El Escultismo en Tenerife durante el Régimen de Franco

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Agustín Guimerá Ravina *

 

Un camino de desarrollo personal.

 

En los años sesenta del siglo pasado Canarias volvió a disfrutar de su régimen económico-fiscal y la expansión de una nueva fórmula de turismo, donde una masa procedente del norte de Europa arribaba a las islas en busca de sol y playa. Se inauguraba así una etapa del llamado desarrollismo económico.

 

En Santa Cruz de Tenerife la única oferta del régimen de Franco a los adolescentes era entonces el fútbol -y poca cosa más- en las instalaciones del Frente de Juventudes, además de los campamentos de la Organización Juvenil Española (OJE), en donde se les inculcaba a los chicos el denominado Espíritu Nacional. Pero a los que estudiábamos principalmente en los colegios religiosos de la ciudad se nos abrió una ventana de oportunidades, con la puesta en marcha de algunos grupos scouts, herederos de los antiguos Exploradores de España.

 

El Escultismo -traducción literal de la palabra inglesa “scouting” o exploración-, había sido fundado por Robert Baden Powell en el Reino Unido a comienzos de siglo, a raíz de su libro Scouting for boys, y se había expandido exitosamente por todo el mundo, incluido nuestro país. Pero nuestra guerra civil y la posguerra se habían llevado por delante muchas asociaciones, que eran contempladas con recelo por el régimen de Franco, incluido los Exploradores.

 

Ya en la década de los cincuenta habían surgido algunas células scouts en algún centro escolar religioso de Santa Cruz, pero en los sesenta el Escultismo tinerfeño experimentó un salto de gigante, fundándose grupos en colegios como La Salle, Escuelas Pías y Salesianos. La Iglesia bendecía entonces a la dictadura y los padres que enviaban sus hijos a las actividades scouts gozaban de prestigio en la sociedad isleña. De esta manera, se llegó a un acuerdo tácito entre las partes: se toleraba el Escultismo, siempre y cuando no fuese un instrumento de propaganda antigubernamental; eso sí, sometidos a una vigilancia, un tanto laxa pero amenazante. Podía clausurarse un campamento por la decisión de un funcionario. A finales de los sesenta se crearon también grupos de chicas scouts, al amparo de estos centros religiosos.

 

De esta manera, los adolescentes de aquel entonces pudimos vincularnos a una hermandad internacional, más allá de nuestro estrecho horizonte isleño, de vocación cosmopolita, donde se predicaba el servicio a los demás, el amor a la Naturaleza –ecologistas avant la lettre-, el trabajo en equipo, el sacrificio, la capacidad de supervivencia al aire libre, el liderazgo, el valor de la palabra dada, la eficacia en la organización… la forja de un carácter.

 

Por supuesto, siendo católicos, nuestra espiritualidad estaba gobernada por la figura del padre consiliario y la misa presidía todas nuestras actividades más señaladas.  Mediante los juegos –un sistema muy moderno para entonces- aprendimos toda clase de habilidades: orientación, acampada, fuego, nudos y construcción de instalaciones de madera, morse, primeros auxilios, cocina, observación de la Naturaleza, etc.

 

Hoy sorprendería a más de un lector la visión de aquellos grupos scouts en la celebración anual de su patrono San Jorge en el llano de Las Lagunetas, en perfecta formación, bien uniformados con sus sombreros de ala ancha, pañuelos, insignias y banderines de colores, saludando a la enseña nacional en el momento de izar banderas, atendiendo a la misa o agrupados en torno a una velada de campamento, con teatro y canciones… Eran otros tiempos.

 

La verdad es que los chicos nos lo pasábamos en grande, compartiendo aquel espectáculo de color, bullicio y alegría, orgullosos de compartir unos ideales mundiales, que daban sentido a nuestras almas inquietas, deseosas de aventura.  El Escultismo sacó lo mejor de nosotros mismos, en una etapa compleja como la adolescencia, donde nuestros caminos podrían haber tomado rumbos insospechados.

Aparentemente, éramos conformistas con la situación social y política de entonces. Pero los vigilantes del régimen no sabían que en el espíritu scout residía también la semilla de la rebeldía, el compromiso de servicio en la sociedad e incluso en la política, para luchar por un mundo mejor. Muchos scouts se implicaron después en organizaciones no gubernamentales, asociaciones de vecinos y partidos políticos. Algunos de ellos fueron activos protagonistas de la Transición en España.

Mis mejores amistades se forjaron en aquellos años. El duro entrenamiento a que fuimos sometidos en nuestras excursiones y acampadas nos dio además una gran independencia y un conjunto de habilidades que nos han ayudado en el momento de afrontar los grandes retos de la vida.

Como dijo nuestro fundador, aspiremos a dejar este mundo un poco mejor de cómo lo encontramos.

¡Buena Caza!

 

* Agustín GUIMERÁ RAVINA
Historiador, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Miembro de la Asociación de Scouts Veteranos de Tenerife

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