EL MONÓLOGO / 302
Crecemos desafinados
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Por Pepe Moreno *
Esta semana ha sido crucial en el accidente ferroviario de Adamuz, cerca de esa localidad cordobesa, que tuvo lugar el pasado domingo a las 19:45, hora peninsular, y que ha colocado a este sencillo pueblo, de poco más de 4.000 habitantes, y situado en las faldas de Sierra Morena, en un puesto trágicamente destacado en el mapa de la siniestralidad ferroviaria de España.
Aunque la investigación sigue en curso y aún no se han determinado las causas exactas, todo indica que el desastre no se debió a un fallo técnico de los trenes ni a un error humano. Por ahora, una rotura en la vía es el principal indicio sobre lo ocurrido. El accidente, con 45 muertos, incluido uno de los maquinistas, dejó un reguero de cuerpos, que se descubrieron entre los hierros retorcidos de dos vagones del tren Alvia, que cubría la ruta entre Madrid y Huelva en la tarde del domingo. Un hallazgo, el del tren Alvia, que se produjo cerca de una hora después.
Si han sido algunos de los trenes, los que indemnizan son las compañías ferroviarias. Si es por culpa del trazado de las vías, quien tiene que pagar es el Estado. En el informe inicial, ayer viernes, se decía que «se puede plantear la hipótesis de que la fractura del carril se produjo con anterioridad al paso del tren Iryo siniestrado y por lo tanto al descarrilamiento».
En cualquier caso, la suposición de la fractura en la vía plantea el interrogante de si se han realizado con eficacia los trabajos de mantenimiento de la infraestructura ferroviaria española. Una responsabilidad de exclusiva del Ministerio de Transportes, a cuya cabeza está Óscar Puente.
Supimos, a lo largo de la semana, que la compañía Adif tiene “abandonados”, desde hace dos años en las cocheras, los trenes auscultadores que inspeccionan las vías buscando microrroturas. Entonces, ¿entienden la controversia? ¿De quién tiene que pagar a las familias de las víctimas? Todavía hoy nadie ha pagado una indemnización por el apagón que afectó a nuestro país y parte de Portugal.
No se requiere que el ministro Puente se exponga públicamente, sino que ofrezca explicaciones sobre la eficacia de su Ministerio en prevención ferroviaria. Persisten dudas sobre las responsabilidades en los recientes incidentes, como la tragedia de Adamuz y la muerte del maquinista de Rodalies, lo que plantea interrogantes sobre la seguridad y el estado de la infraestructura ferroviaria en España.
Y eso ha llenado horas de radio y televisión. Eso y la pretensión de Donald Trump de hacerse con Groenlandia, por las buenas —pagando— o por las malas, provocando una invasión. Un socio de la OTAN asaltando a otro miembro de la misma organización. ¡Qué cosas pasan en este mundo nuestro! Ya no sabemos ni quiénes son los buenos ni los malos en este episodio.
Ni una sola nota en los medios nacionales al cero energético de La Gomera. Ellos siguen hablando del accidente de dos trenes y del temporal que ha afectado a Cataluña, Baleares y a otras comunidades. No importa que aquí tengamos unas centrales eléctricas de la época del blanco y negro en tiempos del Wi-Fi, o que haya un cable que le dé cobertura a esa isla desde Tenerife. Durante media hora no hubo ningún suministro en La Gomera, pero ningún medio nacional le prestó atención.
O el acuerdo Mercosur- Unión Europea, que ha sido suspendido por el Parlamento Europeo, uniendo los votos de los que están en contra de Europa y los que no y salió adelante por una ajustada mayoría de apenas 10 votos, donde la nacionalidad de los europarlamentarios pesó más que su afiliación política. Ahora el Tratado tendrá al TJUE y su dictamen puede demorarse hasta dos años. Ese acuerdo crearía la mayor área de libre comercio del mundo con 780 millones de ciudadanos y el 20% del PIB global. Eso dicen.
Y luego está FITUR 2026 con todos los medios de comunicación allí, hasta con la radio y la televisión públicas en directo, con entrevistas pactadas, de salón, y con algún informador llamando a Jessica de León, la consejera de Turismo y Empleo, por su nombre, tuteándola, como si ya hubiera un compadreo previo entre el informador y el cargo público.
Canarias recibe 18 millones de turistas al año y España más de 90 millones. En Fitur se reúnen los principales actores que hacen posible este logro: empresarios de alojamiento, turoperadores, gestores públicos turísticos y servicios vinculados, principal motor económico de Canarias y España. Sin embargo, allí vamos, con excusas o sin ellas, para lograr que vengan más, haya un aumento compañías que traigan a más viajeros, más frecuencias, aunque sea con el incremento de tasas que ya cobra AENA.
La feria estuvo marcada por ese accidente ferroviario del que les hablé. Canarias expresó sus condolencias con un minuto de silencio, que dicen que es la mejor fórmula para no rezar, porque no se quiera o porque no se sepa un padrenuestro. A ese momento asistieron autoridades y empresarios. Estaba el presidente del Gobierno, Fernando Clavijo, y el vicepresidente, Manuel Domínguez, y entonces, ¿quién se quedó a cargo del archipiélago? Estaban también varios consejeros del actual ejecutivo canario; luego ellos tampoco podían estar como presidentes en funciones.
¿Qué hacían allí tanto alcalde, concejal de turismo o cargos que no tenían nada que ver con este asunto? Pagan por unas entrevistas, por ver el logo de una emisora de radio o televisión, sin ver qué incidencia tiene entre la audiencia. Los funcionarios de esos consistorios se las ven y se las desean para dar el visto bueno a esas presencias, pero a ellos, a los políticos, les da lo mismo, porque lo que quieren es que alguien de aquí les escuche lo que hacen allí, pero nadie de sus potenciales clientes los puede oír.
Era el momento, durante la feria, de hablar de AENA y sus tasas y de reivindicar estar en su consejo de administración. Eso está bien, pero no dejo de preguntarme eso de cuándo dieron el permiso para hacer esas instalaciones. ¿No pensaron en sentarse en esa compañía que tanto dinero gana con sus aeropuertos en las islas?
De todas formas, también me pregunto si es lícito cobrar esas tasas aeroportuarias y limitar con otras los accesos al Parque Nacional del Teide, o a Teno, o a tantos sitios. ¿Es lícito oponerse a esos cánones y no hacerlo, echándole la culpa a otros, por el basurazo o por otros impuestos? Lo desconozco.
Según cuentan las crónicas, durante el evento, se presentó la Copa de la Reina de Fútbol, que se entregará en Gran Canaria en 2026 y la palabra más empleada fue la de sostenibilidad turística. El Grupo Loro Parque manifestó su confianza en que el proyecto del parque acuático en el sur de Gran Canaria avance positivamente. Poli Suárez y Carolina Darías presentaron la próxima edición de Expodeca. El personal pudo disfrutar de refrigerios ofrecidos por Binter y bebidas proporcionadas en el estand canario. Todo un dispendio.
El negocio turístico en España se acerca a los cien millones de visitantes, incluso con la subida de precios en alojamiento y actividades. No está claro si esto es una burbuja postpandemia o si el gasto en ocio ha ganado prioridad sobre otros. Comerciantes del sector textil afirman que muchos clientes prefieren gastar en vacaciones, restaurantes y tecnología antes que renovar el armario cada año. ¿Dónde podría parar esto? ¿Nos gastamos todo el dinero en las vacaciones, mientras otros, como AENA o las compañías hoteleras, suben los precios?
Cada año se baten récords de visitantes y facturación, aunque las estancias medias disminuyen. Los efectos de la estacionalidad son cada vez menores. Quedan aspectos por mejorar. Canarias se ha vuelto un destino caro para el turismo peninsular, debido a la alta ocupación asegurada por turoperadores extranjeros y los elevados precios de las aerolíneas, lo que lleva a muchos turistas a elegir otros destinos.
Pero mantenemos, en las islas, los bajos salarios: más de la mitad de los trabajadores no alcanza los 1.700 euros brutos y casi un 10 % cobra menos de mil euros. Patronal y sindicatos no logran acuerdos para subir sueldos, aunque los hayan incrementado en sector servicios en las dos provincias canarias. Bueno, pues pese a esto, la facturación hotelera creció de 14.100 millones antes de la pandemia a 23.000 millones en 2025, con ingresos diarios que superan los 63 millones de euros—24 millones más por día que hace seis años.
Con todo, Canarias sigue demostrando una capacidad notable para sostener su principal motor económico incluso en un contexto global inestable, con accidentes que sacuden conciencias, apagones que nos recuerdan nuestras fragilidades estructurales y debates que se eternizan sin titulares. Aquí, casi siempre lejos del foco nacional, se siguen haciendo las cosas, a veces mejor de lo que parece y otras peor de lo que se cuenta.
El reto ahora no es atraer más turistas —eso ya está conseguido—, sino ordenar el éxito, repartir mejor sus beneficios y actualizar las infraestructuras que no pueden seguir funcionando como si el tiempo no hubiera pasado. No se puede aspirar a un turismo del siglo XXI con salarios del XX ni con sistemas energéticos del XIX, pero tampoco se puede ignorar que hay margen, recursos y conocimiento para hacerlo mejor.
Canarias tiene hoy datos récord, diversificación de mercados, menor estacionalidad y una posición consolidada en el mapa turístico mundial. Falta dar el siguiente paso: convertir esas cifras en bienestar real, en estabilidad laboral, en servicios públicos a la altura y en decisiones políticas que miren menos al titular inmediato y más al interés colectivo.
Porque Canarias no necesita más focos ni más ferias, sino menos ruido y más decisiones. El éxito turístico ya está ahí y los datos lo confirman; ahora toca convertirlos en infraestructuras modernas, salarios dignos y servicios que no se queden a oscuras cuando fallan. Gobernar el éxito es el verdadero desafío: que lo que funciona no tape lo que urge mejorar y que el futuro del archipiélago no dependa de silencios mediáticos, sino de planificación, responsabilidad y visión a largo plazo. Ahí está la oportunidad. Y también la obligación.
* José MORENO GARCÍA
Periodista.
Analista de la actualidad.
Islas Canarias, 24 de enero de 2026.



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