El
Gurú

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José María Garrido Babio *

 

Cuando el Sufí dice “esto solo es verdad” está diciendo “para este tiempo, esta persona y este propósito, debemos tratar esto como si fuera verdad”. El proceso de formación de la conciencia ha seguido un largo camino en el correr de los tiempos.

 

Desde la formación de las primeras proteínas hasta la conformación del cerebro humano han pasado millones de años. La especie humana actual, es decir, el homo sapiens, salió del continente africano hace solamente unos 40.000 años. En apenas un millón de años, el volumen del cerebro ha pasado de 500 cc a 1500 cc.

 

El aumento no es sólo en la cantidad de neuronas si no que conlleva un cambio cualitativo, es decir, aparecen funciones y capacidades nueva derivadas de la complejidad de las nuevas redes neuronales que permiten la existencia de circuitos hasta ese momento inexistentes.

 

El mayor cambio se produce en la aparición de la conciencia y la reflexión, de la sensación de la propia identidad es decir del yo y de la continuidad del mismo, saber que soy “el mismo sujeto” desde mi nacimiento hasta el momento actual. Para ello ha sido precisa una labor integradora ingente de sensaciones extra e intra corporales, sentimientos, instintos, pulsiones y capacidades junto a la posibilidad de simbolización y comunicación.

 

Sobre una base estructural genética, las experiencias previas influyen en la significación de las nuevas adquiridas como un recipiente en el que se vierte agua. Pueden tratarse de paradigmas que condicionan en alto grado nuestra percepción del medio o bien ser estructuras aún flexibles que permiten su crítica y su adaptación a la realidad.

 

Es pues por medio de una relación dialéctica entre el yo dinámico y la “realidad” como se van produciendo tanto el hecho único del sentimiento de un yo perpetuo y unitario desde el nacimiento como una notable adaptación a las situaciones nuevas.

 

Es en este orden de cosas donde hay que inscribir la relación con el Otro tanto personal y social como religioso y místico.

 

Nunca estamos absolutamente solos. Cuando sentimos soledad sentimos soledad de alguien, de relación con los demás. Nuestros propios conceptos, nuestros sentimientos, nuestras palabras, la forma de vestir, de nombrar las cosas, se han elaborado en relación con los otros. Quizá el ejemplo principal lo constituya el lenguaje.

 

Tanto hablado como escrito permite la “memoria histórica” y la transmisión de la cultura, la ciencia, en conjunto de la experiencia del grupo, de la tribu de la sociedad. Tiene como consecuencia una segunda “gestación social” del individuo que, de otra forma, tendría que haber inventado continuamente lo ya efectuado por sus antecesores.

 

El plano de la experiencia mística de la consciencia es otro cantar. Se puede encuadrar dentro de dos modalidades: en el plano del aumento de la conciencia o del despertar de la conciencia. Existen dos vías completamente distintas, aunque, a veces, llegan a mezclarse produciendo resultados muy positivos e interesantes. Tenemos por ejemplo el taoísmo del que luego si les parece conveniente podemos hablar algunas palabras.

 

Un método es el llamado filosófico-científico en el que se utiliza expresamente la razón lógica. El otro método es el Chamánico que se basa en la experiencia de una persona o tipo de persona sagrada. Abundaremos posteriormente en este método.

 

Otra cosa es el pensamiento mágico que conduce a la Magia. Ha sido normal en una etapa del pensamiento humano y aún es básico en algunas culturas. El defecto fatal de la magia, no está en su presunción general de una serie de fenómenos determinados en virtud de una ley, sino en su concepción por completo errónea de la naturaleza de las leyes particulares que rigen en una serie particular completa.

 

Si analizamos los casos variados de magia, encontramos que todos ellos son aplicaciones equivocadas de una u otra de dos grandes leyes fundamentales del pensamiento, a saber, la asociación de ideas por semejanza y la asociación de ideas por contigüidad en el tiempo o en el espacio. Una asociación errónea de ideas semejantes produce la magia homeopática o imitativa, una asociación de ideas contiguas, produce la magia contaminante que cumple la ley del contacto.

 

Desde otro punto de vista, la magia se puede dividir en magia teórica (magia como seudo ciencia) y magia práctica (magia como seudo arte).  Los principios del pensamiento en los que se funda la magia se resumen en dos:

 

1.- Lo semejante produce lo semejante.

 

2.- Las cosas que una vez estuvieron en contacto se actúan recíprocamente a distancia aún después de haber perdido su contacto físico.

 

Para el mago, como para la mayoría de las personas, la lógica es implícita no explícita. Razona exactamente como digiere sus alimentos, es decir, ignora completamente los procesos fundamentales que ocurren en su mente con lo que para él la magia no existe como ciencia sino, simplemente, la magia es sólo un arte, una serie de actuaciones.

 

En los casos en que intervienen los espíritus en la magia, ésta se presenta amalgamada de religión. Dos personas pueden actuar del mismo modo y una de ellas ser religiosa y la otra no. El que actúa por temor o amor de Dios es religioso; si el otro obra por temor o amor al hombre, será moral o inmoral.

 

La magia es desde luego anterior a la religión ya que antes de aplacar a un dios, a un espíritu es necesario creer en su existencia. Después de caminar un tiempo cogidas de la mano, se creó un feroz antagonismo entre ellas al que no fue ajena la disputa por la influencia en una sociedad determinada.

 

Representándonos a nuestra sociedad como si de una persona se tratase, la etapa mágica correspondería a su infancia donde se asiste a hechos sin entender las leyes que lo regulan.

 

Según Shung-Tsi el pensamiento tipificado por el debate sobre lo correcto y lo erróneo es completamente absurdo ya que cada cosa, cada concepto, cada idea, contiene a su contraria desde que es capaz de transformarse en ella.

 

El origen de esta conducta equivocada hay que buscarlo en la percepción de la persona respecto de sí misma, en la de que posee un ego, una entidad autosuficiente, que cree es algo esencialmente   independiente y, sin embargo, es algo relativo y dependiente. Es relativo a “ti” y a “ellos” y a todo lo que existe alrededor del sí mismo:

 

La penumbra dijo a la sombra “te he visto caminar, a veces, y luego quedarte quieta. En ocasiones, te veo sentada y, luego, en pie. ¿Por qué eres tan voluble e inestable?”.

 

La sombra contestó: “me parece que dependo sencillamente de algo o sea el cuerpo. Pero aquello de lo que dependo parece actuar dependiendo de otra cosa o sea el creador. De modo que todas mis actividades, en su dependencia, se asemeja a los movimientos de las escamas de una serpiente o a las alas de una cigarra. ¿Cómo voy a saber por qué actuó así y no de otro modo?”

 

Se acostumbra a considerar que el yo es la base misma y la esencia de la existencia humana, sin la cual perdería su personalidad, su unidad, y no sería nada. El taoísmo, el budismo, sufismo, etc. dan al ego así entendido el nombre de mente. Es el punto de síntesis de todos los elementos dispares de la personalidad de un hombre, ya sean físicos o mentales. Constituye el problema del demonio del yo formado por los demonios del orgullo y de la inteligencia racional detrás de los que nos escondemos para no “ver” una realidad que nos produce displacer o simplemente que va contra nuestros intereses.

 

Este yo, esta forma de pensamiento, producto de una larga lucha por la supervivencia, tiene su espacio de actuación, pero, si no se sabe acallar cuando conviene, resulta un obstáculo insalvable para el logro del Conocimiento y estaremos encadenados a nuestra pobre y miope “realidad” enfocada hacia lo manipulativo inmediato.

 

Para definir los Estados de la mente Shung-Tsi usa las expresiones “galopar sentado” y “olvidar sentado”. A la persona corriente le resulta extremadamente difícil liberarse de la dominación del primer estado para pasar al segundo. Ya hemos visto que permanecer en este estado de la mente no es más que ceder a la tiranía del ego que, como ya hemos dicho, el hombre cree que es para sí mismo centro ontológico y su propia personalidad.

 

A la mente que actúa exclusivamente bajo forma discursiva y de razonamiento, Shuan-Tsi la llama mente acabada o coagulada. Y aquí se da la expresión de “tener a la mente por maestro”. Por ello la persona que discrimina entre las cosas y emite juicios sobre ellas, se va hundiendo cada vez más en el ilimitado océano de lo absurdo.

 

Para llegar a un estado de meditación hay que purificar la mente de deseos físicos y materiales, el “hombre sagrado” se ocupa del vientre (de su centro) y no del ojo ni del oído ya que es consciente de que la actividad centrífuga de la mente no hace más que alejarlo de la Vía.

 

Las tres fases de la iluminación serían las siguientes:

 

  • Olvido del mundo
  • Olvido de las cosas.
  • Olvido de la vida.

 

Alcanzar la Iluminación, Satori (Zen), Retorno a la Vía (Tao), Baraka (sufismo) o Éxtasis, es hacerse uno con el principio, una unidad que contiene las diez mil cosas y una inmovilidad atemporal que contiene todos los movimientos y todos los tiempos pasados y futuros.

 

“El Tao que puede ser definido, no es el Tao.”

“El Sufismo son las verdades sin forma.”

 

“Todas las presentaciones son manifestaciones de una Verdad más o menos distorsionada. Cuando una persona se vuelve celosa (se empeña en) de una de ellas, no se da cuenta que sus manifestaciones concuerdan con sus necesidades y sus intereses”

 

* José María GARRIDO BABIO

Humanista.

Doctor en Medicina.

Neurofisiólogo y neuropsiquiatra.

 

Islas Canarias, 22 de junio de 2020.

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