El ciudadano al servicio de la Administración

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Remigio Beneyto Berenguer *

 

 

Desde siempre he pensado e incluso he estudiado que la Administración está al servicio del ciudadano. Los ciudadanos pagamos nuestros impuestos, que no son pocos, para que las distintas Administraciones, que tampoco son pocas, nos ayuden en la gestión de nuestros intereses.

 

He de decir que normalmente siempre he encontrado a esos funcionarios amables, ágiles, con ganas de trabajar y de “servir” a los ciudadanos, conscientes de que ellos son los que les pagan a través de sus impuestos.  Pero el otro día me pasó una historia que me sorprendió. Quizá porque soy bastante negado en cuestiones de informática y de nuevas tecnologías, pero en cualquier caso resulta chocante.

 

Acudí a una Administración, pidiendo un duplicado del NUSS (Número de Usuario de la Seguridad Social) para mi hija, ya que en el Colegio no se había recibido el suyo. Muy amablemente el funcionario que se encontraba en una mesa, a pesar de no haber ningún administrado más en la Oficina, y varios puestos libres de funcionarios, me dijo que cogiera el número para ver a qué mesa se me asignaba el servicio. Me salió el puesto 10.

 

Allí acudí, y me encontré con otro funcionario muy amable, que me pidió toda una serie de papeles, que por casualidad llevaba encima. En caso contrario, hubiera tenido que hacer otro viaje ya con los papeles preparados. Yo esperaba con ansia ese duplicado inmediatamente, porque no había más gente en la Oficina, y muchas mesas libres con sus correspondientes funcionarios. Pero la ilusión se me desvaneció inmediatamente.

 

El funcionario fotocopia los papeles y después de operar en su ordenador, me facilita una clave. Con esa clave debía irme a un rincón donde había dos ordenadores. Allí yo debía extenderme el duplicado. Es algo así como un “self-service” administrativo. Y ahí es donde empezó la aventura para un negado como yo en lo informático.

 

Tenía una hoja de instrucciones al lado, hoja que debía seguir al pie de la letra para no perderme. Recuerdo que, después de poner las claves de acceso, debía seguir unos 7 pasos que me iban marcando. Los sigo todos al pie de la letra, y luego me dicen que ponga el número de móvil, e inmediatamente me llega el siguiente mensaje: “Código de un solo uso para el acceso a los servicios de la sede electrónica de la Seguridad Social”.

 

Ese código lo inserto en la página habilitada, y entonces ya puedo imprimir el documento. Pero resulta que lo que me aparece no es e NUSS, sino la Hoja de servicios de la vida laboral, donde me dice que mi hija de 14 años no tiene vida laboral. Después de quince minutos de gestiones en el ordenador y en el móvil, resulta que lo he hecho mal.

 

Pido explicaciones a un funcionario que muy amablemente me dice que lo he hecho mal, porque no hubiera debido de seguir al pie de la letra las instrucciones, porque en alguno de los pasos se abría un desplegable, y debía ver qué es lo que quería.

 

Con un tono más alto dije al funcionario que “si yo que soy abogado, no he sabido hacerlo, qué habría ocurrido si llego a enviar a alguien sin móvil y con menos conocimientos informáticos que yo”. Con tono también muy amable, me contestó que le habrían ayudado, como ayudaban a otros usuarios informáticos. Eso es lo que dijo, pero estoy seguro que pensó: “Es difícil que haya nadie más torpe que usted a nivel informático”.

 

Sigo las nuevas instrucciones, captó en el desplegable, de entre varias opciones, qué es lo que quiero, y entonces solicitó otra vez la clave, que me viene por SMS al móvil. Con esa clave, ya consigo imprimir el duplicado del NUSS.

 

He de confesar que pocas veces me he sentido más alegre de haber conseguido algo, y también pocas veces me he sentido más inútil por no saber hacer la práctica. Me daba la sensación de estar haciendo prácticas de informática. ¿Qué hubiera ocurrido si no llego a tener móvil? ¿Hubiera tenido que hacer otro viaje desde mi lugar de residencia, a más de 20 Km. hasta la Oficina de la Administración?

 

Pero la cuestión no es esa. El tema es: ¿Cuál es el objetivo de esa nueva moda, del self-service informático y administrativo? Estoy casi convencido que el problema es mío, que quizá podría conseguir ese duplicado desde el sillón de mi casa, porque si no es así, sí que no entiendo nada.

 

Me considero una persona formada en Derecho Administrativo, y me rompió un poco los moldes de mi entramado doctrinal y jurídico la nueva concepción de la Administración. En un primer momento pensé: ¿Cómo puede ser que ahora que las grandes empresas están dándose cuenta que lo más progresista, lo más moderno y lo más innovador es otra vez el trato personalizado, ¿nuestra Administración obligue a los administrados a trabajar con máquinas, haciéndose su propio trámite administrativo?

 

Descarté esta posible justificación. No podía ser esa. Un sudor frío se apoderó de mí: ¿No irán a reducir funcionarios?, pero estando tan cerca las elecciones pensé que tampoco sería esa la justificación. Sólo se me ocurrió una, salvo mejor explicación, y es la siguiente: “En un mundo donde todos quieren ser funcionarios, parece que es la propia Administración la que les facilita esa ilusión, aunque sea por un día, por un momento. Sin quererlo ni pedirlo, uno consigue su ilusión: ser un ciudadano al servicio de la Administración”.

 

*  Remigio BENEYTO BERENGUER

Profesor de la Universidad CEU Cardenal Herrera.

Catedrático de Derecho Eclesiástico de la Universidad CEU de Valencia.

Académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

 

Islas Canarias, 14 de junio de 2022.

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