de la “defensa a la seguridad y defensa”, buscando el compromiso, el respaldo y la participación activa de la ciudadanía.

 

El Ministerio de Defensa y las Fuerzas Armadas, en particular, llevan a cabo muchas actividades para acercar lo militar a la sociedad civil y facilitar el compromiso de los ciudadanos con la defensa de la Patria.

 

Ese compromiso se manifiesta principalmente en las llamadas “Juras de Bandera para civiles” en las que los españoles que así lo deseen y lo soliciten pueden prestar juramento o promesa de “guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, con lealtad al Rey y, si preciso fuera, entregar su vida en defensa de España”.

 

Otras actividades como comunicación pública en medios y redes sociales, desfiles terrestres y aéreos, paradas navales, jornadas de puertas abiertas en bases, acuartelamientos y buques, izados de bandera, exposiciones estáticas y dinámicas, conferencias y otras actividades culturales, conciertos, participación en manifestaciones sociales y religiosas de carácter tradicional, actos de aniversario y celebración de festividades de santos patrones, etc. sirven también para reforzar la vinculación entre las Fuerzas Armadas y nuestra sociedad.

 

Una forma notable de manifestar esa vinculación es adquiriendo la condición de “reservista voluntario”. La figura del “reservista voluntario” fue creada por la Ley 17/1999, de 18 de mayo, de régimen de personal de las Fuerzas Armadas, y se consolidó por la Ley 39/2007, de 189 de noviembre, de la carrera militar.

 

Los reservistas voluntarios, una de las tres formas de reservistas, favorecen la implicación de la sociedad con las Fuerzas Armadas y la participación de los ciudadanos que así lo deseen y obtengan las plazas que se convocan regularmente, asumiendo voluntaria y temporalmente obligaciones militares conforme al artículo 30.2 de la Constitución.

 

El Ejército de Tierra no es ni quiere ser una institución cerrada, ni siquiera diferente. Pretende ser una institución completamente abierta a la sociedad de la que forma parte y a la que sirve. Nuestro lema es “la fuerza de los valores”, un lema, que lejos de distinguirnos, nos une a nuestros conciudadanos.

 

Somos conscientes que “la fuerza de los valores” no es un acta notarial de la realidad, sino una finalidad que queremos alcanzar; no es la situación actual, sino un estado final deseado. Pensamos que no se trata de “valores militares”, sino de “valores cívicos” que compartimos con el resto de la sociedad.

 

Nuestros valores: el amor a la Patria, el compañerismo, la disciplina, la ejemplaridad, el espíritu de sacrificio, la vocación de servicio, la excelencia profesional, el honor, la lealtad, el sentido del deber y el valor no son, ni pueden ser, patrimonio exclusivo de los militares ni, por supuesto, de los miembros del Ejército de Tierra.

 

Nosotros no ponemos el énfasis en la exclusividad, sino en la exigencia. Consideramos “valores militares” porque son una exigencia para todos los que llevamos uniforme y tenemos en depósito las armas de la Nación. Tampoco son valores ideales ni abstracciones sentimentales; han de demostrarse en el día a día. Me gusta decir que los que hemos comprometido la sangre, no podemos escatimar el sudor. Y que el amor a la Patria ha de tener su plasmación práctica en el exacto cumplimiento de nuestros cometidos diarios.

 

El Ejército de Tierra instituyó en 2020 la figura de “Embajador de Marca Ejército”. Contra lo que pueda parecer, no se trata de un reconocimiento, es un compromiso; no es un privilegio, es un servicio. Una obligación que los Embajadores aceptan consciente y voluntariamente, sin derecho a premio ni a recompensa: ser un vínculo de la sociedad con su Ejército; ser un vínculo del Ejército con su sociedad.

 

Dos son los cometidos principales de los Embajadores. En primer lugar, transmitir los valores que pretendemos alcanzar, y que para nosotros han de ser una exigencia, al resto de los españoles, con la finalidad que no se debilite su compromiso con la defensa de España. Ese compromiso pasa por ser cada día mejores ciudadanos, cumpliendo los deberes y obligaciones encomendadas por la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico.

 

El segundo es ayudarnos, a través de su ejemplo y modelo de ciudadanía, a que nosotros seamos mejores militares, que pasa por ser mejores ciudadanos, a que reforcemos los valores que nos animan a cumplir mejor con nuestro servicio a España y a los españoles, a que la “Fuerza de los Valores” no sea sólo un lema pretencioso, sino una vibrante realidad.

 

Los Embajadores de Marca Ejército reciben el cariño, el agradecimiento y el respeto por parte de los miembros del Ejército de Tierra. Suelen sentirse agradecidos, pero los agradecidos somos nosotros, porque su ejemplo nos permite crecer como personas, ciudadanos y soldados y, lo que es más importante, sentirnos en nuestro trabajo diario cercanos a la sociedad y que la sociedad sea consciente que unos servidores públicos, miembros del Ejército de Tierra, se afanan diariamente en el cumplimiento de nuestra misión: prepararse para garantizar la seguridad y defensa de España y de los españoles y contribuir a las de nuestros aliados y a la paz y la estabilidad internacional. Los Embajadores de Marca Ejército son, sin duda alguna, una excelente contribución del Ejército de Tierra a la cultura de seguridad y defensa nacional.

 

 

*  Amador ENSEÑAT y BEREA

General de Ejército

Jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra

Ingresó en la Academia General Militar en 1978 y en julio de 1983 fue promovido al empleo de teniente de Artillería, siendo el Nº1 de la 38ª Promoción

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid (UCM)

Máster en Relaciones Internacionales por el Instituto Universitario Ortega y Gasset.

Máster en Seguridad y Defensa por la Universidad Complutense de Madrid (UCM)

Diplomado de Estado Mayor y tiene diversos cursos militares.

Uno de sus primeros destinos fue en la Casa de Su Majestad el Rey.

 

 

Santa Cruz de Tenerife, 24 de junio de 2026

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