EL MONÓLOGO / 313
Mucho hablar y poco hacer
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Por Pepe Moreno *
Mira que esta semana había de qué escribir. ¿Era necesario usar amenazas extremas para evitar su cumplimiento? Me estoy refiriendo a esa frase del presidente Trump de que esta noche, por la del lunes, “iban a desaparecer una civilización entera”. Estuvimos con el corazón en un puño hasta que la humanidad estuvo a salvo.
Eran horas terribles en las que veíamos a los bombarderos y a muchos civiles iraníes proteger instalaciones eléctricas. Finalmente, ambas partes cedieron. Pakistán facilitó un alto el fuego de dos semanas, con reapertura del Estrecho de Ormuz y negociaciones directas.
Nos levantamos ávidos de noticias. Nadie cree ya al presidente Trump. Le preguntaron a un corresponsal y contestó con lacónico “TACO”, que es un acrónimo que se ha ido popularizando y que significa Trump Always Chickens Out. O sea: Trump siempre se raja. Aunque no haya atacado, el escándalo es monumental. Dentro de los EE. UU. empieza a circular el dilema entre soldados y cargos del Ejército norteamericano: ¿incumplir órdenes o cometer evidentes crímenes de guerra?
Los demócratas, por su parte, rebuscan entre sus leyes alguna manera de inhabilitar a Trump por “incapacidad”. Y también porque hay altos cargos de la Casa Blanca que empiezan a lamentar haberse metido en una guerra contra Irán creyéndose las mentiras de Israel.
El dilema aún está ahí y ya veremos lo que pasa, porque Israel sigue con los bombardeos al Líbano y con su lucha contra la guerrilla de Hizbulá. En las últimas horas existe un acuerdo y se suspenden las operaciones militares. ¿Pero eso resucitará a los muertos en esta contienda?
Luego estuvo lo del plante de las comunidades del PP a la conferencia sectorial de Infancia que iba a debatir sobre la distribución de los menores migrantes y que de esta manera forzaron la suspensión. Eso fue el pasado miércoles, cuando Candelaria Delgado, que es la consejera canaria, regresó compuesta y con el ánimo de haber vivido antes una situación similar.
La mujer tuvo que emplearse, diplomáticamente, para no enfadar ni a los “populares” ni a los que le pedían caña; no olvidemos que el actual ejecutivo está conformado por Coalición Canaria y el Partido Popular. La consejera evitó la confrontación, destacando que las comunidades autónomas pueden decidir libremente sus acciones. Aclaró que cuenta con el respaldo del vicepresidente y del Consejo de Gobierno, y afirmó que el pacto en Canarias funciona correctamente, que es tanto como no decir nada. ¿Qué esperaban?
La consejera vino a decir que seguirán aplicando su plan, a pesar de los recientes desacuerdos institucionales ocurridos en Madrid. En concreto, destacó que en un estado democrático se adecúa asistir y, si es necesario, expresar disconformidad empleando el órgano correspondiente.
Eso a pesar de que el Estado ya ha dicho que seguirá con sus políticas de reparto y los que les “toquen” a cada Comunidad Autónoma tendrán que recibirlos, con lo que perdieron una buena oportunidad de “cantarles” al Gobierno Central lo que nos parece bien. Canarias salió de ese encuentro compuesta y sin poder discutir con nadie.
A la hora de escribir este artículo no hemos oído al vicepresidente del Ejecutivo, Manuel Domínguez, y máximo responsable de la formación Partido Popular en las islas, decir algo sobre la falta de quorum o sobre la ausencia de los responsables de su partido en las Consejerías que llevan. Me da que el señor Domínguez pinta menos en su partido que un cargador sin enchufe.
Ninguno de los medios de comunicación, los columnistas, habló de este asunto. ¿Por qué será? ¿Les dicen de qué deben escribir o ellos y ellas saben de qué deben hacerlo para no molestar a los que mandan?
Y en medio de todo ese silencio selectivo, lo que queda es una sensación bastante conocida en Canarias: la de estar siempre en la sala de espera de decisiones que se toman en otra parte… o que directamente no se toman.
Porque aquí no hablamos de teoría, hablamos de presión real sobre servicios, sobre recursos y sobre una realidad migratoria que no admite ni planteamientos ni desplantes. Y cuando llega el momento de sentarse, algunos se levantan; y cuando toca hablar, otros miran para otro lado.
Mucho titular, mucho gesto y poca concreción. Y mientras tanto, Canarias, otra vez, haciendo de frontera, de laboratorio y de excusa.
No hemos sabido nada de los que escriben en algunos medios, ni de los que lanzan diatribas en emisoras de radio o televisión sobre la subvención al combustible por parte del Gobierno Autónomo. El vicepresidente canario anunciaba una cesta de la compra con 45 productos básicos con el tipo cero del IGIC. Dos meses más tarde aún no se sabe a cuáles les afectará, aunque hay muchos —y de esto no se enteran algunos cargos públicos— que tienen el tipo 0 del IGIC desde el 2022.
También el aumento rápido del precio de gasolina y diésel en Canarias levantó sospechas en el Gobierno, encabezado por Manuel Domínguez, otra vez. Se solicitó a la Dirección General de Comercio y Consumo un informe sobre el encarecimiento inmediato de los combustibles tras la guerra de Irán. ¿Han sabido de algo de ese reporte?
El rápido aumento ha causado sorpresa y, según Domínguez, es inesperado que los precios hayan subido en el Archipiélago justo el mismo día en el que comenzó el conflicto. El también vicepresidente también afirmó que esta subida inmediata es una situación anómala, sin precedentes, y por ello han solicitado un expediente para investigar las causas.
Fue la semana también en la que le dieron el aval ambiental del tren en Gran Canaria, con lo que ellos van por delante y en Tenerife por detrás. Hay una tímida esperanza en esta isla, ya que aquí se incluirá la estación del tren en la reforma de la terminal del aeropuerto, y eso, como la bebida isotónica, da alas.
No obstante, conviene no lanzar las campanas al vuelo todavía. Porque mientras en Gran Canaria ya se habla de tramos, plazos y hasta de financiación europea, en Tenerife seguimos moviéndonos entre estudios, integraciones futuras y buenos propósitos.
El tren aparece y desaparece del debate público según sople el viento político, y eso genera más ilusión intermitente que certezas. Que sí, que poner la estación dentro del aeropuerto suena moderno, práctico y hasta necesario… pero si lo único que tenemos es el plano, seguimos en el andén mirando cómo pasan los proyectos de largo.
Pero hay más. La pasada semana, mientras estábamos fuera, el director de esta plataforma, José Carlos Marrero, escribió en El Cotarro un extenso artículo sobre obras que duermen hoy el sueño de los justos, que se publicitaron en medios escritos, hablados y en televisiones, y de los que nunca más se supo.
Hablaba José Carlos de la Playa de Las Teresitas, que es un lugar para ir y volver a la capital, porque allí no hay nada. Del, como él lo llama, “cortocircuitado” circuito del motor, del que hace tanto que hablamos que ya no hace falta que lo construyan.
De la vía de cornisa, que debería cruzar de San Andrés a La Laguna, de la lagunera rambla “V Centenario”, que atravesaba la autopista TF-5. Del puente fantasma que aparece cuando estamos llegando a Santa Cruz y que no conduce a ningún sitio y que supuestamente conectaría la TF-2 con la autopista del Norte, la TF-5 a la altura del Hospital de La Candelaria.
También incluía una referencia al remate final de la “Vía de Ronda” lagunera de la que se hablaba hace 25 años y que iba a dar una salida a varios puntos. Según se dijo, en aquel entonces, ese tramo era parte del viario y serviría para descongestionar el tráfico en el casco histórico.
No sería hasta el mandato de Fernando Clavijo como alcalde cuando quedaría clasificado como suelo urbano. Nada se ha hecho en este sentido. Nos hemos acostumbrado a que todo acabe en una rotonda: la del final de esa vía y la que está más adelante en Las Mercedes.
A esa lista de proyectos dormidos se les podrían añadir otros tantos que han ido apareciendo en planes insulares y autonómicos durante años, con nombres técnicos y presentaciones impecables… pero con ejecuciones inexistentes. Informes, estudios de impacto, exposiciones públicas, alegaciones y vuelta a empezar.
El problema ya no es solo que no se hagan, es que se anuncian como si estuvieran a la vuelta de la esquina. Y mientras tanto, la realidad diaria —colas interminables, accesos colapsados y alternativas que no llegan— sigue siendo la misma de hace dos décadas.
Porque al final, Tenerife ha perfeccionado una especie de urbanismo de promesas: infraestructuras que viven mejor en el papel que sobre el terreno. Cada legislatura recupera alguna, la desempolva, la actualiza y la vuelve a presentar como novedad.
Y así vamos, de rotonda en rotonda y de titular en titular, construyendo más expectativas que carreteras. Lo preocupante no es que haya proyectos pendientes —eso es normal—, lo preocupante es que empiecen a formar parte del paisaje como si su ausencia fuera ya algo asumido.
Y al final, uno se queda con la sensación de que todo forma parte del mismo guion: grandes palabras para problemas enormes… y soluciones que en contadas ocasiones terminan de aterrizar. Da igual si hablamos de guerras que amenazan con arrasar civilizaciones enteras, de conferencias que no se celebran o de infraestructuras que llevan décadas en fase de promesa. Cambian los escenarios, cambian los protagonistas, pero el resultado es el mismo: mucho ruido y pocas nueces.
Porque mientras el mundo juega a tensar la cuerda y la política nacional se enreda en sus propias estrategias, aquí seguimos esperando. Esperando a que lleguen los fondos, a que se tomen decisiones y a que, de una vez por todas, alguien pase del discurso a los hechos. Y entretanto, Canarias hace lo que mejor sabe: aguantar, adaptarse… y seguir tirando. Pero cuidado, porque una cosa es resistir y otra muy distinta acostumbrarse a que nada cambie.
* José MORENO GARCÍA
Periodista.
Analista de la actualidad.
Islas Canarias, 11 de abril de 2026.



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