EL MONÓLOGO / 134
Qué poco pintamos

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Por Pepe Moreno *

 

 

El CD Tenerife perdió anoche por dos goles a cero frente al Zaragoza. Eso ya lo saben porque nos habrán asaetado en las últimas horas con el dato. Un mal resultado que deja al representativo en una zona mala de la clasificación y que no se asemeja nada a la que tenía el equipo en la temporada pasada en la que ilusionaba a propios y extraños con un juego que encandilaba y hacía soñar. Ahora tenemos que se caiga al suelo, que tontee con el descenso y que un año más nos quedemos, sin remisión, en un territorio de nadie.

 

En la misma semana en la que hemos oído al presidente decir que se va. Que a partir de ahora habrá una serie de gentes poderosas que tomarán el pulso de la institución y que se reunirán para analizar qué se puede hacer. Con un accionista principal que se ha ido haciendo con la mayoría del capital. Con un presidente in pectore, Paulino Rivero, que parece que solo estará ahí para hacer y deshacer lo que otros, los dueños de las perras, le digan y lo que tiene que contarle a los miles de aficionados. Con la desilusión de todos pintada en la cara y con el rumbo futbolístico perdido.

 

Y si digo esto no es por criticar al entrenador, en el que creo, ni a unos jugadores que parece que han perdido ya toda la ilusión que demostraron en el pasado. Con un Consejo de Administración en el que hay gentes de los que no sabemos si hablan con voz grave o aflautada. Con otros que comparecen ante los medios porque sus relaciones comerciales le abren los micrófonos, las cámaras y las páginas de los que escriben de fútbol y que están más interesados en su poder que en contarnos al resto de los aficionados lo que verdaderamente se cuece en el interior del club.

 

Un representativo futbolero que tiene el nombre de la isla, que juega en un recinto propiedad del Cabildo, pero que en sus filas acumula más foráneos que un tren de cercanías. Unas gentes a las que le damos todo lo que tenemos, incluida una forma de vivir. Que son profesionales en su contrato, que parece que se entregan y que se echan las manos a la cabeza cuando fallan una ocasión manifiesta de gol. Pero este año parece, al menos de momento, que nos arrastramos por una categoría que dicen que es de plata y en la que llevamos tantos años que ya hay una generación que nunca ha visto a Tenerife de Primera.

 

Anoche volvimos a perder y se nos fueron unos puntos que algún día lloraremos y que motivó que más de uno de esos poderosos de las acciones hablaran entre ellos para ver qué estaba pasando. Me imagino a los incontinentes verbales hablando de cambios, de ir preparando a éste o aquel entrenador, por si esto sigue así. Al director técnico del club preparando su agenda de contactos y a casi nadie haciendo un acto de contrición sobre quién tiene más culpa sobre lo que está pasando.

 

No es este el escenario que Miguel Concepción había planificado para irse. No es esta la atmósfera que habían previsto los que llegan, después de haber alcanzado pactos de dinero y posición. No debería ser un buen momento para nadie, pero ya verán que alguien saca su beneficio de todo esto. El Tenerife no encuentra su sitio y los aficionados, aquellos que vamos a los partidos, los que lo siguen por televisión o simplemente los que sienten sus colores, no saben qué está pasando. ¿Es este peor equipo que el del año pasado? ¿Es este un Tenerife que ha perdido su garra y sus ganas de soñar? Alguien tendría que responder a unas preguntas que todos nos estamos haciendo y que de momento no tienen respuesta.

 

Tampoco será un buen momento si se confirma en diciembre que Paulino Rivero será un presidente mandado en vez de un mandatario con un equipo camuflado en la parte medio/baja de la clasificación. Son muchos años aguantando lo mismo. El hasta ahora presidente, Miguel Concepción Cáceres, se centró en rebajar una deuda que ahogaba a la institución y que fue heredada de unos tiempos en los que no se miraba qué había en la cartera y se gastaba por encima de las posibilidades. Hizo que la administración primara por encima de otros conceptos y que se mirara cada euro que salía de sus arcas. En cierto momento, se le recriminó que pensara más en el dinero que en el juego. Aun así, se fueron algunas perlas que ni olieron los encargados de su seguimiento y descubrimiento. Se subió en el pasado, pero la modestia y los planes de ajuste nos devolvieron a Segunda. Se intentó la temporada pasada y se tocó el cielo, pero ahí quedó todo, en el mero intento.

 

Se perdió frente al Zaragoza en casa y ahora vienen tres partidos claves, con dos fuera que serán a cara de perro. Los números cantan, 14 puntos en 13 jornadas, y ya sin la condición de invicto en casa y con un deficiente bagaje a domicilio. La asamblea se prepara, también las visitas a los notarios para la venta de acciones y el núcleo duro de accionistas reuniéndose para ver qué se hace. Ya no es un CD Tenerife de todos, ahora lo es de unos cuántos que dicen tener la llave para sacarnos de esta situación. Vamos a tener confianza de que se puede, pero ahora mismo los ánimos están por los suelos, casi sin consuelo y con una masa social mosqueada que no tuvo ningún reparo en expresar, mediante silbidos, lo que había sucedido en los noventa minutos de un choque que nuestro equipo perdió. Una vez más e irremediablemente.

 

Radio Marca decía anoche que “el peor Tenerife local de la temporada, cercano a su peor versión, tocó fondo en el Heliodoro al ser superado por un Zaragoza que llegaba tocado, con graves problemas para hacer gol y con su entrenador muy cuestionado”. Por su parte, Julio Ruiz escribía en El Día que “el Zaragoza le pasó el problema al Tenerife. Visitó el Heliodoro con su entrenador cuestionado y con muchas incógnitas acerca del rumbo que iba a seguir en la competición, y se marchó con un triunfo reparador. Ahora, las dudas se quedan en la Isla”. Martín Travieso, en el Diario de Avisos, decía que el vienes se vio en el Helidoro “el peor CD Tenerife de la temporada”. Y Berto Mata, en la Cope, que “el Tenerife se desplomó, el equipo perdió la fe en poder sacar algo positivo en el Heliodoro, en un encuentro en el que estuvo vivo hasta el 0-1. Los cambios de Ramis no surtieron efecto, el equipo venía a peor y el desespero en la grada era latente”.

 

Pero no quiero quedarme solo con el fútbol. Parafraseando lo que sucede en el mundo del balón, también estos días hemos hablado de los fichajes del PP, de los candidatos que ha presentado el Partido Popular para Tenerife y de este anuncio me ha surgido alguna pregunta que, de momento, tiene la categoría de duda. Una es si ahora lo de la ideología es un asunto menor, si eso ya no importa, porque siempre me ha parecido muy serio que alguien encabece una lista electoral y que nunca nos preguntemos si esa persona era de izquierdas o de derechas, o de centro.

 

También, incluso, me he llegado a cuestionar qué dirán los que están en esos partidos políticos, desde hace tiempo, que han trabajado y se han esforzado por comprender las decisiones que se toman en las esferas del poder. Y es que desconocemos qué pensarán los militantes de siempre, los que optaron por esa formación política y que han estado a las duras y a las maduras, trabajando por unas siglas, empollándose los temas en los que tenían que intervenir, buscando los argumentos necesarios para ser convincentes y saber de qué se hablaba. Por ejemplo, estoy pensando en una Luz Reverón, que acompañó como número dos de la lista por Tenerife en las últimas elecciones de 2019 al entonces presidente insular, el ahora regional Manuel Domínguez.

 

Hoy lo más importante es que la persona fichada sea conocida, tenga buena presencia y muy mediática para que pueda aportar algo, en resultados, a la lista en la que figura.

 

Y es así como nos encontramos con declaraciones de las nuevas caras, con mensajes en los que hablan del futuro, de las expectativas o de que todo irá a mejor. Ni una sola palabra sobre la ideología, ni un solo comentario referido a la forma de pensar.

 

Es la simplonería llevada a su grado extremo. Nos quedamos solo con la nata sin explicar que es un producto lácteo rico en grasa, que se obtiene cuando se separa de la leche. Personas que ahora, por el hecho de figurar en una lista electoral, dicen que los les han puesto ahí son reformistas, renovadores y que su presencia es ilusionante. Qué cosas hay que oír, ¿no?

 

Tanto en un asunto, el del fútbol, como en el otro, en el político, los que deciden parece que están en un rango superior. ¿No nos sentimos como el de la canción de Benito Moreno que se usó de sintonía en un programa deportivo de radio? Aquella que decía lo de “ra, ra, ra, tu afición es sentimiento, y tiene mucho de alimento, hincha tú eres el mejor, escuchando el transistor, ra, ra, ra, el lobito está jugando, los borreguitos mirando, ra, ra, ra, el lobito está perdiendo, los borreguitos sufriendo, ra, ra, ra, el lobito está cobrando, los borreguitos pagando…” Pues eso. Que lo podríamos aplicar a cualquiera de los dos ámbitos a los que se refiere este artículo. Tal cual

 

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

Islas Canarias, 29 de octubre de 2022.

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