EL MONÓLOGO Nº045
La radio en tiempos de pandemia

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Pepe Moreno *                                                                

 

 

Hoy les podría hablar de que el Gobierno de Canarias no se ha atrevido a rebajar, sin más, el nivel de restricciones en la isla de Tenerife a cuenta de las fiestas que se estaban preparando y publicitando en este tiempo del Carnaval. Para curarse en salud, y en esto de la seguridad sanitaria no hay más que decir, han decidido que es más seguro poner un “toque de queda” a las diez de la noche, con todo lo que eso significa para la hostelería y para el general movimiento de la ciudadanía, que tendrá que recogerse en sus casas a esa hora. Cuando se trata de estos preceptos es muy difícil llevarle la contraria a nadie, y menos a unos expertos en la materia de la COVID-19.

 

Además, a pesar de las disposiciones y de que las limitaciones ponían un tope de cuatro personas, de que la vida nocturna está más cerrada que las carreteras del Teide después de una nevada, ya se anunciaban fiestas y saraos en diversas partes de nuestra geografía insular. Y claro, mejor seguir con las prohibiciones, que estar pendientes del incremento de contagios que puede provocar una situación de “libertinaje” en eso de las reuniones descontroladas.

 

Pero no iba a escribir de eso, de todo lo relacionado con la pandemia y con las indicaciones de nuestros gobernantes, sino de que hoy es el Día mundial de la radio. Ese invento que parece que hay que atribuirle a finales del siglo XIX al físico e ingeniero Nikola Tesla. Pero más tarde se le atribuyó al ingeniero italiano Guillermo Marconi, que en 1909 recibió el premio Nobel de Física, tras lograr realizar la primera transmisión radiofónica a través del Atlántico.

 

Sin embargo, no fue hasta 1943 cuando la Corte Suprema de Estados Unidos reconoció de manera oficial a Tesla como verdadero inventor de la radio. Desde entonces la radio, en general, no ha hecho más que ganar popularidad: en la actualidad algo más de la mitad de los españoles escucha la radio y más de 22.700 personas lo hacen de media cada día, según la última ola del Estudio General de Medios (EGM).

 

El Día de la Radio fue establecido por la UNESCO en 2011 a partir de una propuesta de la Academia Española de la Radio y apoyado de manera oficial por la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 2013. Se marca como metas “concienciar sobre la importancia de la radio entre el público y los medios de comunicación, animar a los responsables políticos a disponer y dar acceso a la información a través de la radio y mejorar la creación de redes y la cooperación internacional entre locutores”

 

Se eligió jornada conmemorativa internacional el 13 de febrero ya que fue en este día en 1946 precisamente cuando se creó la radio de la ONU, que pone su biblioteca radiofónica a disposición pública. En ella se reúnen todos los archivos sonoros de la institución desde 1948, incluyendo grabaciones históricas como la última intervención ante la Asamblea General del presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy o de míticos embajadores de alguno de los órganos de la institución, como de la actriz Audrey Hepburn, embajadora de UNICEF. Y desde entonces la radio nos ha estado acompañando a todos.

 

Por eso, porque la radio ha sido compañía para la población en general, porque tras unos años de decaimiento en los que parece que la televisión iba a comérsela, con la democracia la radio recobra su protagonismo, fundamentalmente a partir del intento de golpe de estado en 1981, cuya noche es recordada como la “noche de los transistores”. Es, a partir de este momento cuando las emisoras recuperan su libertad, creando sus propios sistemas informativos, incorporando profesionales del periodismo y eliminando el veto al seseo y deje canario sufrido hasta entonces.

 

La radio, en la que durante tanto tiempo he tenido vivencias y en la que hemos contado lo que iba sucediendo en el acontecer diario, nos ha servido de vínculo, a oyentes y profesionales, de que había un medio que nos relataba lo que estaba sucediendo en cada punto de interés informativo y que nos traía las experiencias que sentían los protagonistas.

 

Esa radio es la que homenajeamos en un día como éste, para que siga estando presente en nuestras vidas, para que no olvidemos que es un medio informativo que nos acompaña con el simple hecho de encenderlo y que lo mismo nos ofrece las músicas de un momento determinado o las voces de los que nos relatan lo que sucede en el ámbito que deseemos, sea internacional, nacional o local.

 

La radio, ese contorno informativo tan amplio que es difícil de circunscribir, va con todos desde que uno se levanta hasta que se acuesta. Incluso hubo un tiempo en el que la cama era el lugar preferido para escuchar las últimas noticias relativas al mundo del deporte, y lo mismo conocíamos que había “abrazafarolas”, “tiralevitas” o “pablo, Pablito o pabletes” o gentes que aplaudían como borregos a los lobos que estaban ganando y que completaban con aquello de “tú afición es sentimiento y tiene mucho alimento, di que tú eres el mejor, hincha, tú eres el mejor, escuchando el transistor”, que era la sintonía del principal competidor de “SuperGarcía” en el “imperio del monopolio”, como él denominaba a la SER con José Ramón de la Morera en el programa “El larguero”.

 

Fueron tiempos en los que la radio sonaba de otra manera, sin interferencias gubernamentales o de redes sociales. Era más sincera y ponía más énfasis en contar lo que pasaba en la calle. Hoy es un batiburrillo de voces que se guían más por postulados políticos y por tendencias en las redes que por contar lo que realmente está pasando. La radio de hoy ha dejado paso a las redes, que se han convertido en una especie de relatores de la vida, muy particulares y con grandes dosis de narcisismos, que han desvirtuado la génesis de lo que fue en su día.

 

Hoy ya no tenemos tiempo para pararnos en lo que en su momento fueron grandes instantes. Los relatos de, por ejemplo, José Carlos Marrero, el director de www.canariasenpositivo.es, cuando dedicaba tiempo en antena a relatar sus vivencias o sus conversaciones con personajes irrepetibles de nuestra historia más reciente o de José Antonio Pardellas, el creador de “una hora menos en Canarias” y muchos otros con los que compartí mesa y micrófono como Gilberto Alemán o César Fernández-Trujillo o el padre Siverio que me enseñó que la radio está dedicada, sobre todo, a aliviar la soledad, a hacernos creer que, en el mayor desamparo, siempre hay una voz que te llama para hacerte compañía.

 

He tenido muchas vivencias en mis muchos años dedicados a la radio. Desde acompañar a los hombres de la mar en aquel “Faenando” que hacíamos en Radio Popular, a los informativos, a la noche de los transistores el 23 de febrero de 1981 en la que viví una jornada inolvidable junto a Adrián Alemán y César Fernández en la que no sabíamos qué iba a triunfar, si la asonada militar o el régimen democrático. Luego, pasados los años, descubrí que la radio también era opinión con “El Remache” con todos los que expresaban su juicio en las ondas.

 

Más tarde, ya en Radio El Día, con el “día por delante”, volví a sentir toda la fuerza de la radio con la riada del 2002 en Santa Cruz de Tenerife o con la fuerza del huracán Delta en noviembre de 2005, que nos permitió, gracias a la genialidad de Maleni Yanes, la jefa técnica que puso generadores eléctricos en todos los centros emisores de la emisora, mantener las emisiones y hacer posible que la población siguiera minuto a minuto lo que estaba pasando.

 

Fueron días llenos de vivencias singulares en los que la radio nos unió a todos y en los que pudimos saber unos de otros. No funcionaba nada. No había suministro eléctrico y la labor de la única compañía que nos suministraba fluido a todos, dejaba bastante que desear, pero estaba la radio y mucha gente descubrió que era el mejor medio para acompañar.

 

Familias enteras que se volvían a reunir en torno a ese aparato que casi estaba desahuciado en la casa y al que había apartado la televisión o el ordenador, volvía al centro de atención. Gentes que volvían a dormirse con el auricular metido en la oreja o parejas que compartían las emisiones de la única estación radiofónica que les contaba historias de gentes cercanas a las que el huracán había dejado en una situación comprometida.

 

Como decía aquella canción de Dyango, “Y estos tus amigos de la radio, con canciones te dirán, (que ya pronto volverán) Es tu buena compañera, la radio” un medio al que algunos han querido enterrar y que sin embargo sigue siendo la mejor compañía según te subes al coche. Es quien va con cada uno de nosotros cuando llevamos a los niños al colegio o nos ayuda a que no estemos tan solos en una sociedad llena de ruidos y de gentes por doquier.

 

Yo sigo disfrutando de hacer radio con Máyer Trujillo cada mañana o con Iván Bonales, en unas sintonías en las que expreso lo que siento en cada momento y en las que hablo con aquellos que tienen responsabilidades en esta sociedad y que muchas veces intentan contarnos su verdad antes que relatarnos lo que en realidad está pasando. Por eso sigo disfrutando de la radio en la amplitud del término. Existen en el léxico moderno otros términos que engloban a la radio como “a la carta” los podcasts, pero esos son sucedáneos de la materia prima: LA RADIO y yo sigo quedándome con la materia prima, con palabras ya olvidadas en nuestro vocabulario como dial y sintonizar.

 

En estos tiempos de “toque de queda” de “confinamientos” existen las plataformas televisivas o las tardes de series, pero donde esté lo que cuenta la radio que se quite todo lo demás. ¿O no?

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

La Laguna (Tenerife), 13 de febrero de 2021.

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