EL MONÓLOGO / 132
De banderas y patriotismo

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Por Pepe Moreno *

 

 

Estamos en un mundo en el que parece que importa más el postureo que la acción real que vamos a llevar a cabo. En el que es más importante el concepto que la manera de vivir. Y en esto tienen mucho que ver los emblemas, los símbolos, los iconos que marcan la forma de vivir en el mundo en el que nos desarrollamos. Acabamos de pasar, esta semana que está a punto de acabar, el día de la Fiesta Nacional, uno de los pocos días que tenemos en nuestro calendario y que antiguamente recordaba el descubrimiento de América por parte del navegante Cristóbal Colón en el año 1942.

 

Es el día de todos los de este país llamado España, aunque también se celebra el Día de la Lengua Española y aquí hemos de tener en cuenta que más de 500 millones de personas hablan español, una gran parte de ellos, en la llamada Latino América y por supuesto en nuestro país, aunque hay zonas en las que el idioma es más un arma para luchar contra el Estado que un contexto identificativo.

 

El pasado miércoles, además de la festividad aludida, también fue el día de la Virgen del Pilar, de la patrona de la Guardia Civil y de la Virgen de Guadalupe, patrona de Extremadura. Fijada pues la celebración del día, añadamos que es un día que fue festivo para todos los españoles, independientemente de la comunidad en la que vivan. De esta forma, fue día libre, abriendo numerosos espacios públicos y casi ningún establecimiento de comercio en general.

 

Fue un día de reivindicación en el que mucha gente se felicitó por ser parte de una manera de hablar, de ver las cosas y de proceder de una raíz que en el pasado fraguó nuevos descubrimientos de gentes y de tierras, pero que hoy están más en las leyendas negras que en la Historia, con mayúsculas, de lo que ha pasado. Y eso nos ha llevado a toda una serie de situaciones que hablan de complejos e incluso de rechazo a lo que este país, su lengua y su cultura han sido a lo largo de los siglos.

 

Era el momento, por ejemplo, de reivindicar lo español, pero esa parte está llena de prejuicios relacionados con la derecha o de los extremos. Hoy vemos a alguien con la bandera de este país y lo catalogamos en un espectro político que, posiblemente, nada tendrá que ver con la realidad, sino más bien con los estereotipos que hemos fabricado. Vemos en la televisión a los americanos poner banderas en sus ventanas, en sus porches o en las urbanizaciones en las que se mueven y nunca nos preguntamos si es demócrata o republicano, si es buen ciudadano de su país o si oculta algo. Aquí no. Si alguien lleva en su equipaje una enseña rojigualda siempre pensamos que es de extrema derecha, de los que rechazan la integración de cualquiera que no sea del sitio en el que vive y que sus postulados políticos tienen más que ver con la ideología rancia de tiempos pasados o con cabezas poco pensantes.

 

Lo que les estoy contando no es de propia invención. Seguro que más de uno de los que me están leyendo han pensado en alguna ocasión lo que les relato del portador de una enseña nacional. Pero es que además hemos visto como una fuerza nacionalista Nueva Canarias y otra del espectro de la izquierda, Unidas Podemos, han protestado por iluminar la sede de la Presidencia del Gobierno Canario en la noche del pasado miércoles con los colores de la bandera nacional, es decir de rojo y amarillo.

 

Pero no crean que esta situación es exagerada. En el periódico El Día del pasado jueves se podía leer que los actuales socios del Gobierno canario manifestaban “incomodidad por el engalanamiento lumínico de la sede de la Presidencia del Gobierno canario con los colores de la bandera española o el desfile militarizado de la Policía Canaria en Madrid con motivo de la Fiesta Nacional”. Así, como lo leen. Pero ahondemos, Nueva Canarias (NC) lo calificaba como una “ostentación excesiva” y Podemos de un “anacronismo” no adecuado al momento actual.

 

En las declaraciones podemos oír cosas como que tienen una visión diferenciada del día en cuestión y que lo que hicieron el miércoles algunas fuerzas políticas y dirigentes, en alusión al PSOE, era “un ejercicio exagerado” al utilizar la simbología de la bandera española, el himno o el patriotismo. Luis Campos, de Nueva Canarias, que era el portavoz de la fuerza nacionalista, añadió que veía una “ostentación más excesiva de la que se podría dar cuando hay más normalidad”.

 

Por su parte, el portavoz de Podemos en el Parlamento regional, Manuel Marrero, ve un “anacronismo” no adecuado a los momentos actuales, que se use un edificio público para iluminarlo con los colores de la bandera española o que la Policía Canaria participe en un desfile de marcado carácter militar en una jornada en la que se recuerda la “conquista y colonización” de América.

 

Añade el señor Marrero, que recordemos que en el pasado fue docente, que “celebrar conquistas y colonizaciones no es propio de este siglo, hay que darle otro tipo de contenido a festividades como esta con manifestaciones de respeto, solidaridad, justicia, paz, la no explotación de los pueblos o estrechar los lazos culturales que nos unen. Hay que mirar al futuro con otro tipo de valores y no con la parafernalia eclesiástica y militar a las que nos tienen acostumbrados”. Si en un día como el del pasado miércoles nos tenemos que tapar la cabeza, negar los hechos y mirar para otro lado, ¿qué día lo hacemos? ¿Cómo lo conmemoramos?

 

Tengo la impresión de que hoy se impone más el complejo que lo sucedido en sí. Los descubridores españoles nos enseñaron otros mundos, se impuso una lengua y una forma de vivir, ¿nos tenemos que avergonzar de ella más de cinco siglos después? Es como si estuviéramos escondiéndonos de la propia historia, como si hubieran calado los mensajes de dirigentes que imponen lo que se debe celebrar, no en función de lo que esos hechos signifiquen en el contexto general sino lo que ha supuesto para todos, los conquistados y los que lo hicieron.

 

Pero también rechazan la enseña, esa que se votó en la Constitución. Creo que existe un momento para cada cosa y que al igual que un día escribí que el entonces concejal del PP en el Ayuntamiento de Santa Cruz, Ángel Llanos, se había pasado poniendo las banderolas rojas y gualdas en las fiestas de mayo, hoy tengo que decir que el mensaje que se quería dar en este 12 de octubre en nada distorsionaba. Si ese día, que es de Fiesta Nacional, que se ensalza la bandera del Estado, la rechazamos, entonces es que estamos en otra cosa. ¿Diría el dirigente de Podemos lo mismo si se hubiera iluminado la sede de la Presidencia con los colores de la enseña republicana? No lo sé.

 

Estamos algo cohibidos con las cosas del Estado al que pertenecemos. Y he oído incluso críticas por el desfile de la Policía Autonómica o la presencia de personal del PEVOLCA en esa parada que conmemora el Día de la Fiesta Nacional. Pudimos ver a un grupo de 66 agentes del Cuerpo General de la Policía Canaria (CGPC), y a miembros de Protección Civil, bomberos, científicos y responsables de seguridad que trabajaron en el operativo durante la erupción volcánica en La Palma. Incluso, en las imágenes facilitadas, hemos visto y oído a los agentes cantar la letra del himno de Canarias, letra que casi todos desconocemos. Pero se han producido críticas.

 

No las comparto, pero las escucho, porque ahí está lo bueno, en oír a todas las partes, aunque discrepen, solo así aprenderemos. Pero lo que no puedo callarme es la parte de hipocresía que tienen algunas de ellas y la simpleza de algunos de los argumentos que hemos oído. Se trataba de un reconocimiento especial con motivo de la emergencia por la erupción volcánica de La Palma, el hecho más importante de los sucedidos en los meses anteriores, pero aquí sirve de invectiva y escarnio.

 

Se ha escrito mucho sobre esto del patriotismo. Desde los que hablan de una forma excluyente al que dice que el buen patriotismo es un antídoto del nacionalismo porque pone por delante los valores de tu tierra y reduce el peso de los reproches. Por eso, ser defensor de la nación es inclusivo. Podemos defender a Cataluña, Canarias, País Vasco, Galicia o a cualquier otro territorio y al mismo tiempo serlo de España o de Europa, si reconocemos los valores de cada círculo social a los que pertenecemos.

 

En el Sociobarómetro del año pasado se concluía que aquellos que se consideraban solo canario o más canario que español eran el 36,1% de la muestra con porcentajes que decían que el 4,4% solo se consideraban canarios y el 31,7% más canarios que españoles. Pero si estos datos los transcribimos en función de lo que votan, el 22% de los votantes del PP se sentían más españoles que canarios o solo español, en Ciudadanos es el 25,8% y en Vox asciende hasta alcanzar el 50,7%.

 

Como ven, la simple mención a la palabra “patria” ya nos hace ser catalogados en una rama política. Los prejuicios a los que me refería en el artículo de la semana pasada o los que vayamos viendo en las reseñas que nos encontramos. ¿Qué es un patriota hoy en día? Si nos hacemos esa pregunta veremos que la respuesta puede tener una carga ideológica bastante importante.

 

En fin, que hoy somos más egoístas y que mucha gente renunciaría a catalogarse de “patriota español”. Sólo hemos cantado eso de “español” cuando hemos ganado un Mundial de fútbol o el “Viva España” cuando estamos de fiesta o de verbena. En las demás ocasiones hemos dejado pasar la definición porque no queremos que nadie nos catalogue ideológicamente. ¿Es verdad o no? Pues eso.

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

Islas Canarias, 15 de octubre de 2022.

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