La difícil conciliación de los españoles
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Eligio Hernández Gutiérrez *
Al iniciar mis estudios universitarios, le pregunté en mi pueblo natal de El Pinar, a Jose Padrón Machín, escritor, periodista, autodidacta, de vasta cultura, que había sufrido cautiverio en los campos de concentración, y persecución, y sentó las bases de mi formación cultural y política: Don José: ¿cuándo me explica usted lo que es el socialismo? Me dio la siguiente respuesta: “Mi hijito, tienes que leer a Cervantes y a Galdós, primero cultura y luego política”. Que claro lo tenían aquellos socialistas republicanos.
Desde entonces en mi mesa de noche están los Episodios Nacionales y el Quijote, que releo todos los días. Las tempranas lecturas del Galdós han cimentado toda mi formación cultura e intelectual, y, sobre todo, mi amor a España. Galdós es el paradigma del amor a España. Fue uno de los “hacedores” intelectuales del clima liberal enmarcado por las fechas 1876-1936 (Juan Marichal).
En la introducción de la primera edición que leí de los “Episodios Nacionales”, decía Federico Carlos Sainz de Robles, cronista de la Villa y Corte: “Lope de Vega y Galdós son los dos genios españoles que más obsesivamente se entregaron a la ejemplar tarea de desvivirse por España. Tuvieron una exaltada fe única: España. Creyeron a pie juntillo que nada valía tanto como ser español. No pensaban sino en España. No hablaban sino de España. No se notaban inspirados sino por España. Disculparon fácilmente, cuando no encubrieron con ladino regocijo los males de España”.
En boca de su personaje de “Trafalgar” de la primera serie de los Episodios, exclamó: “Cercano al sepulcro y considerándome el más inútil de los hombres, aún hace brotar las lágrimas de mis ojos el amor santo a la Patria”. Don Salvador de Madariaga dijo que: “Galdós miró a España como sólo un escritor de su genio sabe hacerlo, y, a continuación, la pintó. Galdós vio la España real. Fue el Velázquez literario y el poeta épico de la España del siglo XIX. Le presentó España a España. Fue el maestro de la sensibilidad del pueblo español del siglo XIX, y la conciencia histórica de España”.
La admiración de JP Machín por Galdós le llevó a plagiar el título de sus Memorias: “Memorias de otro desmemoriado”, en las que expresa el mismo sentimiento legado por Galdós: “Debo al ilustre maestro de nuestras letras el haber aprendido a amar a España y a conocer a sus hombres. Entiendo que todo hombre tiene dos patrias, la grande, España, y la chica, aquella donde se vio la luz primera. Trabajar por la patria chica es también hacerlo por la grande”.
También dijo Galdós “La lucha por la democracia y la justicia social es dura y exige un valor indomable y una abnegación sin límites (Galdós. Valladolid, 27 de marzo de 1910”). Voy a irme con Pablo Iglesias. Él y su partido son lo único serio, disciplinado, admirable, que hay en la España política. […] ¡Es por el socialismo por donde llega la a aurora” (El Imparcial, 13 de mayo de 1910)
De la lectura del Quijote, nació mi vocación judicial, con el consejo que le dio Sancho al nombrarle gobernador de la Ínsula, que ha inspirado mi actuación profesional: “Si acaso doblares la vara de la justicia que no sea por el peso de la dádiva sino de la misericordia”.
Al comenzar mis estudios de Derecho y Filosofía y Letras, con una pléyade de brillantes profesores, aprendí del filósofo Emilio Lledó que la libertad de expresión no tiene sentido sin la libertad de pensamiento, y llegué pronto a la conclusión de que no se podía amar a La República, cuyo legado cultural me enseño José Padron Machín, contra la otra media España, como vaticinó Larra: “Aquí yace media España, murió de la otra media”. Me convertí entonces en un impenitente conciliador sabiendo que los conciliadores en España estaban destinados al fracaso.
Fue cuando empecé a estudiar los errores y aciertos de II República y de los vencedores de la contienda fratricida. En la Republica se cometieron graves errores, que no he dudado en señalar en varios artículos, pero el nivel intelectual, cultural y científico de los profesionales del Derecho, de los investigadores científicos, y de los profesores humanistas, la mayoría exiliados a México, no ha sido superado.
El escritor Carlos Fuentes ha dicho: “La afluencia de talentos fue tal que nos dio la modernidad a la sociedad mexicana, crearon una nueva cultura y abolió el antihispanismo presente desde la conquista”. Me he pasado 60 años de mi vida reivindicando y haciendo justicia histórica al Dr. Negrín, presidente del Gobierno de la II República, maestro científico de grandes maestros y gran estadista.
Al mismo tiempo, he conocido y tratado a personalidades ilustres y honorables que ostentaron cargos públicos durante el franquismo, cuya obra tuvo una gran repercusión en el advenimiento de la democracia, naturalmente, dentro de los límites de una dictadura, como las Leyes de Procedimiento Administrativo y de lo Contencioso- Administrativo, que posibilitaron el control de la legalidad administrativa de las Administraciones Públicas, excepto de los actos políticos´; la creación del prestigioso cuerpo de funcionarios Técnicos de Administración Civil del Estado, de López Rodó; la mejor ley de Educación que ha habido en España, de Villar Palasí y los importantes avances en la legislación social de Girón de Velasco, que sentó bases para la Seguridad Social en España, creando instituciones como Universidades Laborales y el Seguro de Enfermedad, aunque la unificación definitiva de la Seguridad Social ocurrió después de su gestión.
Tengo amigos en la derecha, liberales y demócrata cristianos parangonables a los que gobiernan en la Unión Europea. Siempre he abogado por una coalición o pacto de legislatura, -como ha sucedido en Alemania entre la a democracia cristiana y el SPD, más antiguo que el PSOE-, entre éste y el PP, que con el 70% de los votos sin los cuales no habrá gobernabilidad en España, que no tiene sentido de que dependa de los siete votos de JunstxCat, que, como dice Javier Cercas, procede de un partido de derechas que el procés transformó en un partido de ultraderecha.
He procurado sembrar un humilde grano para lograr algún día la unidad de España, consciente que, no una, sino las dos Españas, me helarían el corazón. Me ha animado en ese reto el ejemplo de los conciliadores, ideológicamente contrapuestos, como Menéndez Pelayo, que presentó a Galdós para la RAE pronunciando el más noble de los discursos de bienvenida.
Galdós presentó a Pereda: “Sus juicios tan severos es la mejor prueba de la consistencia de su doctrina y del afecto que me profesaba. Ni usted es tan clerical como se cree ni yo tan furibundo librepensador como suponen otros”. Clarín y Galdós defienden la candidatura de Menéndez Pelayo, católico a machamartillo, que escribiera la “Historia de los Heterodoxos Españoles. Cuando en 1901 se estrena Electra de Galdós, la obra teatral más anticlerical de la época, Menéndez y Pelayo asiste en la primera fila.
Los intentos o de conciliación han fracasado siempre, porque los españoles solemos estropear lo que hemos hecho bien, como la Constituciones de 1812, y 1931, y ahora estamos corriendo el riego de que se frustre también la de 1978, pues la intransigencia ha sido la flor nefasta de la vida política y social en la España Contemporánea.
Ya en el siglo I de la Era cristiana, el más grande historiador de la Galia Narbonense, dijo: “Los españoles tienen bien preparado el cuerpo para la abstinencia y la fatiga, y el ánimo para la muerte. Son de una frugalidad duradera y austera, prefieren la muerte a la deslealtad con el amigo. Prefieren la guerra al descanso, de modo que, si les falta enemigo extraño, lo buscan en casa”.
Cuando se produjo el pronunciamiento del general Rafael de Riego en enero de 1820, obligó al sátrapa Fernando VII a jurar la Constitución de 1812, restaurando el liberalismo, los mimos liberales, clamaron: “el libre pensamiento defiendo y proclamo en alta voz, pero muera el que no piense como pienso yo”. Más tarde, en la contienda fratricida, dijo también Azaña: “El enemigo de un español es siempre otro español”.
Se ha frustrado también el espíritu de la Transición cuya fuente nutricia fue la Constitución de 1978, la única de las 10 anteriores que logró la reconciliación y concordia por primera vez en la historia de España, y supuso, como ha dicho Alfonso Guerra: “Un armisticio tras una guerra civil, 40 años de dictadura y dos siglos de enfrentamientos civiles”, que ha posibilitado durante cuarenta años el modelo constitucional de convivencia en paz, estabilidad política, y progreso económico y social más fecundo que ha tenido España en toda su historia.
Estamos asistiendo a una crispación política atroz en el Parlamento, mediáticamente propagada y fomentada, que impide cicatrizar la «doble herida», que ha caracterizado la turbulenta y dramática historia contemporánea de España, desgraciadamente, y originado, «La progresiva separación entre los españoles y la creciente división entre las regiones«, de la que ha hablado Laín Entralgo.
Fue la izquierda la que durante la Transición impulsó y logró aprobar la Ley de Amnistía de octubre de 1977, defendida en el Congreso por el líder sindical comunista Marcelino Camacho, muchos años preso en las cárceles franquistas, que se refirió “a la necesidad de una reconciliación nacional entre los que nos habíamos estado «matando unos a otros», y dijo que los comunistas «hemos enterrado nuestros muertos y nuestros rencores”, cumpliendo así la Declaración del PCE sobre la reconciliación de los españoles y el cambio pacífico, aprobada en el verano de 1956 por el Comité Central en Checoslovaquia, que me hicieron llorar, estando presente en el hemiciclo como espectador, pero siempre nos acecha un enemigo en las curvas ilusionadas de nuestra historia.
Las Leyes de Memoria Histórica de los señores Zapatero y Sánchez, que el profesor Alejandro Nieto, en su libro ”Entre la Segunda y Tercera Republica(XIII)”, ha calificado como “modelos de sectarismo político y de incorrecciones técnicas que bastarían para justificar no ya su rectificación, sino su olvido”, han vuelto a dividir a los españoles, y a ocasionar una polarización cainita que ha herido gravemente a la democracia española y perturbado la pacífica convivencia civil y por primera vez en la historia la unión de las dos Españas, que se había obtenido con la Ley de Amnistía de 1977, aprobada por una inmensa mayoría parlamentaria.
Efectivamente, La ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía, que puede considerarse el segundo “Abrazo de Vergara” de la historia de España, se aprobó por 296 votos favorables, 2 en contra y 18 abstenciones. La Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática, se ha aprobado por 173 votos a favor, 159 en contra y 14 abstenciones, en el Congreso, y por 128 votos a favor, 113 en contra, y 18 abstenciones, en el Senado.
En mi incansable dialogo con todas las fuerzas políticas para el entendimiento pacífico de las dos Españas, me he negados a dialogar con los extremos políticos, aquellos, como, decía Galdós que matan a los pueblos por parálisis, como con los revolucionarios de nuevo cuño los matan por el mal de San Vito, conocida como enfermedad degenerativa.
Sin embargo, siempre he defendido que, para una democracia sea plena, deben existir partidos políticos a la izquierda, del PSOE, constitucionalistas no independentistas, que nos exija permanentemente a los socialdemócratas que toda izquierda debe priorizar las políticas sociales, entre otras, como la sanidad públicas, la vivienda, la creación de una banca estatal al lado de las privadas, la seguridad social, y otras que luchen contra las lacerantes desigualdades y los excesos del capitalismo neoliberal, y las reformas fiscales que contribuya a la distribución justa de la riqueza justa de la riqueza.
He respetado, apreciado y admirado a algunas personas y políticos, arquetipos de la izquierda que me han servido de acicate y ejemplo para afrontar los a veces difíciles problemas de mi gestión política.
* Eligio HERNÁNDEZ GUTIÉRREZ
Presidente de la Sociedad Civil de Canarias.
Abogado en ejercicio y Magistrado jubilado.
Embajador de la Marca Ejército.
Ex fiscal general del Estado y ex miembro del Consejo de Estado.
Ex diputado en el Parlamento de Canarias.
Ex Gobernador Civil de S/C de Tenerife y Delegado del Gobierno en Canarias.
Ex miembro del Tribunal Superior de Justicia de Canarias.
Académico de la Academia Canaria de la Lengua.
Licenciado en Derecho por la Universidad de La Laguna (ULL)
Diplomado en Derechos Humanos por la Universidad de Estrasburgo.
Vicepresidente de la Fundación Juan Negrín.
Militante socialista.
Cristiano militante.
Santa Cruz de Tenerife, 17 de febrero de 2026.



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