EL MONÓLOGO Nº035
Responsabilidad ante la incógnita

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Responsabilidad ante demasiadas incógnitas

 

 

José Moreno García *                                                   

 

 

Tenemos nuevas medidas para los próximos catorce días, sobre todo en Tenerife, donde no se podrán reunir más de cuatro personas, con un toque de queda que impide la circulación y los desplazamientos entre las once de la noche y las seis de la mañana, toda una regulación que entra en vigor hoy mismo y que ya se verá si se tornan más drásticas después del 17 de este mes. Todo dependerá del grado de cumplimiento, de la responsabilidad que cada uno de nosotros demostremos en estos días y de que sepamos apelar al subconsciente emocional para que nuestro comportamiento vaya acorde con la legislación vigente.

 

Tenemos, en nuestra mano, que esto no se ponga peor. Es la oportunidad, si somos capaces de reunir en torno a nuestra mesa a las personas que pueden estar, no a los que deben, que eso sea un episodio de nuestras vidas y que podamos celebrar otras fiestas navideñas con todos los que queremos. La manera de celebrarlo está en nuestra forma de proceder y que frenemos esta escalada en el número de contagios. La manera de hacerlo corresponde a cada uno, y sería más prolijo y problemático de relatar. Lo que pasa es que estamos en una situación singular en la que vale más hacer caso a lo que nos dicen que omitir todo ello y saltarnos las recomendaciones y los mandatos.

 

Hace muchos años, cuando estaba al frente de un programa dedicado a las gentes de la mar, Faenando, recuerdo que en estas fechas señaladas muchas familias dejaban una silla vacía para recordar al que estaba ausente y más de un niño le decía a su padre, que le escuchaba por la radio, que Nochebuena y Navidad las celebrarían el día que volviera a casa “con la marea hecha”. Pues ese debe ser el espíritu de lo que se nos avecina. Volveremos a encontrarnos todos, cuando el virus desaparezca o deje de ser una amenaza sanitaria.

 

Y dicho esto hay que hacer también una reflexión sobre lo que está pasando. Nadie sabe dar una explicación convincente de las razones por las que el número de casos sube cada día en la isla de Tenerife, por qué no se detiene la curva y no esclarecen tampoco las incógnitas de los números que se ofrecen diariamente.

 

He hablado con mucha gente sobre todo esto. Tengo sanitarios que me cuentan que para ellos no existe explicación, que los ingresos registrados no son tantos, que las camas en las UCIs no están en los niveles que deberían preocuparnos y que las pruebas llevadas a cabo a miles de tinerfeños no han demostrado un crecimiento inusitado de contagios. He hablado con alcaldes que me dicen que la gente se comporta y que las sanciones que se han impuesto no superan los límites establecidos. Cuentan que hay un grado notable de responsabilidad y de comportamiento. Que quitar o poner media hora más en la restauración no conlleva el aumento de casos y que no hay ninguna evidencia científica que avale ese incremento del que se habla.

 

Con medidas no tan estrictas se logró que en Gran Canaria se pudiera controlar el crecimiento de la pandemia. Entonces, ¿qué pasa en Tenerife?… Nadie lo sabe. Lo cierto es que las autoridades tinerfeñas se han lanzado a un mensaje crudo para que todo esto se frene. Pero ¿qué más podemos hacer? Tenemos a la hostelería herida de muerte, no salimos, no hay vida después de las doce de la noche, usamos mascarillas hasta cuándo vamos al baño y nos lavamos las manos tantas veces que ya se nos ven hasta los sellos que nos ponían en nuestros años mozos cuando salíamos un momento de la discoteca. ¿Entonces?

 

Algo está pasando. Algo que nadie entiende ni comprende y que para unos pocos se sitúa en la hipérbole de la confabulación y para otros en un plan meditado de hundimiento de una parte de esta sociedad. No es posible. Son pensamientos demasiados rebuscados para que sean así. Pero no deja uno de elucubrar en la rareza de los acontecimientos. ¿Por qué el coronavirus en cuestión está tan desatado en la isla de Tenerife, en concreto en su área metropolitana?

 

Escribiendo este artículo oigo el mensaje del presidente del Cabildo, Pedro Martín, secretario general del PSOE en Tenerife, que solo habla de que esto se podría poner peor, que las medidas podrían endurecerse y que apoya las nuevas restricciones que se aplicarán en Tenerife para las próximas dos semanas y, además, pide que “se sancione a todos aquellos que no cumplan las normas, porque son ellos los que nos están poniendo en peligro a todos y retrasando la reactivación económica”.

 

Incide el mandatario insular en que “nos estamos jugando mucho” y añade que cualquier acción, por pequeña que sea, “puede generar un nuevo caso de contagio”. Martín también se refirió a que “se necesita a la ciudadanía” y aunque las nuevas medidas “son duras”, se hacen en beneficio de todos y se toman para evitar otras a las que “nadie quiere llegar”.

 

Vale. Hasta aquí todo correcto. Pero ¿nada de lo que están haciendo desde la administración? Todavía no se sabe con cuántos rastreadores cuenta esta isla para determinar y perimetrar los brotes de la pandemia.

 

Seguimos sin saber qué se está haciendo desde la Administración insular y desde las locales, al margen de endurecer las medidas que afectan a los ciudadanos, para atajar un mal que nos afecta a todos pero que no solo se palían con toques de queda, regulación de grupos y una serie de mandatos referidos a los comportamientos y normas de seguridad e higiene.

 

¿Qué se hace desde el Cabildo o los Ayuntamientos de Santa Cruz de Tenerife y de San Cristóbal de La Laguna para evitar la propagación de la enfermedad? ¿Por qué los tranvías van tan llenos? ¿Por qué las guaguas tienen esa densidad a determinadas horas del día? ¿Hay respuestas desde la administración a estas y otras preguntas?

 

Sigo insistiendo en la necesidad de que todos colaboremos porque durante los próximos catorce días nos jugamos si los que vienen a la cena de Nochebuena son muy pocos o los menos posibles, pero eso no quita para que cada uno haga su trabajo y no apele a la colectividad para no hacer nada. Pedir que los demás se comporten no les da a ellos un salvoconducto sobre lo que están haciendo, que, también insisto, nadie comprende ni tiene una explicación razonable.

 

No es lógico que si queremos una mesa de diez comensales la noche del 24 de diciembre se tenga que ir uno a Las Palmas y no pueda hacerlo en Tenerife, pero es lo que hay, al menos de momento.

 

En Tenerife siguen cerrados muchos restaurantes que en el pasado fueron santo y seña de la gastronomía. Alguna estrella Michelin sigue sin abrir porque no encuentra su hueco en una sociedad en la que las restricciones coartan la posibilidad de recaudar para vivir. Por el contrario, hace ya tiempo que esas mismas limitaciones desaparecieron en Gran Canaria y otras islas, propiciando que pueda vivir y mantener su oferta.

 

No quiero llevar esto al terreno de la especulación insularista, pero deja la imaginación libre y es por eso por lo que reclamamos alguna explicación científica al incremento de casos. No me vale a estas alturas que me hablen del comportamiento de la gente porque no es así. En la calle se transita con mascarillas, no hay restaurantes abiertos más allá de las once, los bares de copas son un recuerdo del pasado, el miedo se ha instalado entre nosotros y la ciudadanía se comporta, en líneas generales, de un modo responsable.

 

¿Qué es entonces lo que está pasando en Tenerife? ¿Alguien puede explicarlo? Estoy abierto a los razonamientos científicos, a los que de verdad demuestren las razones de este incremento o al crecimiento desaforado. Lo de las recriminaciones por cómo somos o sobre el comportamiento de la población no terminan de convencer.

 

De todas formas, hay que seguir insistiendo en que todos tenemos que colaborar. Que en los próximos catorce días no deben reunirse más de cuatro personas, que habrá toque de queda y de que esta es una labor de todos. Dicho eso, espero algunas explicaciones convincentes.

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

La Laguna (Tenerife), 6 de diciembre de 2020.

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