EL MONÓLOGO / 122
Entre todos pagaremos a la banca

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Por Pepe Moreno *

 

Hoy ya es el primer sábado del mes de agosto y podría servirme este escrito para hablar de la cantidad de gente que se ha ido este mes, de los ilustres, o no tanto, que han venido por estos lares a desconectarse de las labores y preocupaciones diarias o para escribir, una vez más, de la incertidumbre que dicen que no espera en el mes de septiembre o en concreto en el otoño e invierno de este 2022 que nos ha tocado vivir.

 

También podría hablar de las medidas que están propiciando para que los esquilmados sueldos aguanten a la avalancha de precios que ya estamos sufriendo. Por ponerles un ejemplo, una lata de aceite de cinco litros que yo recuerdo comprar en oferta en menos de diez euros la he visto estos días estar, en eso que ahora llaman “promoción” y que nunca sabes si es porque esta barata o cara, en veinte, como una gran cosa, ¿de qué a la baja o al alza? Visto por estos ojitos que se comerá la tierra.

 

Pero como digo podría hablarles de todo esto y de cómo nos estamos debatiendo entre las medidas de ahorro o de cómo llegar al final de mes con una cuenta corriente que ya no acepta los “disponibles” de hace unos años, sino que rechazan el pago por aquello de “saldo insuficiente” y además te cobran una pasta por decírtelo, dejándote en la estacada y pensando de dónde saco yo el dinero para afrontar el pago.

 

Será por eso por lo que nos debatimos en un sinvivir sobre el nuevo impuesto a la banca, porque sabemos que al final nos lo “clavaran” a los humildes cuentacorrentistas de toda la vida. De una forma o de otra nos pasarán al cobro unas comisiones por el saldo, por tener el dinero parado, por la correspondencia -aunque no la solicitemos- o incluso por saber cuánto tenemos, aunque no superemos los tres dígitos en la cuenta. Ellos le dan vueltas a la forma de repercutir lo que les va a cobrar el Estado, para que seamos todos los que paguemos esa cuota.

 

Nos debatimos porque entendemos que los consejeros de esas entidades tienen unos sueldos mensuales muy parecidos a lo que nosotros cobraremos en un lustro o quizás en toda la vida laboral y porque en su conjunto, todas esas empresas bancarias, presentan cada año una cuentas con unos positivos que nos dan envidia, porque, como dice el dicho, “la banca nunca pierde”, porque en un pasado se llevaron más de 66.000 millones de euros públicos para poder reflotarse, porque de ese dinero sólo se han recuperado unos 6.000 millones, apenas el 10%. Porque ahora no te dan ni los buenos días cuando accedes a entrar en una sucursal, si la tienes a mano, porque lo del crédito se ha puesto casi imposible y porque ahora las garantías para acceder a un préstamo son casi tan imposibles de conseguirlas, como acertar con una “primitiva” que, de acuerdo que hay gente que se la saca, pero casi en los mismos niveles que tener concedido un dinero por una entidad bancaria.

 

Y es que a lo largo de los diez años que han transcurrido desde el rescate bancario hasta ahora han ocurrido muchas cosas. Recuerdo cómo fue aquel sábado 9 de junio de 2012, en el que tras semanas de incertidumbre y durísimas negociaciones apareció en todas las televisiones el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy para anunciar esa intervención. No fue un rescate de la economía española en su conjunto, sino del sector bancario. Y hubo entonces, igual que ahora, gentes a favor y en contra. Los que decían que no se debería hacer y los que encontraban las excusas necesarias para que todo funcionara.

 

De las entonces 55 entidades como bancos, pequeños y no tanto, cajas de ahorro y otras, hemos pasado a 10 grandes empresas financieras que hoy encontramos en nuestro panorama urbano, porque muchas han desaparecido del entorno rural o villas pequeñas. El proceso de ajuste y consolidación del sector bancario ya había empezado antes del rescate, pero fue el memorando firmado con los socios europeos quien apretó las tuercas. El resultado, 10 años después, es un sector más concentrado, más rentable y sólido, aunque con el paso del tiempo se han perdido miles de puestos de trabajo y oficinas que obligan a los clientes a realizar un desplazamiento de varios kilómetros para poder hacer sus operaciones más comunes.

 

Así, muchos compatriotas vieron como sus deudas con las entidades absorbidas pasaron a otras de las que no sabían ni conocían a nadie. A ellos, a los bancarios, de esta forma limpiaron los balances y, de hecho, en los últimos tiempos la preocupación de las entidades ha venido más por los bajos tipos de interés y la escasa rentabilidad que por los problemas heredados.

 

Por tanto, el rescate ya supuso un punto de inflexión para España, pero aún más lo fue para la banca. El sector aprovechó como nadie la época de las vacas gordas. Ahora han cambiado las tornas y aunque se han beneficiado del rescate, se han dejado por el camino una no desdeñable dosis de imagen en una sociedad que antes lo respetaba y ahora los vilipendia, porque ya no representan los valores del pasado.

 

Todo esto pasó porque el rescate fue la puntilla para un modelo de negocio, el de las cajas de ahorros, arrasado por las interferencias políticas, la mala gestión y algunos episodios de bandolerismo financiero que llevaron al banquillo a destacados miembros de esas entidades y que eran como una autoridad más en los lugares en los que se movían.

 

Aún recuerdo como los directores de las cajas eran personas tan conocidas en sus barrios, pueblos, villas, municipios y lugares de trabajo que comenzaron a entrar en las listas electorales consiguiendo para sus formaciones políticas resultados más que deseables en los distintos procesos. Eran conocidos y conocían a los electores y por eso vimos a muchos de alcaldes primero, luego de consejeros o formando parte de parlamentos autonómicos, a medida que iban creciendo en sus respectivas formaciones. Eran más que el maestro o el profesional especializado a la hora de ejercer la política.

 

El espíritu de la ley dice que los grandes bancos que operan en España dedicarán, de media, el 7,4% de sus beneficios al nuevo impuesto los próximos dos años. De esta forma, el nuevo tributo afectará de forma desigual a las entidades.

 

Según las cuentas presentadas por los bancos en el año 2021, el último al que podemos acceder, el Banco Santander tendría que afrontar un pago de unos 310 millones de euros, lo que supone un 3,8% del beneficio a nivel global obtenido en 2021. En el caso de BBVA, desembolsaría unos 270 millones de euros, el 6% de su beneficio atribuido el año pasado. Unicaja sería el menos afectado, ya que la tasa supondría un 4,9% del resultado registrado en 2021. De todas formas, el impacto real sería mayor, dado que en 2021 obtuvo un beneficio muy elevado por efecto de su fusión con Liberbank. Sin ese efecto, el resultado sería menor y, por tanto, la tasa representaría un porcentaje más alto.

 

En CaixaBank, el pago sería de unos 460 millones, el 9% del beneficio en 2021. A partir de ahí, para el resto de los bancos, el nuevo gravamen se llevaría consigo al menos una quinta parte de las ganancias. Para Bankinter el pago del impuesto representaría un 21,5% del beneficio neto en 2021, para Kutxabank el 23%, para Ibercaja el 29,6% y para Sabadell el 34%. Como explicaba antes, el mayor impacto de todos se lo llevaría Cajamar, que con las cifras de 2021 debería pagar 43 millones de euros que suponen el 68% del beneficio neto en el ejercicio.

 

En total, teniendo en cuenta las cifras registradas por los bancos en 2021 (último ejercicio completo del que se disponen los datos) el importe que recaudaría Hacienda ascendería a 1.512 millones de euros, el 7,4% del beneficio neto agregado. Una cifra en línea con los 1.500 millones que prevé el Ejecutivo para cada uno de los de los ejercicios en los que se aplicará esta tasa especial. De todas formas, hay que tener en cuenta que el volumen que desembolsen finalmente los bancos y los porcentajes que representen sobre el beneficio no tienen por qué coincidir, ya que los resultados fluctúan cada trimestre.

 

Nos gustaría que le cobraran esas perras, pero somos conscientes que las vamos a pagar todos. A pesar de los esfuerzos del Gobierno central de que perseguirán las entidades o los bancos que lo hagan, ya verán como seremos los paganinis de esta situación, aunque a todos nos queda el resquemor de que deberían sacar el dinero de sus ganancias. Lo harán, sibilinamente, pero lo harán. Subiendo las comisiones por cualquier acción, poniendo unas nuevas o inventándose la manera de cobrarlas sin que les descubran. Ya verán. ¿O no es así? ¿creen ustedes que pagarán y ya está?

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

Islas Canarias, 6 de agosto de 2022.

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