EL MONÓLOGO Nº007
La desunión del nacionalismo

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José Moreno García *

 

La desunión del nacionalismo canario sigue muy vigente

 

No hay manera que el nacionalismo canario se ponga de acuerdo y vaya por el mismo camino a la hora de votar en el Congreso de los Diputados o de buscar una convergencia mutua. Lo hemos visto esta misma semana cuando el presidente del Gobierno solicitaba apoyos para sacar adelante la quinta prórroga del Estado de Alarma, en el que vivimos desde que el pasado 14 de marzo cuando nos confinaban para luchar contra la pandemia de la COVID-19.

 

En esta ocasión era la representante de Coalición Canaria, Ana Oramas, la que votaba a favor de esa ampliación y Pedro Quevedo, de Nueva Canarias, el que se abstenía. La primera lo hacía porque había llegado a un acuerdo después de que el Ejecutivo de Pedro Sánchez asegurara la ampliación de los ERTEs turísticos. Y el segundo se abstenía porque no le daban garantías de aplicar medidas específicas para las Islas, ni que se autorizara el uso del superávit ante una «pandemia socioeconómica». Es decir, CC que, no habían confiado en Sánchez para ser presidente del Gobierno y que votaron en su contra en la investidura creyeron en lo que se les prometía oralmente, sin papeles escritos y NC, que le dieron apoyo, se abstenían porque nadie les llamó ni les dijo qué podían prometerles.

 

Vayamos con los antecedentes del caso, porque todo esto sucedía antes de que conociéramos que el PSOE les firmara un acuerdo, insisto, por escrito y firmado, un acuerdo para la derogación de  la reforma laboral de 2012 aprobada por el PP, antes de la finalización del Estado de Alarma y que además las corporaciones vascas y navarras puedan disponer de mayor capacidad de gasto para políticas públicas destinadas a paliar los efectos sociales originados por la crisis del Covid-19 y asimismo que no se computen en la regla de gasto y que la capacidad de endeudamiento del País Vasco y de Navarra se establezca exclusivamente en función de sus respectivas situaciones financieras.

 

Es decir, a los vascos les firma el acuerdo y a Coalición Canaria se lo promete de palabra. El pasado jueves me encontré con José Miguel Barragán y le pregunté si a la vista de todo este revuelo se fiaban del PSOE y me dijo que “tenemos que fiarnos, porque hay que buscar soluciones en la situación en la que estamos. La ciudadanía no entendería que no haya soluciones dependiendo de quien ocupe el poder”.

 

Y a todas estas recordemos que el presidente del Gobierno Canario, Ángel Víctor Torres y el vicepresidente Román Rodríguez, que es también el consejero canario de Hacienda, salían de un Consejo Territorial de esta materia muy contentos porque desde el Ministerio que dirige María Jesús Montero les había prometido que las corporaciones públicas canarias dispondrían de mayor capacidad de gasto para políticas públicas destinadas a paliar los efectos sociales originados por la crisis del Covid-19 y que no se computarían en la regla de gasto en el caso de las entidades locales.

 

A pesar de ello, el partido que preside Román Rodríguez, Nueva Canarias, se abstuvo en la votación y Pedro Quevedo explicaba que se abstenía porque no había nada, que nadie del PSOE le había llamado y que ya era hora de pasar de «posibilidades» a compromisos firmes. Por tanto, tenemos al presidente del partido encantado del encuentro y al diputado en el Congreso absteniéndose porque a la hora de negociar, desde el PSOE, no le dicen nada.

 

Le pregunté por estos pareceres contradictorios a Román Rodríguez en el televisivo programa Buenas Tardes Canarias y me contestó que él nunca había dicho que todo estaba arreglado, y es verdad, no lo dijo, pero estaba allí cuando lo dijo el presidente y no abrió la boca para decir lo contrario. Justificó la postura de Quevedo porque ese era el mandato del partido y el acuerdo tomado y me sonó a toque de atención e incluso a un poco de celos porque Ábalos, el secretario de Organización socialista y ministro de Transportes, había llamado a Ana Oramas y no tuvo el mismo gesto para con Nueva Canarias.

 

La postura es de difícil conjunción. Nueva Canarias gobierna en Canarias con el PSOE, en Madrid votan en contra porque los socialistas no se comprometen con los fondos que tienen apalancados las corporaciones isleñas en los bancos y que según la ley vigente no se pueden tocar. Mientras, por el contrario, a Coalición Canaria le basta con la promesa oral de que estudiarán la propuesta de utilizar ese dinero, pero ni están en el Ejecutivo Autonómico ni, de momento, se les espera.

 

Y a todas estas, ¿qué sabemos de Unidas Podemos y sus representantes canarios? Ni Alberto Rodríguez ni Mari Pita han levantado la mano para exigir que figuren en el acuerdo eso de los dineros, por el contrario, sí que han salido como un zeppelín para reclamar que hay que cumplir con lo prometido a Bildu.

 

Así están las cosas, cada uno por su lado, cada uno intentando ser la voz que reclama cosas para Canarias y moviendo los hilos en un teatro de operaciones en el que siempre hay algo que arrancar porque nadie de ese Gobierno Central tiene ojos o sensibilidades para ver más allá de Cataluña, País Vasco, Navarra o Andalucía. Y existen unos territorios, allende los mares, en los que el turismo representa el 40 % del empleo y es la principal fuente de la economía.

 

El electorado de Coalición Canaria y el de Nueva Canarias son distintos y ellos mismos se califican en el espectro ideológico de manera diferente. Es más, sus territorios de representación también están divididos, aunque en las últimas elecciones generales fueron juntos. ¿No sería conveniente transitar hacia una convergencia? ¿No deberían coincidir en algunas posturas y olvidarse de la cosecha de votos en cada una de sus acciones?

 

En fin, que es el mismo asunto mareante de siempre, pero algún día tendrá que acabar, ¿cuándo? Ni ellos creo yo que lo saben.

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

La Laguna, 23 de mayo de 2020.

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