EL MONÓLOGO / 121
Hay gente para todo, de verdad

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Por Pepe Moreno *

 

 

Estoy de vacaciones, lo que significa que uno se relaja de algunas cosas, sobre todo de lo relacionado con el seguimiento de las noticias y de no saber, desde primera hora, lo que ha pasado o pasa en ese momento. Y la verdad es que no noto mucha diferencia.

 

En los últimos días no hacía falta que me dijeran que hacía mucho calor, porque era evidente que las temperaturas estaban muy altas, que en Agüimes sobrepasaban limites tolerables, o que los termómetros instalados en las calles o en farmacias iban a estar entre 38 y 42 grados centígrados. Sólo con ver estos dígitos ya nos echábamos a sudar o pensábamos que las gentes de esos lugares casi ni podían respirar.

 

O todo lo relacionado con el incendio forestal que ha azotado al norte de Tenerife y que nos ha tenido en vilo una semana. Hemos visto de todo. Desde bomberos forestales apagando el fuego, haciendo cortafuegos o prendiendo llamas en sitios en los que interesaba que no pasaran. También me he aburrido viendo los miles de videos de todo tipo de gente grabando a los hidroaviones en su paso por un Santa Cruz que se convertía de esa manera en una especie de senda aeronáutica por la que transitaban los aparatos en la búsqueda de las aguas tranquilas de una bahía portuaria en la que cargaban las panzas de sus aparatos para ir a descargarlas en las zonas más inhóspitas de nuestra geografía que era donde estaba el fuego. Todo el que se preciara nos enviaba su video grabado en la azotea de su casa, generalmente en paños menores por aquello del calor, para demostrarnos la pericia de los pilotos que sobrevolaban la capital en busca del líquido elemento.

 

¿Se dan cuenta que ya no discutimos si el agua salada es buena o mala para el monte? Recuerdo que hace unos años, este tipo de debates se mantenían en el tiempo y, como no se pueden entrevistar a los componentes de flora de nuestros campos, nos entreteníamos sobre si el agua salada es buena o mala para el suelo de nuestros montes. He consultado en Internet sobre este particular y he visto división de opiniones. Unos expertos dicen que arrojar agua salada sobre el suelo hace daño a las zonas quemadas, y otros dicen que no es un perjuicio irreversible; porque si se riega con bastante agua dulce se elimina la salinidad.

 

Algunos de esos expertos han llegado a declarar que el impacto que produce en la tierra en cuestión es mínimo porque en el ámbito total de la superficie de un incendio no tiene una repercusión importante. Bueno, eso puede cogerse por el lado que se quiera, también podría añadirse que el agua del mar también contiene sales minerales, y que estas podrían ser incluso beneficiosas para las plantas. O sea que visto lo visto, el que no se consuela es porque no quiere y podría poner los argumentos que quiera a la hora de tomar partido en un debate sobre este tema.

 

Pero si queremos seguir discutiendo sobre el asunto, para alargarlo más que nada, lo mismo que algunos programas de radio o televisión que he visto estos días, también podríamos alegar que el agua que descarga un hidroavión contiene además productos químicos, como un aditivo retardante o un espumógeno.

 

Según algunos expertos -esto de buscar en la red tiene estas cosas, que te encuentras con gente de todo tipo-, el impacto que tiene sobre el terreno si el agua tiene sal o procede de una charca, es un mal menor en comparación a lo que supone que se queme todo y que el fuego campe por sus fueros. Incluso he llegado a ver que todo se justifica porque “los productos están certificados por la UE y pasan unos controles brutales”. Tócate lo pies, Baldomero, que con esa justificación todo vale. Ahondando un poco he llegado a ver un estudio, realizado en el 2012, donde el Consejo Superior de Investigaciones Científicas analizaba durante cinco años sus consecuencias en Galicia y demostraba que, entre otros daños de distintos tipos, esos componentes tan respaldados por los órganos europeos impiden que germinen semillas en tierra o provocan la mortandad de pinos. Entonces ¿en qué quedamos?

 

Aquí incluso hemos tenido un debate sobre la presencia de los hidroaviones, que algunos llaman “aviones anfibios”, los que quieren corregirnos todo lo que decimos, que llevó a que se pidieran firmas para que se estableciera una base de estos aparatos en Canarias. Pues incluso he visto a algunos de estos expertos que consideran innecesaria este tipo de instalaciones en las islas, llegando a decir que, aunque hubiera, si no gestionamos el paisaje, seguirían produciéndose los mismos incendios, porque todo el dinero que se invirtiera en esa base se debería destinar a moldear el paisaje o sustituir vegetación muy tendente a quemarse por otra que fuera más adaptable a las condiciones del fuego.

 

Y todas las quejas que he oído estos días, por agricultores y ganaderos que viven el día a día del mundo rural, se refieren a las dificultades que tienen a la hora de retirar pinocha o forraje al monte, porque dicen que tienen que rellenar más papeles que para pillar una subvención de esas de los fondos Next Generation, que ya es decir, porque creo que no han dado aún casi nada, en comparación con todos los que se han querido acoger a tal dinero.

 

A lo que iba, que ha sido una semana que ha servido para hablar del calor y del incendio y lo que menos me ha gustado ha sido ver a tanta gente, sobre todo a políticos, metidos a bomberos, aunque solo sea de palabra. Criticaron incluso que el presidente del Gobierno de Canarias se fuera a Madrid a una reunión de su partido, como si Ángel Víctor Torres tuviera una manguera en la mano apagando el fuego de los montes. Mientras estén los que tienen que estar, luchando contra el fuego, lo demás es casi secundario.

 

Y luego está la eterna discusión de si se puede o no limpiar el monte. La organización ecologista Greenpeace dice que los bosques no son parques ni jardines y, por lo tanto, no “están sucios”. Los nuevos ecologistas inciden en que los ecosistemas forestales no solo están formados por árboles, sino que son ecosistemas complejos donde también habitan especies herbáceas, matorral, arbustos, árboles muertos en pie y ramas y troncos caídos en el suelo. Añaden que cuanta mayor es esta diversidad biológica y estructural, más biodiversidad alberga, mejor es el estado de conservación y mayor es su resiliencia. Y eso choca con la otra postura, con los que viven del monte y de sus realidades.

 

Según los profesionales del campo, “no se desbroza porque lo impide la nueva burocracia y se escudan en que no se puede molestar a las especies que habitan en los montes y bosques porque el ruido y todo lo que hagan les molesta, pero ahora, tras un incendio, están muertos todos los animales que habitan en esos lugares” y añaden que “aquí está todo inventado, antes, los que vivían del campo sí lo cuidaban, ahora con las nuevas normas no nos dejan”.

 

Y en esas estamos. Con una falta de actividad en nuestros montes que a más de uno le llama la atención. Lo que sucede en el campo se gestiona desde despachos con aire acondicionado y sin pisar el terreno y se prohíbe por una serie de presiones ecologistas sin atender a las necesidades del medio rural y de los agricultores y ganaderos. Es como si dijéramos que la ecología de ciudad ha sido llevada al extremo.

 

No me gustó que, en la rueda de prensa, en la que todo el mundo salía con la sonrisa en la boca porque se le estaba ganando el pulso al fuego, aparecieran tantos políticos. El presidente del Gobierno, el consejero de Presidencia, que tiene las competencias de ese menester, el delegado del Gobierno central, el presidente del Cabildo de Tenerife y hasta la titular de Ciencia e Innovación, que ya me dirán ustedes que tiene que ver con el asunto. La ministra, que vino a otras cosas, dijo que estaba muy feliz “porque se haya hecho uso de distintos instrumentos científicos durante el incendio para generar el conocimiento necesario para hacer frente a este tipo de emergencias”.

 

También habló la directora técnica del Plan Infoca y subdirectora de Protección Civil, Marta Moreno y Pedro Martínez, responsable de los equipos de extinción, que eran los verdaderos conocedores del asunto, pero a ellos les hicimos menos caso.

 

¿Ustedes comprenden? Pues eso, que hay opiniones para todos los gustos, incluso para los que no tienen nada que decir. ¡Qué cosas!

 

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

Islas Canarias, 30 de julio de 2022.

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