¿Dónde vas
Argelia?

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Juan J. Pérez Piqueras *

 

El régimen argelino es singular, diferente al resto de naciones del Magreb, tiene una característica que lo identifica, la existencia de una «tricefalia» que intervienen y pretenden el poder, no siempre enfrentados. Existe un poder real detentado por el Ejército y sus Servicios de Inteligencia (DRS/CSS), y otro, el formal, encarnado en la figura del presidente. Un tercer actor que también interviene, el partido político dominante desde la independencia, el Frente de Liberación Nacional (FLN). La pugna entre ellos por el control del Estado ha marcado la vida política de Argelia desde su independencia, el 5 de julio de 1962. Hace unas semanas que este régimen ha cumplido 59 años desde su independencia de Francia y continúa con esta singularidad.

 

Su historia política ha pasado por varias situaciones, pacíficas y convulsas, que en un resumen ajustado se puede reducir en cuatro etapas:

 

Una primera, al mando de Huari Bumedian (en 1965 sustituye al primer presidente, Ahmed Ben Bella, tras un golpe de estado), que consolida un régimen socialista alineado a los países del bloque del Este (de la URSS), erigiéndose en el adalid de la causa del Movimiento de los Países No Alineados, que a mi juicio no deja de ser una gran contradicción. Es la etapa cuando Antonio Cubillo es acogido y apoyado en su fervor independentista de Canarias.

 

Una segunda surge tras el fracaso del modelo político y económico del bloque del Este y de la desintegración de la Unión Soviética, en 1991, con el presidente Chadli Ben Djedid. La situación venía de unas graves revueltas en 1988 que obliga al presidente a recurrir a una nueva constitución, intenta una apertura democrática a favor de los vientos que corrían a la caída de la URSS y legaliza nuevos partidos políticos que rompe el monopolio del FLN. E incluye, entre otros, al Frente Islámico de Salvación (FIS). Pretende pasar a un sistema de multipartidismo controlado.

 

Una siguiente fase, más convulsa, donde el islam político (el FIS) que había aprovechado las revueltas citadas de 1988 para organizarse, consigue ganar la primera vuelta de las elecciones generales de diciembre de 1991. Ante esta situación (partido integrista que propugna una teocracia, un Estado islámico basado en el Corán y la Sharía), que anuncia su inmediata imposición si gana la segunda vuelta, el ejército lo considera como una grave amenaza para la nación y reacciona mediante un golpe de estado al régimen de Ben Djedid. Anula la segunda vuelta electoral e ilegaliza al FIS, cuestión que origina una violenta guerra civil (donde se desata una crueldad inimaginable) que dura una década y provoca unos doscientos mil muertos. La etapa democrática dura apenas unos meses.

 

Una fase más, que llega en 1999 con Abdelaziz Buteflica, militar y líder del partido hegemónico FLN, apoyado por ambas instituciones, presidencia que dura hasta su destitución, el 2 de abril 2019, acosado por las continuas protestas ciudadanas. Solo remarcar que este presidente intenta pacificar a una sociedad dividida tras la guerra civil sufrida. Promulga en 2005 una Carta por la Paz y la Reconciliación Nacional con la que espera pasar página definitivamente de la tragedia nacional, aprobada en consulta popular con mayoría absoluta del 97% y participación del 82% (datos oficiales), y firma un decreto de amnistía que libera a todos los islamistas que permanecían detenidos. Pero asume la misma singularidad descrita en un equilibrio entre los protagonistas que le han apoyado, no tanto por el antiguo Servicio de Inteligencia (DRS) que marca sus diferencias. Y excluye, durante sus cuatro mandatos, a la sociedad civil como hasta la fecha se venía haciendo.

 

Y en esta situación entramos en la etapa actual, cuando Buteflika, ya octogenario y enfermo, intenta un quinto mandato y se le obliga a renunciar, gracias a esa sociedad civil de jóvenes que se organizan en el denominado Movimiento Hirak, que viene manifestándose pacíficamente todos los viernes a partir de febrero de 2019, con la excepción de los meses duros de la pandemia del Covid-19. Exigen un cambio político profundo y el desmantelamiento del sistema singular que perdura desde la independencia.

 

La situación actual es de inestabilidad social y política, la información está controlada, los medios argelinos están presionados desde que se iniciaron las manifestaciones de los jóvenes organizados y a algunos periodistas extranjeros se les ha retirado la corresponsalía para evitar que informarán sobre la situación del país, «por hostilidad manifiesta», antes y después de las legislativas del pasado 12 de junio.

 

Decir, también, que el presidente Abdelmayid Tebún, que llega al poder en diciembre de 2019 (elección amañada, según editorial de Le Monde del 5 de junio de 2021), ha tenido una oportunidad para normalizar la situación política y social. Venía ensalzando al movimiento popular por su «madurez y haber detenido la perspectiva de un quinto mandato de Buteflika», pero emprende la detención masiva y desproporcionada de integrantes de este movimiento, algo inconcebible. Si pretendía consolidar su legitimidad en el poder, ha resultado un bluf, por la gran abstención obtenida por la oposición y el movimiento Hirak, donde la participación no ha llegado ni al 24%, por un boicot generalizado con éxito.

 

Y así se mantiene el problema, sigue el desprecio y la humillación a esa mayoría de jóvenes, la singularidad continúa…

 

Ante este panorama cabe la pregunta del titular: ¿Quo vadis, Argelia? ¿Qué final esperas para tu pueblo…?

 

*  Juan José Pérez Piqueras

Coronel de Infantería (Retirado)

Técnico superior de Inteligencia Militar.

Diplomado en Análisis de Yihadismo en la Universidad Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla.

Miembro de la Asociación Española de Militares Escritores.

 

 

Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias – ESPAÑA)

17 de agosto de 2021.

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