EL MONÓLOGO / 341
Depende

AL FINAL DE ESTE ARTÍCULO, TRAS LA FIRMA, PUEDES DEJAR TU OPINIÓN Y RESPUESTA…

Por Pepe Moreno *

 

 

Estuve el miércoles en Gran Canaria y allí todo el mundo me habló de las elecciones generales del próximo 29 de noviembre. Pero no tanto de los grandes asuntos que deberían centrar la campaña como de los nombres propios, las posibilidades de cada candidato y las cuentas que están haciendo los partidos para intentar arañar un escaño.

 

En las conversaciones que mantuve, el nombre de Luis Campos, secretario general de Nueva Canarias, aparecía con opciones de conseguir representación por la provincia de Las Palmas. Naturalmente, una cosa son las impresiones que circulan por los corrillos políticos y otra muy distinta lo que finalmente decidan los ciudadanos cuando acudan a las urnas.

 

Lo que sí está confirmado es que Campos concurrirá bajo las siglas de Unidad del Pueblo Canario (UPC), una confluencia que reúne a Nueva Canarias-Bloque Canarista, Podemos, Izquierda Unida Canaria y Movimiento Sumar. Los únicos que irán en solitario son los de Drago Canarias, la formación de Alberto Rodríguez, que tanto predicamento tiene en algunos medios públicos.

 

En el aeropuerto de Gran Canaria me encontré con un alto cargo de Nueva Canarias que me trasladó unas sensaciones parecidas. No he encontrado una encuesta pública reciente que permita confirmar esas impresiones ni establecer quién tiene más posibilidades de conseguir el escaño. Y en política, donde cada partido acostumbra a presentar como favorable la información que le llega, conviene no confundir el deseo con la realidad.

 

Cuando llegué a Tenerife, las versiones eran distintas. Aquí me aseguraban que las encuestas previas situaban a Teodoro Sosa en mejores condiciones que a Luis Campos. Es decir, que en apenas unas horas había escuchado dos interpretaciones diferentes de una misma batalla electoral.

 

En esta provincia, la duda es la entrada de Vox en una competición en la que no presentó candidatura en las elecciones generales de 2023. Su presencia añade un factor que no existía en los anteriores comicios y obliga a revisar cualquier comparación automática con los resultados de hace tres años.

 

Eso no significa que pueda darse por hecho que Valido perderá su escaño, como tampoco que la irrupción de Vox vaya a perjudicar necesariamente a una sola candidatura.

 

Hay que tener en cuenta que el número de diputados, ahora y en el 2023, sigue siendo el mismo: siete. Y que la señora Valido en la anterior convocatoria salió como diputada la última, y esto lo confirmé con algunos compañeros, generalmente bien informados.

 

Coalición Canaria lleva décadas defendiendo una fórmula que le ha permitido moverse entre distintas sensibilidades políticas: no somos ni de izquierdas ni de derechas, venimos a resolver los problemas de Canarias. Es una manera de presentarse ante el electorado que tiene su lógica. El problema es que el escenario político de hoy tiene poco que ver con el de hace treinta años.

 

La política española se ha instalado en una dinámica de bloques en la que cada partido parece obligado a elegir trinchera y en la que cualquier posición intermedia corre el riesgo de quedarse sin espacio. En ese contexto, la fórmula de Coalición Canaria puede resultar útil para quienes están cansados de las peleas, pero también puede quedarse corta para quienes esperan posiciones claras sobre los grandes asuntos que afectan a la sociedad.

 

Para entender de dónde viene esa indefinición, hay que volver a los años noventa. Coalición Canaria nació en 1995 como una confluencia de organizaciones con trayectorias e intereses bastante diferentes.

 

En aquel espacio convivían los insularismos de ATI y API, el nacionalismo de centroizquierda de Asamblea Majorera, el particularismo lanzaroteño de Dimas Martín, sectores centristas y otras formaciones que procedían de la izquierda canaria, agrupadas en torno a ICAN.

 

Lo que los unía era, sobre todo, la voluntad de construir una alternativa política propia para Canarias y disponer de fuerza suficiente para influir en las decisiones que se tomaban fuera de las islas.

 

Aquella fórmula dio resultados y terminó convirtiéndose en una de las principales señas de identidad. Pero que una estrategia haya funcionado durante años no significa que tenga garantizada su eficacia para siempre. Sin embargo, las circunstancias cambian y también lo hacen los problemas a los que hay que responder.

 

El espacio político que ocupaba CC hace tres décadas no es exactamente el mismo que existe ahora, y la competencia por el voto nacionalista se ha intensificado con la aparición de nuevas alianzas y organizaciones que también reclaman representar los intereses de las islas.

 

La incorporación de Primero Canarias a la alianza electoral abre precisamente una oportunidad para revisar qué significa hoy ser nacionalista canario y qué se pretende defender en Madrid. La vivienda, la inmigración, la igualdad, los derechos de las personas LGTBI, la transición energética y el futuro económico de las islas exigen respuestas concretas.

 

Pensemos, por ejemplo, en el transporte. La posibilidad de que un Gobierno del PP y Vox cuestione o reduzca las bonificaciones que facilitan la movilidad de los residentes canarios sería motivo suficiente para que Coalición Canaria defendiera con firmeza los intereses del archipiélago. Pero el nacionalismo no puede limitarse a intervenir cuando está en juego el precio de un billete de avión o de barco.

 

También debe explicar qué modelo de convivencia quiere, cómo entiende la integración de quienes llegan a las islas, qué papel concede a la cultura propia y cómo piensa afrontar los desafíos ambientales y energéticos.

 

La identidad canaria no se agota en la bandera, la gastronomía o las manifestaciones más conocidas del folclore. También se expresa en la manera en la que una sociedad protege sus derechos, distribuye sus oportunidades y decide qué futuro quiere construir.

 

También en estos comicios se habla de las pensiones, un asunto que enfrenta dos maneras bastante distintas de entender el futuro del Estado del bienestar. Por un lado, los socialistas y el bloque progresista defienden el mantenimiento del sistema público y su revalorización para evitar que los pensionistas pierdan poder adquisitivo.

 

Por otro lado, desde posiciones conservadoras se insiste en la necesidad de garantizar la sostenibilidad financiera del sistema, contener el gasto y revisar unas cuentas que consideran cada vez más difíciles de sostener. La discusión no es menor, porque detrás de los números hay millones de personas que han trabajado toda su vida y que necesitan saber si podrán mantener unas condiciones de vida dignas cuando dejen de trabajar.

 

Y aquí es donde me gustaría saber qué posición van a defender Coalición Canaria y Primero Canarias, porque decir que se está al margen de los bloques ideológicos resulta relativamente sencillo cuando hablamos de carreteras, inversiones o competencias, pero la cosa se complica cuando hay que decidir quién paga, quién recibe las ayudas y qué derechos deben tener prioridad.

 

En materia de pensiones, al menos, Cristina Valido ha dejado algunas pistas apoyando la revalorización de las pensiones públicas o que las prestaciones más bajas aumenten por encima de la inflación. Es decir, su posición conocida no es la de recortar las pensiones, sino la de mejorar especialmente las de quienes tienen menos ingresos.

 

Pero las elecciones también obligan a preguntarse qué ocurriría si las propuestas de los grandes bloques fueran incompatibles. ¿Qué haría la candidatura de Coalición Canaria y Primero Canarias si tuviera que decidir entre respaldar una reforma que limitara determinadas prestaciones o apoyar una política que reforzara su protección?

 

¿Y qué ocurriría si la decisión estuviera vinculada a otras reivindicaciones para Canarias, como el mantenimiento de la bonificación del 75 % en los desplazamientos de los residentes o la gratuidad del transporte público terrestre? Son cuestiones diferentes, aunque todas puedan acabar formando parte de una negociación parlamentaria.

 

Con la vivienda sucede algo parecido. La única diputada nacionalista respaldó el decreto que amplía la protección de los hogares vulnerables frente a los desahucios, pero rechazó el de la prórroga automática de los alquileres, argumentando que la realidad canaria exige tener en cuenta el peso de los pequeños propietarios. Es un debate legítimo, pero también es el tipo de asunto en el que las diferencias ideológicas dejan de ser una abstracción.

 

Por eso, la alianza entre Coalición Canaria y Primero Canarias debería explicar con claridad qué compromisos está dispuesta a asumir en estas materias. En definitiva, no se trata de exigir a esa unidad nacionalista que se convierta en un partido de izquierdas o de derechas, sino de pedirle que explique qué posición adoptan cuando hay que tomar decisiones que afectan a la vida cotidiana.

 

Coalición Canaria necesita explicar qué aporta el nacionalismo canario a la política española, más allá de negociar medidas concretas para el archipiélago. Porque defender Canarias no debería consistir únicamente en conseguir recursos o arrancar compromisos presupuestarios, sino también en tener una idea clara de la sociedad que se quiere defender. Y quizá ese sea el debate que esta nueva alianza debería abrir: no solo cuántos escaños puede obtener, sino para qué quiere utilizarlos.

 

En política, como en la canción de Jarabe de Palo, todo depende. Depende de con quién se pacte, de qué se negocie y de qué se esté dispuesto a sacrificar. Lo malo es que, después de escuchar a unos y a otros, mi voto sigue dependiendo de encontrar alguna razón que termine de convencerme.

 

Tampoco los nacionalistas, a tenor de lo escrito aquí, son la solución para mi incertidumbre. Sigo siendo de los indecisos. No sé a quién votar. Y todavía oiremos a más gente opinar sobre las elecciones generales, por lo que conviene escuchar todas las versiones, desconfiar un poco de las certezas prematuras y recordar que, en política, hay muchas personas que aseguran conocer el resultado antes de que se haya contado el primer voto.

 

Sigo desconcertado y sin saber a quién votar.

 

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

Islas Canarias, 24 de octubre de 2026.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *