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Por Paula Jover Linares *

 

 

Uno de mis tuits más polémicos y comentados es el de un vídeo del campeonato de lucha canaria que se celebró en la Plaza de España de Santa Cruz de Tenerife con motivo del Día de Canarias en 2025. Me llamó la atención que la mayoría de los luchadores eran africanos y animé en mi publicación a parar el efecto llamada de la inmigración masiva y descontrolada para evitar, entre otras tantas cosas, el reemplazo poblacional.

Este tipo de imágenes ya es común en nuestras islas en zonas de baño y lugares de esparcimiento público pero, ¿cómo no va a serlo si en 2024, año récord de llegada de cayucos a Canarias, arribaron a nuestras costas casi 47.000 inmigrantes ilegales de los cuales 24.000 lo hicieron a El Hierro, una cifra que triplica la población de la Isla del Meridiano?

Algunos me tildarán de racista y otros apelarán a que el grueso de la inmigración ilegal que recibe España es de origen hispanoamericano. Pero ni lo uno ni lo otro. Es una cuestión de seguridad y de sentido común, de proteger lo nuestro: una cosa es el volumen de los que llegan y otra diferente la evaluación de los riesgos según el origen de la inmigración. Las fronteras aéreas no suponen el mismo riesgo para nuestra seguridad nacional que las fronteras marítimas.

Basta con echar un vistazo a los Informes Anuales de Seguridad Nacional o a estadísticas como la que apunta a que en 2025 cierto origen migratorio representó más de la mitad de las detenciones por terrorismo. Otros ejemplos más cotidianos y actuales: evaluemos el asesinato de Louis en Narbona a manos de un grupo de jóvenes de origen extranjero o lo que sucederá con ocasión del partido del Mundial Francia-Marruecos el jueves 9 de julio.

Volviendo al reemplazo poblacional, en cuanto a los negacionistas y a aquellos que lo consideran una teoría conspirativa, dato mata relato: 4 de cada 10 niños menores de cinco años en España es de origen extranjero y mientras que las mujeres españolas tienen 1,12 hijos de media, las mujeres asiáticas duplican esa cifra y las mujeres africanas casi cuadriplican esa cifra.

¿Qué ocurre si un país mantiene constante una fecundidad muy baja entre la población nativa mientras recibe una inmigración masiva y desordenada? La pregunta se responde por si sola.

Pero es que además, la propia ONU en la búsqueda de un Pacto Global para la Migración, en su informe del año 2000 “Replacement Migration”, antesala del Pacto de Marrakech que finalmente se suscribiría en 2018, expone abiertamente la teoría del reemplazo y contempla la llegada a Europa de 13 millones de inmigrantes al año hasta 2050 (pág. 3  https://www.un.org/development/desa/pd/sites/www.un.org.development.desa.pd/files/unpd-egm_200010_un_2001_replacementmigration.pdf ). ¿Qué es esto sino la sustitución de la actual población europea?

Afortunadamente y a pesar de la miopía del gobierno sanchista y el buenismo de las formaciones políticas presentes en las instituciones canarias excepto VOX, parece que algo se mueve en Europa enfrentado a la propuesta de las élites globalistas. El nuevo Pacto Europeo sobre Inmigración y Asilo que lleva cocinándose desde 2023 entró en vigor en junio con importantes cambios.

Dos de sus diez textos legislativos, el Reglamento Eurodac y el Reglamento de Retornos, suponen un paso decidido para contener las fallidas políticas de fronteras abiertas. Suponen la sustitución del efecto llamada por el efecto retorno.

El reglamento Eurodac, robusteciendo y ampliando la base de datos europea, incluirá a partir de ahora no solo a los solicitantes de protección internacional sino a todos los que entren ilegalmente a Europa desde los 6 años de edad y también permitirá comparar huellas dactilares.

En cuanto al reglamento de retornos, podrá dar respuesta a la demanda de VOX de repatriación de ilegales, deportación de delincuentes y reemigración de quienes vienen a vivir del esfuerzo de los demás.

El multiculturalismo fallido y el drama que viven determinados países europeos que antes que España abrazaron una inmigración descontrolada ha servido para que los Estados Miembros se replanteen sus políticas de puertas abiertas, para que Europa comience a despertar.

 

La llegada de ciudadanos de origen de culturas incompatibles no ha resultado en una convivencia pacífica. Se trata de culturas donde queda mucho para la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, la homosexualidad es un delito o se permite la poligamia.

 

Incluso nacionales de los países de origen de la inmigración ilegal, como es el caso de Hassan II, rey de Marruecos hasta 1999 coinciden en las dificultades e incluso imposibilidad de integración. En este sentido, no olvidemos lo que supone la renuncia, abandono o rechazo formal de una persona a su religión entre musulmanes, llegando a considerarse la apostasía delito grave en algunos países.

 

Comienza una nueva etapa en la UE. Se está recuperando el sentido común en la protección y control de las fronteras para mantener la libre circulación de personas entre los Estados Miembros, nuestra seguridad y nuestra identidad.

 

En España, en cuanto caiga el Gobierno que se dice “de progreso” podremos además revertir esas políticas de ingeniería social de llamada a la inmigración ilegal y a regularizaciones masivas y de nacionalizaciones exprés que son una táctica para dar un vuelco electoral y perpetuar a la izquierda de este país en el poder (por más que en su arenga se refieran a la necesidad de proteger los derechos humanos de los inmigrantes).

 

Además, cuando se “desokupe” la Moncloa, llegará el momento de que en España se coloque a las familias en el centro de las políticas públicas, de apoyarlas decididamente a través de políticas de conciliación familiar mucho más contundentes, ayudas económicas directas por hijo y un ambicioso Plan Nacional de Natalidad que reduzca el IRPF o convierta la educación infantil en universal para poner en el lugar que se merece a la célula básica de la sociedad y revertir con ello nuestro suicidio demográfico.

 

En cuanto a los habitantes de países terceros, nos preocupan. En Canarias, por supuesto los de nuestro continente vecino. Dejemos de tratarles con desprecio animándolos a un viaje mortífero que en el mejor de los casos acaba en el desarraigo. No condenemos a África a ser un continente de desigualdad y subdesarrollo. No olvidemos que existe un derecho a no emigrar. Igual que existe una obligación de quienes gobiernan de trabajar por y para sus nacionales.

 

 

*  Paula JOVER LINARES

Diputada en el Parlamento de Canarias por VOX

Presidente del Grupo Parlamentario VOX en Canarias

Licenciada en Derecho

Licenciada en Ciencias de la Información

Máster en Derecho de la Unión Europea

Funcionaria en servicios especiales.

 

 

Santa Cruz de Tenerife, 8 de julio de 2026

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