EL MONÓLOGO Nº048
Mi no entender.

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Pepe Moreno *     

 

 

La verdad es que cuanto más me lo explico a mi mismo, menos lo entiendo. Resulta que nos reclaman todos los días que debemos hacer un control mucho más exhaustivo de nuestros movimientos, que en la Semana Santa debemos quedarnos en nuestros entornos y no salir por ahí, para evitar la difusión de virus, pero abrimos nuestros aeropuertos para que vengan de fuera todos los que puedan en ese mismo periodo de tiempo.

 

Por ejemplo, en el Consejo de Gobierno del jueves se elevó a Fuerteventura del nivel de alerta 1 al 2, y se mantiene el mismo grado para el resto de las islas. El portavoz de nuestro Gobierno, el incombustible Julio Pérez, indicaba que en las Islas hay una “tendencia general” que parece “relativamente favorable” y se va acercando a los 50 casos de incidencia en los últimos 7 días. Fue curioso oírle decir que “Tenerife no empeora, pero tampoco mejora”.

 

Pérez ya avanzó que “con los datos actuales no se prevé que se acuerde el cierre perimetral en Semana Santa” y, si llegara a ocurrir, comentó que “se mantendrían como casos excepcionales la entrada de turistas en espacios alojativos del Archipiélago, la de personas que regresan para visitar a su familia o viajes por razones laborales”. Lo que no quita para que los responsables sanitarios no paren de decirnos que ahora lo que realmente les preocupa es la Semana Santa, y que es clave que la sociedad entienda que debe estar tranquila, como una semana normal, y que no se debe bajar la guardia.

 

A todo esto, el propio presidente del Gobierno Canario, Ángel Víctor Torres, nos vino a advertir, en una de sus comparecencias de esta semana, que su Ejecutivo endurecerá las medidas para Semana Santa con el fin de contener la propagación del coronavirus, si bien no prevé que se produzca un cierre perimetral. El responsable autonómico respondía a unas preguntas en una entrevista en la cadena Cope y dijo estar muy preocupado por esos días de la Semana Santa. Después de que, en las anteriores festividades, como Carnavales o Navidad y Reyes, se produjera lo que él denominó “un repunte de contagios” y llegó casi a amenazar con “arbitrar un mecanismo de dureza”, que evite que se repita la anterior situación porque, de lo contrario, “se pone en riesgo la apertura del mercado turístico”. Es decir, los de aquí quietitos en casa y con reuniones controladas de no más de seis, tempano en casa por el toque de queda y sin procesiones, lo que no quita para que venga todo el que quiera a pasar estos días.

 

Por tanto, los del país, los contribuyentes canarios deben de quedarse en casa y los de fuera tienen las puertas abiertas para poder disfrutar de todos nuestros encantos naturales sin ningún tipo de restricciones, eso si, faltara más, tienen que cumplir con nuestros toques de queda y estar recogidos a las once de la noche y lo que quieran disfrutar lo hacen en las habitaciones y con su círculo de convivientes, que hasta ahí podríamos llegar. Que venga, pero que se adapten a las disposiciones vigentes y la normativa imperante.

 

Esa es la primera cuestión que no comprendo. Luego hay otras. Por ejemplo, lo que ha ocurrido con la negociación de lo que resta por venir del dinero del convenio de carreteras. Resulta que le hemos ganado un pleito al Estado, con lo que eso supone, y nos tienen que devolver nada menos que mil millones de euros. Según parece, por lo que se deduce, Canarias acordó con el Ministerio de Transportes que los 407 millones de euros en inversiones en carreteras que Madrid nos debe se salden añadiendo dos nuevas anualidades al convenio que actualmente tenemos en vigor, añadiéndole dos años más, los que no estaban firmados. Así, Canarias y Madrid anunciaban el cierre de un acuerdo para incorporar una adenda al convenio de carreteras con la que ampliaban desde principios de 2026 hasta finales de 2027, en ese periodo se incorporaban esos más de 400 millones de euros como dinero a recibir por Canarias.

 

Con ese criterio, el Gobierno Central, el de Sánchez abona lo que queda por pagar de la sentencia por el convenio. Es decir, nos abona los más de 400 millones en dos anualidades de cada una, unos doscientos millones, que es lo que nuestro Gobierno estima que puede gastarse, porque, según dicen, no podemos asumir más. Es decir, le damos vidilla con una ampliación porque no tenemos más capacidad de gasto. A ellos le damos la oportunidad de quedar bien, pagan con nuestro dinero, y nosotros no asumimos más de lo que podemos. Pero, ¿quién sale ganando? Estimo que ellos que no pagan más y ponen unas cantidades que ya nos pertenecían. Dicho de otro modo, más en canario, ganamos lo que teóricamente ya teníamos, pero perdemos dos anualidades de un convenio nuevo que se retrasa en su ejecución. Nos dan el dinero que nos deben desde hace años, pero dejan de darnos dinero nuevo para carreteras durante 2026 y 2027.

 

Insisto en que no comprendo. Hacemos el panoli en estas cuestiones, que son algunas a mero vuela pluma, en las que parece que los canarios nos dejamos convencer porque podría entenderse que nos pueden embaucar y convencer en beneficio de que es mejor este tipo de soluciones porque somos gentes simplonas que no queremos complicaciones. Y no debe ser eso, lo que hemos logrado con constancia y tesón no nos lo pueden arrebatar en una negociación de colegas de partidos.

 

Y tampoco comprendo la actitud del Gobierno de Canarias con el tema de los migrantes y la manera en la que la Unión Europea quiere que estas islas se conviertan en el escarmiento de unas personas que pusieron rumbo a una tierra de promisión. Quieren que aquellos que arribaron a estas costas se queden aquí, que no sigan camino hacia los países que conforman un territorio en los que podrían emplearse y que les diera salida a sus sueños de vivir mejor.

 

Salen de Marruecos, Mauritania, Senegal o Mali que no les ofrecen un porvenir y ponen rumbo hacia unos países en los que parece que tienen más futuro. Y su primera parada, para tocar esa tierra prometida, es en Canarias, de donde saldrán hacia un continente que reúne las condiciones para poder desarrollarse laboralmente, pero no pueden. Se les condena a estar en campamentos en el que se hacinan y en los que la convivencia es muy difícil. Pasan frío, hambre y parece que sus posibilidades son nulas. No somos nosotros, son nuestros sistemas los que les impiden seguir adelante en sus sueños de un mundo y una supervivencia mejor.

 

Nos ven como la plataforma en la que parar para seguir, pero la policía, las normas y los protocolos son superiores a la ley de vida. Ellos no quieren quedarse en estas islas que no tienen una supervivencia tan limitada. Tienen familiares y conocidos que les pueden brindar formas de progresar más fáciles que unos territorios insulares que dependen más que nada de los que vienen aquí a descansar o a buscar la desconexión. Pero les obligan a quedarse y a formar parte de la estadística de la pobreza. Es un castigo o una forma sibilina de que no hagan de efecto llamada.

 

Por eso los dejan malvivir entre una población sufrida en condiciones aún peor que los ya viven aquí. Por eso salen a flote las condiciones humanas más bajas y por eso el caldo de cultivo de la xenofobia sale a relucir. Gentes que se preguntan de donde salen los fondos para mantenerlos o cómo es posible que los recién llegados sean acogidos cuando hay gentes del país que no tienen un techo. Y todo esto hace que una parte de la población los repudie, cuando siempre hemos acogido a los humildes, a los que no tenían nada.

 

Todo el mundo apela y recuerda que hemos sido un pueblo de emigrantes, que cuando en Canarias no había hemos buscado otros horizontes, ¿por qué ahora nos comportamos, o una parte lo hace, de forma tan miserable? Porque no hay ni para los canarios y lo que hacen con este pueblo es ser la mano que impone el castigo. Sigo sin entender.

 

Ni los cargos públicos está haciendo cosas para que no sea así, ni una parte de nuestras gentes tampoco. Nos estamos dejando llevar por una vorágine que nunca ha marcado nuestra forma de ser. Los canarios no somos los que rechazamos, más bien los que acogemos, pero las circunstancias de la vida nos están llevando por otros derroteros. Somos pueblo de acogida, nunca de rechazo, por eso no se comprende lo que está pasando.

 

Nuestro presidente así lo entiende y por eso hizo el otro día una intervención en el Parlamento Europeo para que no nos abandonen y menos a estas gentes, pero allí son más pragmáticos y ven la posibilidad de que las islas sean un muro de contención y no podemos serlo. Los burócratas europeos no nos ven como un paraíso de sol y playa y un área de descanso del devenir continental y somos mucho más que todo eso.

 

No entiendo ni comprendo este modo de actuar y apelo diariamente al juicio, pero por lo que se ve esa parte nos la dejan a nosotros que seguiremos acompañando e intentando mejorar las condiciones de vida de los que llegan a nuestras costas buscando una mejor perspectiva de vida de los que llegan en tan precaria vicisitud. No nos queda otra, pero mi no comprender. ¿Me entienden?

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

La Laguna (Tenerife), 6 de marzo de 2021.

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