EL MONÓLOGO / 328
La política entretiene

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Por Pepe Moreno *

 

 

Hoy podría escribir de algunas cosas, como la entrevista del jueves en RTVE, en La 1, dentro del programa Mañaneros 360, donde el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero decidió romper su silencio ante Javier Ruiz. Era su primera gran comparecencia pública desde que estalló el caso que le investiga y, como era previsible, no faltaron las preguntas sobre Plus Ultra, las joyas halladas en su despacho, Venezuela o las acusaciones que pesan sobre él.

 

Negó cualquier irregularidad, defendió su inocencia, insistió en que nunca intervino en el rescate de la aerolínea y pidió que se respetara la presunción de inocencia.

 

Muchos análisis posteriores se centraron tanto en el tono de Javier Ruiz como en las propias respuestas de Zapatero, una muestra más de que, en ocasiones, el continente termina eclipsando al contenido. No me gustó nada la entrevista de Rodríguez Zapatero porque aportó poca información novedosa ante unas acusaciones que han causado un grave perjuicio a su propia posición como referente de la izquierda en España y porque no aclaró nada.

 

También les puedo hablar de los incendios forestales en Canarias y en buena parte de la Península. Esta misma semana un conato con varios focos simultáneos volvió a sembrar la inquietud en las medianías de Gran Canaria, entre Telde y Valsequillo. La rápida intervención de los equipos terrestres y aéreos evitó males mayores, pero bastaron unas horas para que regresara el recuerdo de los grandes incendios que han marcado la historia reciente de las islas.

 

Mientras tanto, en la península la situación continúa siendo mucho más dramática. Los fuegos que afectan a comunidades como Madrid o Castilla y León han obligado a movilizar a centenares de efectivos, han provocado miles de evacuaciones y han vuelto a demostrar que cada verano parece empezar con la misma pregunta: ¿hemos aprendido algo del anterior?

 

Porque los incendios ya no pueden seguir tratándose como una desgracia inevitable. El calor extremo, la sequía y el abandono del monte forman un cóctel conocido desde hace años.  Podría decirse que este verano está siendo un examen constante para quienes gestionan las emergencias.

 

Lo preocupante es que seguimos reaccionando mucho mejor cuando el fuego ya está declarado que cuando toca prevenirlo. Se anuncian inversiones, planes de reforestación, limpiezas de montes y mejoras en la coordinación, pero cada campaña acaba demostrando que todavía queda mucho por hacer.

 

Los profesionales repiten una y otra vez que el mejor incendio es el que nunca llega a producirse, pero la prevención sigue teniendo mucha menos repercusión política que la fotografía junto a un helicóptero o una visita a un puesto de mando avanzado.

 

Y, al final, todo vuelve a parecerse demasiado. Da igual que hablemos de incendios, de inmigración, de vivienda o de financiación autonómica. A menudo llegamos tarde. Esperamos a que el monte arda para hablar de limpieza forestal, a que los cayucos alcancen nuestras costas para discutir sobre política migratoria o a que los jóvenes no puedan emanciparse para descubrir que faltan viviendas.

 

En Canarias vivimos instalados en una política donde muchas veces importa más quién cuenta las cosas que lo que realmente sucede. Estamos hablando de todas esas cosas y lo primero que hace cada uno es preguntarse quién lo dice, a qué partido pertenece y qué interés puede esconder detrás. El debate deja de girar alrededor de los hechos para convertirse en un intercambio de sospechas.

 

Y, mientras tanto, los problemas siguen ahí. Este mismo jueves tuvo que suspenderse la Conferencia Sectorial de Inmigración por falta de quorum después de que las comunidades gobernadas por el Partido Popular decidieran no asistir. El encuentro debía servir para abordar la regularización extraordinaria de migrantes, el desarrollo del nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo y otras cuestiones que afectan de lleno a territorios como el nuestro. Pero la reunión ni siquiera pudo comenzar.

 

Y, mientras unos no acudían a la mesa donde debían buscar soluciones, el Atlántico seguía recordándonos que la inmigración no entiende de estrategias parlamentarias ni de cálculos políticos. Un cayuco llegó a El Hierro con decenas de personas exhaustas tras varios días de travesía.

 

Los servicios sanitarios tuvieron que atender a numerosos ocupantes con cuadros severos de deshidratación, agotamiento y otras patologías derivadas del viaje. Una mujer no logró sobrevivir y falleció poco después del desembarco, mientras varios de los rescatados, entre ellos un bebé en estado crítico, precisaron traslado hospitalario urgente.

 

Y ya que hablamos de reuniones que no llegan a ninguna parte, esta semana el Gobierno de Canarias anunció que ha encontrado una nueva fórmula para acelerar la construcción de vivienda pública. Ojalá funcione. Porque a estas alturas ya da igual el nombre que se le ponga al plan, al decreto o a la estrategia.

 

Los canarios no necesitan otra presentación en PowerPoint ni otra rueda de prensa anunciando soluciones. Lo que necesitan son viviendas terminadas, llaves entregadas y precios que permitan independizarse sin tener que hipotecar media vida.

 

También podría dedicar estos renglones al desfile de nombres que empieza a sonar de cara a las próximas elecciones. Marcial Morales, Pedro Suárez, Poli Suárez, Carmen Pérez y otros tantos aparecen ya en las quinielas de unos partidos que parecen mirar más al retrovisor que al parabrisas.

 

Da la impresión de que la política canaria vuelve a confiar en rostros conocidos, en dirigentes con una larga trayectoria o en personas que ya han ocupado responsabilidades públicas, como si el principal requisito para aspirar a un cargo fuera haber estado antes en otro.

 

No les importa que Poli Suárez haya desarrollado toda su trayectoria política en Moya. Fue alcalde de su municipio entre 2011 y 2019 y ahora el Partido Popular quiere convertirlo en candidato a la Alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria porque entienden que el actual consejero de Educación lo ha hecho bien. No digo que no esté preparado.

 

Lo que echo en falta es una explicación. ¿Qué ha cambiado para que sea la mejor opción? Él asegura que la capital grancanaria “es su ciudad de adopción y su capital predilecta”, y puede ser cierto. Pero quienes votan merecen algo más que una declaración de afecto. Merecen saber por qué él y no otro.

 

Lo mismo ocurre con el resto de los movimientos. Nadie ha explicado si Carlos Tarife ha hecho mal su trabajo, si simplemente estorba o si el relevo por Carmen Pérez, que será la candidata del PP en Santa Cruz en un cambio de cromos, responde a una estrategia distinta.

 

Se dice que Tarife podría convertirse en portavoz del Grupo Popular en el Parlamento de Canarias, pero entonces surge otra pregunta inevitable: ¿qué ocurrirá con Luz Reverón, que ocupa actualmente esa responsabilidad? Da la impresión de que las piezas cambian de sitio sin que nadie explique el motivo de los cambios.

 

En La Laguna sucede algo parecido. El Partido Popular apuesta por recuperar a Pedro Suárez, que ya encabezó la candidatura municipal hace más de una década y que, tras pasar por el Cabildo de Tenerife y presidir la Autoridad Portuaria, volvería ahora a la política local acompañado de la que en las últimas elecciones encabezaba la lista de los “populares”, Rebeca Paniagua y que ambos harían dobletes institucionales.

 

El movimiento desplaza al actual portavoz, Juan Antonio Molina, sin que tampoco se hayan dado demasiadas explicaciones. Como tampoco nadie aclaró qué fue de Ana Zurita, que lideró la candidatura anterior antes de incorporarse al Gobierno de Canarias. Todo parece un intercambio de nombres donde las razones quedan reservadas para los despachos.

 

En el PSOE no nos explican si Luis Yeray Gutiérrez, actual alcalde de San Cristóbal de La Laguna, podría anunciar su candidatura al Parlamento de Canarias, adelantando a Tamara Raya, Nira Fierro o Sebastián Franquis y sin primarias.

 

Marcial Morales quizá sea el que mejor resume esta forma de entender la política. Fue consejero del Gobierno canario, alcalde de Puerto del Rosario, presidente del Cabildo de Fuerteventura y durante décadas uno de los referentes de Coalición Canaria. Ahora será el candidato de Primero Canarias a la Alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria.

 

Insisto, no se trata de discutir su capacidad ni su experiencia. La pregunta es otra: ¿de verdad no hay nadie nuevo? ¿O es que en la política canaria habitualmente terminan apareciendo los mismos actores, aunque cambie el escenario, las siglas o el papel que interpretan? Podría seguir con las preguntas, las mismas que se hacen los militantes de CC en Gran Canaria, como, por ejemplo, Beatriz Calzada o Juan José Cardona.

 

Y no se trata de cuestionar la capacidad de nadie. Algunos cuentan con una amplia experiencia y un currículo político más que respetable. La cuestión es otra: si de verdad no existe una nueva generación preparada para asumir responsabilidades o si, sencillamente, los partidos siguen funcionando como estructuras donde terminan apareciendo los mismos.

 

Después nos preguntamos por qué tantos ciudadanos sienten que la política habla un idioma distinto al suyo. Quizá porque, mientras la sociedad cambia a una velocidad de vértigo, quienes aspiran a representarla siguen siendo, demasiadas veces, los de siempre con un cartel nuevo.

 

Al final, uno tiene la sensación de que la política española y la canaria viven instaladas en una campaña electoral permanente. Unos conceden entrevistas para convencer a los convencidos, otros convierten los incendios, la inmigración o la vivienda en armas arrojadizas, mientras los partidos recolocan a los de siempre como si cambiar un nombre de sitio fuera sinónimo de renovar las ideas.

 

Y, entre tanto ruido, los problemas siguen exactamente dónde estaban ayer. Quizá el verdadero drama no sea que nuestros dirigentes discrepen, sino que hace demasiado tiempo dejaron de sorprendernos. Ya casi nadie espera soluciones; nos conformamos con que, por una vez, dejen de tomarnos por idiotas.

 

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

Islas Canarias, 25 de julio de 2026.

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