EL MONÓLOGO / 104
Una vida mucho más cara

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Por Pepe Moreno *

 

 

Muchas personas, miles, han acudido a una gasolinera a repostar desde ayer viernes y quizás lo están haciendo hoy sábado y seguirán en los próximos días. Y hemos oído y visto muchas casuísticas entre los que han puesto combustibles en sus vehículos e incluso entre los que han ido pertrechados con elementos en los que almacenar este líquido en sus garajes por temor a que se produzca un desabastecimiento próximamente. En realidad, buscaban eso de ahorrarse los 20 céntimos por cada litro de los que metían en sus depósitos.

 

¡Quién lo iba a decir! Un peregrinaje de varios kilómetros, una espera de quizás casi una hora y ponerse el combustible porque en las más baratas no hay operarios y todo a cuenta de cuatro o cinco euros, que no son ni muchos ni pocos, es simplemente esa cantidad que para unas economías como las que tenemos ahora pueden resultar importantes para saber qué es el ahorro.

 

Hemos visto, pues, que miles de conductores han salido a la caza del mejor precio desde bien temprano. Gracias a esos 20 céntimos por litro, que la gracia del Gobierno de Pedro Sánchez ha logrado descontar de un total muy inflado, hoy muchos cuentan las peripecias que han tenido en las estaciones de servicio. De este modo, las estaciones de servicio han vuelto a facturar cifras muy similares a las que ya tenían antes del inicio del conflicto bélico en Ucrania, que fue el que propició la escalada de precios que ahora sufrimos.

 

La gasolina 95 es el combustible más frecuente en los vehículos no comerciales en España. Su coste es más asequible que la de 98 octanos, lo cual incentiva su uso. Además, las de 95 ofrecen un mejor rendimiento que el gasóleo y diésel, y ayuda a mantener limpios los motores reduciendo las cantidades de azufre emitidas.

 

Pero es que, en los precios de ayer, antes de la rebaja subvencionada, también podríamos medir estos precios en términos pleitista, porque la gasolina 95 más barata se podía encontrar en Las Palmas, con un precio medio de 1.447 euros. Sin embargo, en Santa Cruz de Tenerife ese mismo combustible alcanzaba 1.456 euros. Y usted se puede preguntar ¿por qué sucede esto? Pues fundamentalmente porque en las islas en las que la subida ha sido mayor son La Palma, La Gomera y El Hierro, y desde mucho antes de la guerra en Ucrania.

 

De hecho, abaratar los carburantes en las llamadas islas verdes es una histórica reivindicación de sus respectivos cabildos insulares. Hace apenas un año se reunieron los presidentes del Cabildo de La Palma, Mariano Zapata, de La Gomera, Casimiro Curbelo, y de El Hierro, Alpidio Armas, para analizar nuevamente el sobrecoste del combustible en sus territorios, cifrado entonces en un 30% más respecto al del resto del archipiélago.

 

De esta forma, las tres estaciones de El Hierro están a la cabeza con 1,712 por litro, mientras que Lanzarote estaba en 1,519 euros por litro. La diferencia respecto a los precios más bajos es de 0,36 céntimos en Santa Cruz de Tenerife, y de 0,32 céntimos en Las Palmas. Por tanto, llenar el depósito de un vehículo de 40 litros puede llegar a los 68,48 euros, cuando en Tenerife se puede repostar por 50,68 euros, lo que supone un ahorro de casi 18 euros en referencia a las islas del resto de la provincia. En las llamadas Islas Verdes hay una especie de monopolio insular, y son ellos los que establecen unos precios tipos, sin competencia porque no hay otros suministradores.

 

A todo lo escrito anteriormente tenemos que los precios de esos combustibles han ido subiendo todos los días, casi de forma sibilina, por lo que ya se han comido los 20 céntimos por litro con los que el Gobierno pretendía ayudarnos a los que tenemos que movernos por nuestra geografía insular. ¿Y no hay nadie que haya podido hacer nada? Pues la verdad es que los economistas de prestigio llegaron a decir que esto no conducía a nada, pero nadie les hizo caso.

 

Tenemos además los que oí ayer por la mañana cuando algunos conductores se quejaban de que para tener descuento tenían que ir a pagar dentro de la estación y no en las plataformas en las que están los surtidores y los operarios que atienden. Ellos no hacían la rebaja porque no sabían, o no podían o era muy engorroso. Esa era la excusa, pero el dueño de la estación sí que pasaría el total de litros vendidos y cobraría la subvención fijada por Hacienda.

 

Como siempre somos los ciudadanos, los corrientes y molientes, los paganinis de una situación que a todos nos está empobreciendo y que nos saca más dinero de nuestros bolsillos. Hay estaciones que han cerrado con la excusa de que ellos no van a adelantar esta mengua porque no tienen suficientes recursos económicos para ello. Es posible que así sea, pero como todos sabemos cuándo lo han subido ya tenían los depósitos de sus instalaciones llenos de un carburante que compraron a un precio y que algunos días subían hasta en dos ocasiones. Eso sin entrar en que sube muy deprisa y baja muy lentamente, para desesperación de todos.

 

Insisto en que en esto tiene mucho que ver la falta de competencia en el sector, porque ellos son los que mantienen la gasolina y el gasoil por encima del coste real que tendrían con un mercado abierto. Según varios estudios, todo arranca con la liberalización de precios de finales de los 90. Hasta esa fecha, el tope al que podía comercializarse la gasolina era fijado por el Ministerio de Industria y se traducía en un margen de dos pesetas a favor de las petroleras. A partir de ese momento, según se puede comprobar en la serie histórica, los diferenciales de los márgenes de los mayoristas crecen un poco hasta 2006 y, desde entonces, se disparan respecto de la media europea y se sitúan entre los 4 y 6 céntimos por litro. Un fenómeno que es el resultado del mal diseño de un mercado en el que tres empresas, Repsol, Cepsa y BP, se reparten la mayoría del pastel.

 

Fíjense en el comportamiento de estas firmas. A pesar de que el Gobierno va a obligar a las petroleras a pagar 150 millones de euros para compensar a los transportistas (cinco céntimos por litro), estas no han protestado, como sí hacen con otras medidas regulatorias. Es más, compañías como Repsol se anticiparon a las imposiciones del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Primero con descuentos de 10 céntimos por litro para sus clientes minoristas, y este mismo jueves con otros 10 céntimos de bajada por litro a los profesionales del transporte. Cepsa incluso realiza un descuento universal sobre el carburante de 10 céntimos por litro y BP rebaja 12 céntimos a todos los consumidores en general y hasta 14 para los transportistas (la más agresiva hasta el momento).

 

Juan Luis Jiménez, doctor en Economía y profesor asociado de la Universidad de Las Palmas, también cree que la falta de competencia es la causa de este efecto y dice que esta situación lleva a que paguemos más por la gasolina y diésel, sobre todo en estos momentos, agravando los problemas de inflación del país. Este experto denuncia otra práctica que denomina efecto lunes. Según detalla, esta consistía en bajar precios los lunes, día en que se reportaban precios a la Unión Europea, para así reducir el diferencial con la zona comunitaria, y elevar precios el resto de la semana para compensar la bajada del primer día de la semana.

 

Algunos economistas dicen que esta situación tiene dos importantes consecuencias. La primera son los descritos por el efecto cohete y la pluma; es decir, cómo las subidas del petróleo se trasladan de forma instantánea al coste de los carburantes en las gasolineras y, sin embargo, cuando el barril de crudo cae, las bajadas de los hidrocarburos son mucho más lentas. Unos márgenes excesivos y permanentes por parte de las petroleras que el plan de choque del Ejecutivo no combate.

 

¿Han oído al ministro de Consumo, Alberto Garzón, hablar de algunos de estos asuntos? Es el mismo que nos recomendó no comer chuletones porque era malo. Eso por poner un ejemplo, porque hay muchos más y que afectan a muchas áreas del Gobierno Central. Nadie hace nada. He oído a gentes de la oposición reclamar que se eliminen impuestos y esas mismas bocas solicitan más ayudas a los sectores afectados. ¿Se preguntarán en algún momento de dónde salen los dineros?

 

Por tanto, y a modo de conclusión, con la subida de los combustibles se produce la excusa perfecta para que todos los precios se incrementen, pero no así los sueldos, que siguen siendo los más bajos, e incluso más de 200.000 de nuestros compatriotas ni los tienen porque están en las listas del paro desde hace dos años. Ya en enero, sin todo esto de la guerra, la cesta de la compra fue un 3% más cara que el mismo mes del año pasado.

 

Lo fácil es echar la culpa a los políticos que ostentan el poder, pero lo difícil es enmendar todo este conglomerado en el que nosotros, el pueblo, estamos justo en el medio. Me inclino más por un gasto más reducido y racional y por unos presupuestos menos expansivos, mirando adónde va hasta el último euro y pensando que la contención es más agradecida que el despilfarro. Mientras no nos quedará otra que ver quien es más sinvergüenza, aunque eso nos lleve a una ruina dolorosa.

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

Islas Canarias, 2 de abril de 2022.

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