VISIONES ATLÁNTICAS / 305
Reconocernos en Europa

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Hugo Luengo *

 

 

El gran problema de Europa es de identidad. Dice la historiadora Geraldine Schwarz (Estrasburgo, 1974), los jóvenes saben identificar aquello que rechazan, pero son incapaces de identificar lo que defienden. Paradoja que explica la crisis de Europa, sabemos lo que no queremos, pero no lo que queremos.

 

El recuerdo del siglo XX, no es suficiente para mantener unida a Europa. Cuya identidad construimos alrededor de negar los fantasmas, la guerra, el fascismo y los totalitarismos. Pasado que no han vivido ni comparten las presentes generaciones.

 

Para Schwarz vivimos en una Europa “postantifascista”, donde los jóvenes son ajenos a esta realidad. Necesitan nueva inspiración cuyo relato histórico no es lineal y está lleno de contradicciones. Europa exige actualizar sus valores de referencia, el cristianismo, el capitalismo, la libertad y la ciencia.

 

Asumir las diferencias de una historia común, más antigua que las actuales fronteras nacionales. Hogar elegido heredado de una historia compartida, no exclusivamente cristiana, si bien durante siglos conformó instituciones, educación, valores y la cultura cristiana del continente.

 

Charles Murray en “Tomarse la religión en serio” (2026) revela la recuperación en Europa de los valores de su identidad, más allá de su fe. Hasta los “agnósticos cristianos”, sostienen su identidad en los valores de su cultura, superando la vieja disputa entre razón y fe.

 

Occidente no puede explicarse prescindiendo del cristianismo, Grecia, Roma Israel, la Reforma, la Ilustración, el liberalismo, loa revolución científica. Debate mal resuelto en la elaboración de la Constitución de Europa, que no hace mención a sus raíces cristianas, falsificando su historia, renunciado con ello a la esencia de sus valores, como señaló entonces San Juan Pablo II.

 

Otro pilar es el “capitalismo”, motor económico que expandió su prosperidad. Soportado en el protestantismo de Lutero, que, en 1521, se separó de la iglesia de Roma, bajo el principio de “peca mucho y cree más”. Cuando la “moral católica”, consideraba que el negocio y acumular riqueza era pecado, y la “moral luterana”, apoyaba trabajar duro y acumular riqueza.

 

Los países luteranos, Alemania, Holanda, Inglaterra, despegaron económicamente frente a los católicos del Sur. Brecha que se mantiene en la UE norte -sur. De referencia la obra “La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo” (1904), de Max Weber (1864-1920), sociólogo de las religiones, conocía la China, la de la India y el judaísmo antiguo. Decía que la ética protestante, era la única moral de las grandes religiones, compatible con el éxito económico.

 

Añadimos la “libertad” construida sobre nuestras raíces. “Unidos en la Diversidad”, señala el lema de Europa. Abrirse sin control, equivale a perder la identidad individual. La colectiva permite ampliar las libertades, que deben ser aceptadas por todos, para no perder su sentido político. El europeo envejecido pretende sostener derechos sin deberes. La Unión Europea sostenida en un Tratado que le impide avanzar.

 

Un supra estado confederal donde sus decisiones estratégicas se toman con unanimidad de los 27. Vale para la paz, pero no para las guerras y conflictos geoestratégicos. Diseñada para ir a la velocidad del más lento y sujeta al chantaje de los disidentes. Una máquina de generar extremos, que se sienten institucionalmente amparados en un sistema que no funciona.

 

Quedaba la “ciencia”, que Europa nos ha cambiado por la burocracia. El conocimiento por el procedimiento. El Renacimiento europeo superó el trauma de las religiones monoteístas con la ciencia, “e per si muove” decía Galileo contra la Inquisición. Newton, Einstein, ahora la Inteligencia Artificial, sitúan la ciencia en la Era del Conocimiento.

 

Con las democracias liberales, que, aunque se diagnostican sus deficiencias en los Informes Draghi y Letta, se encuentran encerradas en un círculo vicioso. Los partidos que llegan al poder anuncian cambios que los votantes no aceptan, los “pensionistas públicos”, cuerpo electoral más amplio y decisorio, bloquean las reformas, y con ellas las decisiones de Macron, Starmer y Merz.

 

Mientras nuestros niveles de renta han quedado anclados en 2019. En este desasosiego material e identitario, Europa debe reconocer la razón, el compromiso, sus valores y cuatro libertades, el mercado interior, capitales, defensa, energía competitiva, autonomía agraria y potencia tecnológica e industrial. Aligerar la burocracia.

 

 

Hugo LUENGO BARRETO

Arquitecto y bodeguero.

 

Islas Canarias, 28 de septiembre de 2026.

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