EL MONÓLOGO / 307
Bendición y frontera
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Por Pepe Moreno *
Esta semana ha sido prolífica en titulares de prensa con lo de la visita del papa, la desclasificación de los papeles del 23-F o el decreto Clavijo-Canarias, al que se han opuesto, por razones encontradas, tanto Nueva Canarias como VOX y se han abstenido los miembros del Grupo Parlamentario Socialista.
Quiero escribir hoy en este monólogo sobre la visita del papa León XIV; va a realizarse los días del 6 al 12 de junio en Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife. Es una oportunidad única para que nos conozcan porque, con una audiencia potencial de 2.000 millones de católicos, muchos se fijarán en las islas y nos va a poner en el mapa.
Ya escribí sobre este asunto, en concreto en el Monólogo 301 bajo el título de “Una visita, varias islas”. En aquel entonces todo eran conjeturas sobre la estancia, e incluso los días en los que su santidad iba a estar en las islas. Hoy se conoce un poco más. Robert Francis Prevost, que así se llama, de nombre secular, León XIV, vendrá a las islas el día 11, fecha en la que al parecer visitará Gran Canaria, donde pernoctará en el Palacio Episcopal de Santa Ana, que lo están acondicionando, y que, al día siguiente, el 12, se dirigirá a Tenerife.
Por lo que se sabe, en Gran Canaria está pendiente de una decisión para saber si el acto multitudinario se hace en el Estadio de Siete Palmas, donde juega la UD Las Palmas, o si es en el Parque Santa Catalina. Allí se celebrará una misa multitudinaria, con un aforo en el que quepan unas 50.000 personas, y esto se podría conseguir si participan las iglesias de Fuerteventura, Lanzarote y La Graciosa, además de la de Gran Canaria. Monseñor Mazuelos ha dicho que este acto tiene como intención “tener un encuentro entre Iglesia”, con una “ceremonia masiva donde pueda participar todo el pueblo”. Entonces, pregunto, ¿qué dejan para Tenerife?
¿Hay algo similar aquí? Posiblemente, pero Eloy Santiago, nuestro obispo, no lo ha expresado así. José Mazuelos, que es el titular, y Cristóbal Déniz, que es el obispo auxiliar —porque allí tienen de todo— sí que han convocado a la prensa y en ella han dicho que, además de todo lo reseñado, no podían dar más detalles de la visita “pues todavía tiene que ser consensuado con la Secretaría de Estado del Vaticano y con la comisión que está preparando la cita”.
Lo que no quita para que hayan dejado caer que está prevista que vayan al muelle de Arguineguín para conocer de primera mano la realidad migratoria del archipiélago, aunque allí haga meses que no llega ningún cayuco. Es un lugar en el que incluso ya nadie se acuerda cuando era una instalación que hubo que ir dotando porque era de vergüenza. Eran los tiempos de José Segura como delegado del Gobierno, que se las veía y se las deseaba porque nadie le podía dar lo que pedía para los que llegaban a Canarias. Aunque este punto aún no está confirmado, parece que al menos lo han puesto.
Mazuelos ha dicho que lo que se quiere transmitir al Santo Padre es que “somos un pueblo hospitalario y acogedor capaz de dar respuesta a problemáticas como los migrantes”. ¿Y qué se sabe de lo que hará en Tenerife? Pocas cosas, la verdad. Parece ser que el papa aquí podría ir desde la Sede Episcopal a pie hasta la Catedral de La Laguna.
Ahí, se barajan varias posibilidades: una recepción reducida con representantes de distintos ámbitos vulnerables, una convocatoria a los feligreses que pueda seguirse desde el exterior o un encuentro multitudinario en la plaza del Cristo. ¿Han visto que es secundario todo? Lo importante ya lo habrá realizado en las distintas etapas.
En Madrid está previsto que tome parte en la celebración del Corpus Christi el 7 de junio, oficiando una eucaristía multitudinaria por el entorno del paseo de la Castellana, y un encuentro con los jóvenes que se celebrará, probablemente, en el Santiago Bernabéu. Eso sin descartar una sesión, que ha pedido él mismo, en las Cortes españolas y un encuentro con la familia real, con el presidente del Gobierno y con otros entes, como con la comunidad autónoma y demás.
En el caso de la Ciudad Condal, se espera la celebración de, al menos, un gran acto —probablemente en el Estadio Olímpico— y que inaugure el día 10 la última torre de la Sagrada Familia, coincidiendo con el centenario de la muerte de Antoni Gaudí.
Respecto a El Hierro, todavía no hay novedades. Se espera que los embajadores del Vaticano aclaren si el papa tiene la intención de visitar la isla. Sería lógico que así fuera, especialmente considerando que León XIV tiene una agenda intensa y que el propósito inicial del viaje es conocer de primera mano el impacto de la migración en la zona. Sin embargo, aún no hay nada.
En julio de 2013, el Papa Francisco viajó a Lampedusa, optando por hacerlo de manera discreta y sin avisos prolongados ni cobertura mediática anticipada. Esta decisión se tomó con cautela pastoral para evitar que su acción se viera como una oportunidad tanto por quienes arriesgan sus vidas en el mar como por aquellos que se aprovechan de la desesperación ajena.
La visita de un Papa a un lugar concentra la atención global y los medios en ese punto durante días. La percepción podría provocar que muchas embarcaciones salieran simultáneamente, mucho más de lo usual, lo que pondría aún más presión sobre un sistema de rescate que ya está saturado.
Por otra parte, la Isla del Meridiano es ideal para una parada entre Gran Canaria y Tenerife, donde el papa puede conocer la situación migratoria en La Restinga, que ha recibido el 60 % de los cayucos este año. El presidente del Cabildo herreño, Alpidio Armas, ha intensificado gestiones con altos cargos, incluido un exjefe de Protocolo de Francisco vinculado con El Pinar.
Al regresar a Tenerife, lo que parece más factible es organizar una eucaristía masiva en el Puerto de Santa Cruz. La Iglesia nivariense y la Autoridad Portuaria han mantenido contactos informales, considerando la antigua terminal de La Candelaria, ubicada junto al Auditorio de Tenerife, como espacio capaz de albergar alrededor de 50.000 asistentes. Para la celebración, la Conferencia Episcopal ha dado instrucciones sobre un escenario sencillo, de color blanco y con medidas específicas.
He hecho un refrito con las noticias y las informaciones que han salido en estos días en los medios de comunicación, pero faltan algunos meses y esto puede cambiar. Sin embargo, hay algo que no cambiará: el significado de que el Papa haya decidido venir hasta aquí. No es un viaje turístico ni una escala protocolaria más en su agenda, sino el reconocimiento implícito de que Canarias ocupa hoy un lugar central en cuestiones que afectan al mundo entero, desde los movimientos migratorios hasta el papel de las fronteras en el siglo XXI. Cuando alguien con esa capacidad de influencia pone un pie en estas islas, no solo pisa territorio; pisa también una realidad que durante demasiado tiempo ha sido ignorada o tratada como periférica.
La pregunta, por tanto, no es solo qué hará el Papa en Canarias, sino qué hará Canarias con esa visita. Si servirá para reforzar nuestra voz y reclamar soluciones duraderas, o si quedará reducida a una fotografía multitudinaria y a un recuerdo efímero. Porque las islas seguirán aquí cuando todo termine, con las mismas responsabilidades y los mismos desafíos. Y tal vez esa sea la verdadera oportunidad: que, por una vez, el mundo mire hacia este lado del mapa y entienda que, en medio del Atlántico, no hay solo un destino, sino un lugar donde se decide mucho más de lo que parece.
No obstante, más allá de la liturgia, la logística y el inevitable reparto de protagonismos entre islas, lo verdaderamente importante es el mensaje que Canarias puede transmitir. Durante décadas hemos sido frontera, escala y destino; pero también hemos sido ejemplo de convivencia, de mestizaje y de capacidad para integrar realidades distintas sin perder nuestra identidad. Esa es la imagen que conviene proyectar: la de un territorio pequeño en lo geográfico, pero enorme en humanidad.
Porque esta visita no solo interpela a la Iglesia, sino también a nuestras instituciones y a nosotros mismos. Nos obliga a preguntarnos qué hacemos con esa visibilidad. Si servirá únicamente para llenar plazas durante unas horas o si será el impulso para que el mundo entienda que Canarias no es solo un destino turístico, sino también un punto estratégico en el Atlántico, una comunidad que afronta desafíos complejos con recursos limitados y, aun así, responde. La diferencia entre un evento y una oportunidad está en lo que se construye después.
Canarias ha demostrado muchas veces que sabe convertir los momentos simbólicos en realidades tangibles. Lo hizo cuando transformó su condición ultraperiférica en una ventaja para la ciencia, la astrofísica o la cooperación internacional. Puede hacerlo ahora también, aprovechando el foco global para reforzar su papel como puente entre continentes y como ejemplo de solidaridad organizada, no improvisada.
Porque al final, cuando el avión papal despegue y las cámaras se apaguen, seguiremos nosotros. Seguirán llegando personas, seguirán los retos y seguirá la vida cotidiana. Lo importante no será que el Papa haya venido, sino que su visita haya servido para que Canarias deje de ser invisible cuando más lo necesita. Y ese día, más que una escala en su viaje, habremos sido un destino en la conciencia del mundo.
Y quizá ahí esté la verdadera prueba. No en el tamaño del altar ni en el número de fieles, sino en sí, después de la bendición y los titulares, alguien recuerda que en este extremo del Atlántico vive un pueblo que sostiene una frontera, que acoge sin preguntar demasiado y que resiste sin hacer ruido.
* José MORENO GARCÍA
Periodista.
Analista de la actualidad.
Islas Canarias, 28 de febrero de 2026.



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