VISIONES ATLÁNTICAS / 228
Ángel escultórico

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Hugo Luengo *

 

 

Las universidades del mundo angloparlante, inglesas y americanas, se han visto arrastradas en la globalización, por la “cultura de la cancelación”, que ha afectado directamente su calidad académica y su economía. Nos cuenta Niall Ferguson desde el Reino Unido y la universidad americana, que han sido raptadas por el “virus woke”, en palabras de Richard Dawkins, lo que viene a ser un “neocomunismo gramsciano”, desarrollado con los progresismos del DEI (diversidad, equidad e inclusión).

 

Que genera costosas estructuras de control interno, un marco orweliano que deriva hacia la uniformidad del pensamiento, imponiendo la “cultura de la cancelación”. Vigilantes del pensamiento único, que está en la base de la decadencia de los estándares académicos. Nada más lejos de la universidad, ámbito de tolerancia, de crítica, de libertad de expresión y pensamiento, que obliga a sus órganos rectores a mantener la neutralidad, como esencia académica e institucional.

 

Las sociedades polarizadas de la globalización y su decadencia, no son ajenas a este fenómeno, que ha mutado la naturaleza de las democracias liberales y sus Constituciones, y nos llega cerca. Aquí tenemos el proceso de protección del Ángel de la Rambla de Santa Cruz y su entorno arquitectónico.

 

Se trata de valorar si esta pieza conforme a la nueva “Ley de Memoria Democrática” del 2022, al margen de su carácter anticonstitucional por opuesta a la Ley de Amnistía de 1977, y su aplicación conforme a la “Ley del Patrimonio Cultural de Canarias” del 2019, es merecedora de protección. Aquí como BIC, Bien de Interés Cultural, se cataloga como monumento, o sea “realización arquitectónica y de escultura con valores histórico artísticos y arquitectónicos”, con carácter sobresaliente.

 

En el trámite BIC dos frentes, el contrario que sitúa la conclusión desfavorable de llegada, para luego montar su argumentario previo de salida. Viene representado por el área de Patrimonio de los Museos del Cabildo de Tenerife, donde le piden un informe histórico-artístico y se desliza en la historia a la prensa de 1966, para sostener una imaginería del Ángel, que pudiera sostener miles, entre ellas las de nuestra tradición religiosa, más cercana a la que sostenía el propio Juan de Ávalos, y se conforma con acoplarse a su incompatibilidad con la Ley de Memoria.

 

Aparece la ULL, desde su Facultad de Bellas Artes, con dictamen curiosamente firmado por un vicerrector de su claustro, donde el esfuerzo lo centra en su valor no sobresaliente. Que al menos debiera ejercerlo con “proporcionalidad”, atendiendo al nivel representado en Tenerife, donde existen 181 BIC, donde el Ángel se situaría en posiciones avanzadas. En ambos casos se ignora que el Ángel y su soporte arquitectónico son un conjunto urbano indisociable.

 

A favor dos Reales Academias de las Artes, la San Miguel de Canarias y la de Extremadura, que sitúan la excelencia de la obra de Juan de Ávalos, “Monumento a la Paz”. De una escultura única en Canarias, de un periodo donde se buscaba la espectacularidad y el colosalismo, que resume la herencia de una época y sociedad propias de nuestra historia e identidad. En el debate de la cancelación, aparecen los “equidistantes”, en este caso el Colegio de Arquitectos, que prefiere trasladar su decisión al ciudadano.

 

Sería admisible su postura, si no hubiera sido la entidad ciudadana que a finales del franquismo lideró la “Expo Internacional de Esculturas en la Calle”, referente luego nacional. Con ello resulta que la pieza del Ángel y su entorno, se han integrado en el circuito de esculturas urbanas de Santa Cruz. En el 2023, se realizó una encuesta entre arquitectos, historiadores, artistas y de bellas artes sobre sus esculturas preferidas en Santa Cruz, entre las 10 primeras el Ángel Caído y el Monumento a los Caídos de la Plaza de España.

 

Nos dice la canadiense Rachel Cusk, en su última obra “Desfile”, que el fin último del arte es la destrucción de la autoridad, y donde aborda temas como identidad, los roles de género o la necesidad humana de creatividad y libertad. Por eso el “woke” cancela el arte, como han hecho todos los regímenes autoritarios a derechas e izquierdas. El arte impulsa el pensamiento, anticipa fenómenos imprevisibles, es regenerador, lo persiguen contra nuestra identidad y nuestra historia. Los ciudadanos tendremos que recuperar la cordura y la paz.

 

*  Hugo LUENGO BARRETO

Arquitecto y bodeguero.

 

Islas Canarias, 24 de marzo de 2025

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