EL MONÓLOGO / 294
Realidad frente a política
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Por Pepe Moreno *
Nadie asume ninguna responsabilidad, ni política ni social, ante unos hechos como los que hemos visto en los últimos tiempos. Había entrado en prisión el secretario de organización socialista, Santos Cerdán, que salió el pasado día 18 de noviembre. Luego lo siguió al trullo quien ocupó ese mismo cargo antes que él. José Luís Ábalos y Koldo García, quien fuera asistente personal, asesor del ministro e incluso conductor del coche de las primarias de Sánchez Pérez-Castejón, que hoy ocupa la Presidencia del Estado.
Ni dimiten, ni dejan sus cargos, ni convocan las elecciones, ni se someten a una cuestión de confianza, ni les explican a los grupos parlamentarios qué es lo que está pasando, ni ná de ná. Nada. El silencio como estrategia. La inercia como método de gobierno. Y el presidente Sánchez dice que “no sabía nada”. ¿Puede un dirigente que tiene al CNI y a la UCO, con sus informes, decir eso?
Estamos en una sociedad que no pide muchas explicaciones porque nadie hace nada para responderlas. Nadie, insisto. Nos dice en El Hormiguero, en Antena 3, que son el programa más visto, con más de cuatro millones de espectadores únicos un día, pero a la hora de la verdad, -no sé si ustedes se han fijado-, nunca están viendo el programa a los que llaman para darle unos seis mil euros en una tarjeta.
Tienen que explicarles a los televidentes quiénes son los que están en el programa; le invitan a que sintonicen el canal y a que vean que le ponen el nombre en los faldones de ese programa. Y no todos responden a la pregunta que les hacen. ¿Eso hace verdad que sean el programa más visto del día? Es que nunca, repito, nunca, dan con alguien que esté viendo el programa. ¿De verdad eso certifica que “es el programa más visto del día”? ¿O certifica, más bien, que vivimos rodeados de métricas autocomplacientes y de audiencias que nadie parece dispuesto a cuestionar?
No se tiene la conciencia crítica que hay que tener. Nacen muchos menos niños y niñas en los últimos tiempos, pero se hace cada vez más patente que están contratando más docentes que se reparten en las aulas. ¿Se hace para disminuir las listas del paro o para contentar a unos sindicatos ávidos en tener unas personas que pertenezcan a ese colectivo? Porque, si como dicen, la enseñanza es prioritaria, también lo sería aclarar por qué seguimos improvisando con plantillas sobredimensionadas y recursos mal repartidos.
Leído en la primera página de un periódico canario, en concreto en la provincia de Las Palmas este mismo viernes, que la promoción de 152 viviendas en Doctor Chiscano se retrasa hasta 2028, es decir, no hemos comenzado aún el 2026 y ya estamos hablando de un retraso de dos años, como mínimo. Y eso que hay escasez de casas para la población.
La estadística, que es la madre de todas las ciencias, nos dice que en nuestro Archipiélago hay una demanda de 44.000, visto en el mes de septiembre en la página web de la Televisión Canaria y cuya fuente de información era la Asociación de Consultoras Inmobiliarias. Entonces, ¿qué hace el consejero del ramo hablando de planes y proyectos? ¿Sirven de algo o simplemente habla y que otro resuelva? Hablar de planes, de mapas, de estrategias… mientras el reloj corre, los precios suben y las familias esperan.
El patrón se repite en cada ámbito. Políticos que no rinden cuentas. Instituciones que anuncian más que ejecutan. Ciudadanos acostumbrados a convivir con explicaciones que llegan tarde —si llegan— y con decisiones que se aparcan hasta que amaine el temporal. Y así, entre silencios oficiales, excusas estadísticas y realidades que se retrasan dos años antes incluso de empezar, vamos llenando semanas que parecen todas iguales: cargadas de noticias, vacías de responsabilidades.
La distancia entre la política y la ciudadanía se agranda también cuando hablamos de lo esencial. Mientras en los pasillos oficiales se discute sobre pactos, vetos cruzados y estrategias territoriales, miles de canarios siguen esperando semanas para conseguir una cita presencial en la Seguridad Social.
Y eso no se arregla con un titular. Ni con un hashtag. Ni con una visita fugaz del ministro de turno que promete “reforzar los recursos”, una frase tan gastada que ya ni significa nada. La vida de la gente no se mide en notas de prensa, sino en el tiempo que pasa sin poder cobrar una paga por dependencia, sin resolver una baja médica o sin gestionar el nacimiento de un hijo.
Otro ejemplo lo encontramos en la sanidad pública. Aquí seguimos celebrando inauguraciones de centros de salud como si fueran catedrales, mientras las listas de espera continúan creciendo. Y crecen no porque falte intención, sino porque sobra burocracia, faltan especialistas y los recursos se anuncian antes de estar asegurados.
A los pacientes les da igual quién corta la cinta en la puerta del nuevo edificio: quieren que les atiendan antes de seis meses, que un diagnóstico no dependa del calendario electoral y que la salud deje de ser una foto cada cuatro años. Pero en eso estamos: en la foto, no en el fondo.
La infraestructura es otro mundo paralelo. Mientras se discute si el tren del sur es viable, sostenible o rentable, el ciudadano de a pie sigue perdiendo horas cada día en colas interminables por la autopista. Horas de vida que no vuelven. Horas en las que la política debate estudios técnicos que raras veces terminan y revisiones de proyectos que a menudo requieren consultas adicionales. Y mientras se revisa el papel, la isla se sigue atascando. La política va a 20 por hora. El tráfico, a 5.
Me encontré el otro día al exalcalde de Icod de los Vinos, Francisco González, que me explicó que ya estaba licitado el tercer carril del tramo de autopista entre La Orotava y Santa Cruz y que estaba ya para salir uno en la TF-1 en el Sur. Que se estudiaba un túnel en no sé qué parte de la geografía tinerfeña… proyectos que nunca verán estos ojos, porque todo se queda en eso, en estudios, proyectos, licitaciones, memorias medioambientales y demás zarandajas políticas.
He oído a algunos analistas políticos hablar del voto de Cristina Valido ahora que Junts ha votado incluso en contra de la senda de gasto. ¿Ha servido de algo? La realidad es que aquella apuesta por la “responsabilidad” quedó neutralizada por un Congreso dividido, donde Junts y otros grupos tumbaron el marco fiscal del Gobierno. Y con ese desenlace, el voto canario perdió eficacia, no por lo que representaba, sino porque el tablero político estatal está diseñado para que lo decisivo siempre ocurra lejos de nuestras prioridades.
Y mientras tanto, la vida real sigue. La senda de gasto fracasó, sí, pero quienes viven pendientes de si llegarán a fin de mes, si podrán pagar el alquiler o si tendrán médico disponible no están en ese debate. En Canarias estamos con precios que siguen creciendo, con servicios tensionados y con un mercado laboral que no termina de estabilizarse.
La política estatal discute geometrías parlamentarias, pero la ciudadanía discute cómo afrontar el día a día. La senda de gasto no salió adelante, pero desde Canarias, donde sabemos bien lo que es remar contra corriente, uno aprende que cada frenazo obliga a mirar el mapa con más atención.
Tampoco ayuda la vivienda turística, que se ha convertido en un problema tan grande como las fuerzas políticas quieran o puedan reconocer. Mientras se anuncian leyes, decretos, moratorias y mesas de diálogo, los alquileres siguen subiendo y las familias siguen marchándose a municipios más baratos —o a islas más baratas— porque no pueden pagar un piso en su propia ciudad.
Incluso en temas que deberían ser de consenso, como la educación digital, caminamos con un pie en la modernidad y otro en la improvisación. No hay plataforma, no hay protocolo, no hay estructura.
Y mientras todos estos problemas se van apilando, el debate público se dispersa en disputas que, sinceramente, no cambian la vida de nadie. ¿Quién dijo qué en el Congreso? ¿Qué diputado se levantó y cuál se quedó sentado? ¿Qué líder lanzó la frase más ingeniosa o hiriente del día? Son minucias, peleas de salón que ocupan horas de televisión y miles de tuits, pero que no resuelven ni una sola de las urgencias reales: la vivienda, las listas de espera, los salarios, la educación, el transporte, la justicia lenta, los servicios saturados.
Mientras en Madrid se bloquean, aquí seguimos calculando, ajustando y haciendo números para que la gente no pague las consecuencias. Seguimos defendiendo nuestro fuero, nuestras singularidades y nuestra distancia, que a veces es un fardo… pero otras es el espacio perfecto para pensar con más claridad.
La realidad política, siempre pendiente del siguiente titular, va por un carril. La ciudadanía, que vive fuera de esa burbuja, va por otro. Y cuanto más se separan, más difícil será reconciliarlas. Cuando el Estado no define su camino, toca que cada territorio afine el suyo. Y eso, en Canarias, se llama responsabilidad y priorizar. Se llama no gastar lo que no tenemos, pero tampoco renunciar a lo que necesitamos.
Y quizá ese sea el verdadero punto: que la política puede permitirse el lujo de aplazar decisiones, pero la ciudadanía no. Aquí, cada retraso tiene consecuencias; cada silencio pesa; cada excusa se nota. Por eso, desde estas islas, conviene recordar algo muy simple: que gobernar no es hablar, ni anunciar, ni posponer; es decidir. Y decidir para que la vida sea un poco más llevadera que la semana anterior. Si eso no se entiende, entonces sí que estaremos definitivamente en caminos distintos. Pero todavía —todavía— estamos a tiempo de que vuelvan a encontrarse.
* José MORENO GARCÍA
Periodista.
Analista de la actualidad.
Islas Canarias, 29 de noviembre de 2025.



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