¿Qué es lo que falla?
AL FINAL DE ESTE ARTÍCULO, TRAS LA FIRMA, PUEDES DEJAR TU OPINIÓN Y RESPUESTA…
Remigio Beneyto Berenguer *
Toda España está alarmada por la noticia. ¿Veremos cuánto dura el enojo? Cuatro alumnos de 16 y 17 años agreden a un compañero con parálisis cerebral, y hacen públicas las imágenes en las que se ve cómo le acosan, mientras él intenta escapar con su silla de ruedas.
El Centro, la Consejería, la Policía, el AMPA todos están molestos, afirmando que no se puede permitir esta clase de situaciones. Por supuesto que hay que estar al lado del niño acosado y agredido, pero eso ya se sabe. Ahora quiero detenerme en los otros alumnos, de 16 y 17 años.
La cuestión es: ¿Por qué ocurren estas acciones? ¿Qué pasa por la mente de estos alumnos para tener esa actuación con su compañero débil? ¿Qué está ocurriendo en la cabeza de unos alumnos para haber perdido esa empatía y ese ponerse en el lugar del otro? ¿No tienen capacidad de ver en el otro a su hermano pequeño, al que hay que proteger o, al menos, tratar con la dignidad que merece? ¿De dónde han recibido esos mensajes?
Sinceramente pienso que mientras no se contesten a estas preguntas, no avanzaremos, porque volverá a ocurrir y vendrán los lamentos, las indignaciones, las expulsiones o los juicios. ¿Los padres controlan las series que ven sus hijos? ¿Los padres son conscientes de la agresividad y violencia de los juegos de sus hijos? ¿Los padres están enterados de los retos que practican sus hijos?
Pero, ¿qué les motiva a estos alumnos a subir a las redes una acción infame? Sinceramente pienso que no es la maldad del psicópata. Es la imbecilidad del que está únicamente pendiente de llamar la atención, de ser el centro de atención, aunque sea, por unos minutos, y con una actuación que le acompañará negativamente toda su vida, cuando madure personalmente.
Pero es la tontería en la que estamos instalados con el tik tok, el Instagram, el Facebook y demás. Es el foco que quiere tener el que pasa indiferente. Es el acomplejado que quiere ser alguien dentro del grupo, el macarra que ha de meterse con el débil, porque quizá sea el más tonto de la clase, el más lerdo de sus amigos, o el que nadie hace caso en su familia. Por eso ha de lograr la notoriedad.
¿Cuál es la solución? ¿Qué podemos hacer ante estas situaciones, pensando en el interés de los menores, que no son tan menores? No olvidemos que un alumno de 16 o 17 años no es un chico de baba y moco. Es casi un mayor de edad, que sabe lo que hace.
Quizá, para que aprendan una sensibilidad por los que sufren, y una colaboración con aquellos que dedican su vida a servir a los que sufren, no le vendría mal una temporada cuidando precisamente a esos pobres y enfermos que nadie quiere, que están en Cotolengos o en centros de educación especial, y a los que hay que cuidar y atender hasta sus necesidades más básicas.
Seguro que esos alumnos aprenderían la lección, quizá llorarían, quizá se sentirían infames por su acción, pero seguro que no olvidarían ese período de tiempo. No estoy hablando de memoria. Sé de lo que hablo, porque es una experiencia vivida por jóvenes voluntarios, que han madurado con estas experiencias.
Claro, ahora ya no se permite en las familias ni la experiencia de la muerte ni del dolor, ni del sufrimiento, ni de la pobreza, ni nada de nada, y así nos luce. El chico crece sin ningún tipo de problema, comportándose como un niño tonto y caprichoso, con un síndrome de niño emperador y tirano, y maltratando, si es preciso, a sus padres o abuelos para conseguir lo que quiere.
Pensemos en los alumnos, en su bien, en su futuro, que no sea negro por estas acciones, sino que les demos la oportunidad de ser diferentes, porque si no lo hacemos ahora, después estará todo perdido.
* Remigio BENEYTO BERENGUER
Profesor Catedrático de la Universidad CEU Cardenal Herrera.
Departamento de Ciencias Jurídicas
Catedrático de Derecho Eclesiástico de la Universidad CEU de Valencia.
Académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.
Islas Canarias, 28 de marzo de 2025
Deja una respuesta