EL MONÓLOGO / 309
Gobernar hablando
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Por Pepe Moreno *
Esta semana ha estado centrada en el debate sobre la nacionalidad canaria, que sirve de muy poco, como el botón de ‘saltar anuncio’ cuando la mención dura cinco segundos. Fue una cuestión que mantuvo embelesados a sus señorías durante tres días, si contamos la jornada dedicada a las proposiciones de ley, que se aprueban, pero nunca se cumplen, como las condiciones de uso que todos aceptamos sin leer.
Yo no me creo nada, porque soy un escéptico con demasiados telediarios encima, o con mucha experiencia, y estoy curado de espantos. Hoy los políticos se han convertido en relatores de lo que nos pasa. Ya no gobiernan tanto como nos lo cuentan. Comparecen, explican, interpretan y, si hace falta, hasta narran en diferido lo que ocurre, como si la realidad fuese un partido que comentan. El problema es que, mientras ellos ejercen de cronistas, la vida sigue, con la gente esperando algo más que la narración de la jugada: esperando que alguien, de una vez, decida mover el balón.
Ahora que los ciudadanos están notando las subidas de los combustibles en todas las gasolineras es cuando el gobierno de Canarias, a través de su vicepresidente, Manuel Domínguez, anuncia que abrirá una investigación al decir que su Ejecutivo permanece atento a ese incremento. Domínguez avanzó que realizará una inspección sobre esa subida, que, según él, ha sido “repentina”, ya que se produjo en el mismo día que se inició la guerra en Irán.
Si la guerra es de larga, nos vamos a ver todos afectados con una subida de los precios porque dependemos, mayoritariamente, de las importaciones. Ya lo decía en Radio Marca el presidente de la patronal de Turismo, Jorge Marichal, que hablaba en esa entrevista que el conflicto global está generando incertidumbre en el mercado y podría provocar subidas en los precios de los billetes de avión debido al aumento del carburante, aunque él confía en que el mercado recupere la estabilidad. Además, el señor Marichal destacaba el posicionamiento de Canarias como un destino turístico seguro y completo dentro del Atlántico, subrayando la capacidad del sector hotelero para adaptarse a los cambios.
Lo que pasa, y en eso estoy de acuerdo con el presidente de los hoteleros, que se ha producido un pánico en el mercado al decir que “Lo que entra es un pánico en el mercado y por eso sube los intereses. En los billetes de avión, los precios subirán tras la evidente subida del carburante de los aviones. Habrá subida pero lo normal es que se recupere la estabilidad”.
Todo el tráfico turístico se verá tocado por el conflicto global. Eso es seguro. Han subido los fletes, una situación que se traslada al precio final, un escenario que se puede extrapolar como los tipos de interés, y esto traen situaciones de inflación muy pronunciadas. Nadie hace nada. El Gobierno, que está para hacer algo, no toma decisiones ni hace nada.
Anuncia que realizará un estudio y poco más. Las gasolineras y los despachos de combustibles se forran, los cabildos cobran el céntimo verde por cada litro que ponemos en nuestros depósitos y aquí paz y el cielo gloria y no se bajan los impuestos a los hidrocarburos porque una vez que se ha descubierto esa manera de ingresar perras, es muy difícil que se le diga no.
El incremento de precios no afecta solo a la gasolina o al diésel; las vacaciones, las hipotecas y la compra en supermercados también están subiendo. Al aumento de más de diez céntimos por litro de gasolina se suma el del gas, que ha experimentado un alza del 50% en tan solo una semana, aunque aún no alcanza los valores tras la guerra en Ucrania. Aunque España importa poca cantidad de gas del Golfo Pérsico, esta subida repercutirá en toda la oferta disponible.
La subida del gas repercute directamente en el precio de la luz. Si los precios de la energía siguen aumentando, también lo harán los costes de transporte, logística y alimentos. Suben los fletes marítimos y eso provocará una subida en el precio de alimentos, especialmente materias primas de Asia como arroz basmati y café, con Vietnam como segundo productor mundial.
Lo dije en el monólogo de la pasada semana y, desgraciadamente, lo estamos constatando. ¿De qué ha servido el debate del estado de la nacionalidad canaria? Ustedes mismos para contestar.
En esas sesiones hubo tiempo para unas intervenciones que recordaron las promesas que no materializaron, como la que hicieron los ahora socios de Gobierno, PP y CC, de la rebaja del IGIC del 7 por ciento al 5, una medida que vendían como central para estimular el consumo y aliviar la presión fiscal de hogares y negocios. Estaba incluso recogida en el acuerdo de gobierno y se convirtió en uno de los principales argumentos de venta electoral.
Las justificaciones, tales como “se desconocía el estado financiero”, “se heredó una situación complicada” o “la realidad superaba las expectativas”, pueden emplearse para desviar la atención de errores administrativos o salvaguardar la imagen institucional, atribuyendo responsabilidades a gestiones anteriores y otorgando mayor margen temporal para abordar los desafíos.
Es pertinente considerar si quienes aspiran a posiciones de gobierno han evaluado exhaustivamente la situación antes de asumir el cargo. Formular compromisos sin conocimiento del contexto revela falta de planificación; hacerlo con información puede resultar imprudente, dado que la práctica política demanda enfrentar retos con preparación y responsabilidad.
Con un gobierno así, con una prensa libre de ataduras políticas y de cuentas de resultados, esto no podría darse, pero aquí y ahora lo hacen y se quedan tan panchos.
La gestión pública debe anticipar riesgos y planificar contingencias, ya que culpar a factores externos debilita la rendición de cuentas y dificulta las decisiones. Sin embargo, con frecuencia se improvisa y los problemas se enfrentan cuando surgen, justificándose con que eran imprevisibles y celebrando soluciones mínimas como grandes logros. La planificación queda relegada mientras predominan discursos y promesas sobre acciones concretas.
En la práctica, muchos documentos parecen listas de deseos más que planes de acción; lo urgente compite con lo mediático y ornamental. Se justifican gastos innecesarios con palabras grandilocuentes, mientras las necesidades reales permanecen sin atender. El presupuesto deja de ser una herramienta de gobierno para convertirse en un reflejo de promesas incumplidas.
En Tenerife, por ejemplo, uno se pierde entre adjudicaciones, concursos de obras, proyectos, redacción de estos o contrataciones, y así podríamos decir que hay una serie de asuntos pendientes que raras veces tienen final. Como el muelle de enlace en el puerto de Santa Cruz, la nueva ciudad, que han publicitado cantidad de veces, que saldría de los terrenos de la antigua refinería, o la vía Ofra-El Chorrillo, que tiene un puente que nunca ha entrado en servicio.
En este mismo paquete podríamos meter a la pasarela peatonal del Padre Anchieta, que lleva más tiempo que una temporada de una serie que nunca termina. O la circunvalación de TF-5, de la que empezamos a oír hablar cuando llevábamos pantalones cortos, y que conlleva el soterramiento de la autopista a su paso por La Laguna, que nunca veremos, o el tranvía al aeropuerto de Los Rodeos.
Tampoco estaremos vivos cuando hagan el túnel de la Mesa Mota, con el que se evitarían las colas que hoy se forman entre La Laguna y Tegueste. Están pendientes los trenes del Norte y el Sur, a pesar de las presentaciones y del dinero gastado en papeles. También del muelle y el parque marítimo del Puerto de la Cruz, el anillo insular de carreteras, que tarda más que un voto afirmativo para un asunto de Estado.
En figura la finalización del Puerto de Granadilla, la nueva terminal del aeropuerto del Sur, que trae de cabeza a todos los sectores de la isla y que, como dice el empresario José Fernando Cabrera, frena el desarrollo económico y social de la isla. Todo esto supera los 8.000 millones de euros, descartando las carencias que tenemos en viviendas, sanidad, residencias de mayores, energía y el ciclo integral del agua. ¿Me quieren decir para qué sirve el debate sobre la nacionalidad canaria?
Porque, al final, más allá de la solemnidad del hemiciclo, lo que la gente espera no es un buen discurso ni un relato convincente, sino resultados tangibles. Gobernar no es narrar la realidad, ni interpretarla con mayor o menor brillantez retórica; gobernar es cambiarla. Y ahí es donde muchos debates parlamentarios se quedan a medio camino, atrapados entre el titular del día siguiente y la foto oficial.
Tal vez por eso uno sale de estos tres días con la sensación de que se ha hablado mucho y se ha decidido poco.
Así que sí, después de escuchar promesas, reproches y discursos de todos los colores, vuelve la pregunta inicial: ¿para qué sirve el debate sobre la nacionalidad canaria? Quizá para recordarnos que la política tiene una extraordinaria capacidad para hablar de todo… sin arreglar necesariamente nada. Y mientras tanto, nosotros seguiremos aquí, con demasiados telediarios encima, esperando que algún día alguien deje de comentar el partido y, de una vez por todas, decida jugarlo.
* José MORENO GARCÍA
Periodista.
Analista de la actualidad.
Islas Canarias, 14 de marzo de 2026.



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