EL MONÓLOGO Nº063
Números que significan cosas

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Números que significan muchas cosas

 

 

Pepe Moreno *

 

Bueno, pues aquí estamos un fin de semana más, con las restricciones propias de una isla, como la de Tenerife, que sigue con los contagios disparados y con unos números que están perjudicando a los de todo el Archipiélago. En Tenerife hemos ido escalando desde los 99 nuevos casos del lunes a los 105 del martes, los 123 del miércoles o los 140 de ayer jueves, en una progresión que parece que no tiene fin y que contrastan con los 22 casos que tuvo Gran Canaria el lunes a los 42 del martes, los 28 del día siguiente o los 33 de ayer. Son en estos datos en los que podemos ver la evolución de en una isla, Gran Canaria, en la que los contagios están contenidos y en otra, Tenerife, tienen una subida escalonada a la que nadie puede frenar. ¿Y qué explicación tiene este tipo de subidas? Pues parece que ninguna. El propio Gobierno de Canarias encargó un estudio/informe con el fin de aclarar qué podía estar pasando, pero sus explicaciones no resultaron concluyentes ni daban como resultado poder hacer algo para frenarlos.

 

Hemos oído muchas explicaciones, pero en todas se pone de manifiesto que no hay nada que se pueda hacer. La escalada no se frena desde el pasado 4 de junio, fecha en la que se registra el menor número de personas enfermas de la COVID-19. Después de eso, suben sin que nada ni nadie pueda controlarlos. En palabras del propio portavoz del Gobierno, Julio Pérez, “el informe realizado por Sanidad no conduce a resultados concluyentes. Las medidas que han funcionado en otros sitios, en Tenerife no lo hacen” y luego, en la misma rueda de prensa, entró en una serie de disquisiciones como la dispersión de los municipios, la movilidad de los tinerfeños o que los rastreos entre el personal más joven tiene más dificultades que con los mayores que sí se acuerdan con quien estuvieron y compartieron tiempo. Concluyó sus manifestaciones con que “Sanidad no propone más medidas ni más restricciones para Tenerife” pero eso sí, ayer mismo el consejero de esta materia advertía que si no se frena la escalada se podría plantear “un aumento de las restricciones como las contempladas en el nivel tres”.

 

En estos días he oído decir al doctor Guillermo de la Barreda, de la Asociación para la Defensa de la Salud Pública en Canarias, que “hay un problema de mala gestión de la pandemia”, para explicar que también existe una falta de personal y añadía que “si no tenemos el número de rastreadores suficientes, si no tenemos planes de trazabilidad por falta de personal o si no estamos controlando los confinamientos domiciliarios, los datos seguirán siendo peores. No se les ha dotado de los medios necesarios”. De la Barreda ha denunciado que se producen situaciones en las que a los contactos estrechos de una persona que ha dado positivo se les recomendaba quedarse en casa durante varios días “esperando por una prueba PCR” que no llegaba o lo hacía 10 días después “mientras en Gran Canaria no tardaban más de 48 horas en hacerla”.

 

El doctor De la Barreda ha insistido en sus declaraciones públicas en poner soluciones más drásticas ante la inminente llegada del verano, ya que, “si seguimos a este ritmo, en las próximas semanas es posible que lleguemos al nivel 3. No podemos cometer el mismo error que el verano pasado cuando abrimos la mano y se dispararon los casos”. Pero es que además ha añadido que “actualmente, el mayor riesgo está en los menores de 40 años, y no están vacunados”. Ha recordado que Santa Cruz de Tenerife está entre las ciudades con peores índices y mayores contagios de España y se ha atrevido a exigir el cierre a las 21.00 horas de todos los lugares públicos de reunión para hacer botellón. Por último, recalcó que también incumple el turismo que nos visita, “y solo hay que verlos pasear sin mascarilla”. Por tanto, exigió mantener la vigilancia y los “PCR o test de antígenos a la llegada”.

 

A todo esto, a lo que no le falta razón al traumatólogo De la Barreda, hay que añadir que ese tipo de restricciones no se hacen en el resto de las islas que presentan mejores datos que Tenerife. ¿Qué es entonces lo que está pasando? Pues que los datos nos cogieron en la época en la que se levantó el toque de queda y el resto de las restricciones cuando decayó el estado de alarma y que desde entonces la estadística no ha ido sino empeorando. No es que seamos más irresponsables, que de todo hay en la viña del señor, sino que aquí ya la cosa comenzó mal y se ha ido poniendo peor y nadie hace nada por remediarlo. Pero vamos a darle otra vuelta a los números para darnos cuenta de que todo lo que puede empeorar, lo hace.

 

En la incidencia de la enfermedad a 14 días en todo el Archipiélago la cifra se sitúa en 83,53, pero en Tenerife ese índice está en 131,81, mientras que en Gran Canaria ese mismo indicador es de 47,34, es decir, tres veces y media más baja en la isla redonda que en la picuda. La misma diferencia podemos observar en el índice a siete días y así podríamos seguir.

 

Nos dicen que hay mucha gente que no lleva bien puesta la mascarilla, que en Tenerife hay más relajación, pero también que es la isla en la que se levantan más actas de incumplimiento, que en el área metropolitana se centran casi todas las fiestas ilegales, pero el virus está repartido por toda la isla y son muy pocos los municipios libres de virus como La Guancha, Buenavista o Fasnia y que el resto tiene una incidencia entre riesgo medio, alto y muy alto.

 

¿Es todo responsabilidad de la gente? Algo hay, pero no es menos cierto que las autoridades sanitarias deberían hacer algo más. Se debería hacer un seguimiento más exhaustivo de los contagios. A los confinados, por ser contactos directos, se les tendrían que hacer más llamadas para comprobar que están en sus domicilios, hacer pruebas periódicas para comprobar su evolución o confirmar que, si son positivos o negativos, las cuarentenas se cumplen, al tiempo de hacer un seguimiento por parte de las autoridades competentes. Solo este tipo de acciones nos pueden conducir a mejorar una estadística que actualmente nos juega en contra.

 

No sé si nos damos cuenta de que Tenerife está en el punto de mira de mucha gente y que estamos perdiendo un partido fundamental para el futuro económico de la isla. Se está transmitiendo que las gentes de esta isla son incumplidoras, que no es seguro venir aquí ni de vacaciones, ni siquiera a cobrar una herencia, y que incluso la restauración es un peligro en las actuales circunstancias. El tinerfeño no es de fiar porque incumple una normativa pensada y diseñada para proteger a toda la sociedad y sin embargo hay gentes que prefieren salir de juerga por encima de todo. He oído explicaciones tan peregrinas como que hay tanto contagio porque salimos mucho a comer a los guachinches, a los chiringuitos de playa, o a los botellones. Que no somos conscientes de la gravedad de la situación y que nos exponemos gratuitamente. ¿Somos así? Me rebelo contra este tipo de simplistas estereotipos y siempre reclamo más seriedad a la hora de evaluarnos, pero me estoy quedando sin argumentos a la hora de esgrimir los datos diarios. Algo debemos de estar haciendo mal, nosotros los ciudadanos y también las instituciones y no se arregla sólo con poner más vacunódromos o lugares en los que te puedan poner una vacuna a cualquier hora del día o de la noche, porque da lo mismo si te vacunas a las 3 de la tarde que a las 2 de la madrugada. Aquí alguien no está haciendo bien su parte del trabajo. Los que están en los puestos de responsabilidad porque quizás no ponen toda su competencia en la trazabilidad de cada brote y nosotros los ciudadanos porque no cumplimos con los protocolos de protección establecidos. Pero tenemos que salir adelante entre todos.

 

Tenemos un Cabildo que tiene que hacer mucho más que mirar hacia la ciudadanía para buscar culpables y debe pasar más de las palabras a las acciones para que los rastreadores hagan un trabajo mucho más completo de lo que hacen hasta ahora. El Cabildo debe exigir, a quien sea, que se están poniendo los medios necesarios que impidan la divulgación de la enfermedad. La Corporación Insular debe ponerse al frente de la defensa de la ciudadanía de la isla, pero no para negar ni para impedir la publicación de los datos verdaderos sino para que la información sea rigurosa y conforme a lo que se está haciendo. Y sobre todo debe luchar para que el buen nombre de la isla y de sus gentes se preserve de la mala campaña que algunos están promoviendo en todos los frentes.

 

Nos estamos quedando atrás en muchos aspectos, digo en Tenerife, como, por ejemplo, en tener un plan para los puntos de recarga para los coches eléctricos. Me comentaba el otro día alguien relacionado con ese mundo que en todas las islas existían planes para la proliferación de esos postes, menos en Tenerife, lugar en el que no hay ni una mísera propuesta seria sobre este particular. O en los fondos europeos para dotar de un transporte de ferrocarril. En Gran Canaria, el vicepresidente del Cabildo me contaba, con todo lujo de detalles, todo lo que han planificado para que los fondos del Next Generation paguen el desarrollo de las vías. Aquí se planificó en el pasado y hasta se gastaron más de 30 millones en planes y proyectos. Hoy eso acumula polvo en alguna gaveta. Allí trabajan con ahínco para tener mejores carreteras y hasta compran terrenos para ver si pueden contar con un parque nacional lleno de naturaleza. Aquí la desidia y la negativa cumple el objetivo de adormecernos en una bucólica apatía a cuenta de nuestros comportamientos.

 

Nos estamos quedando atrás y los resultados de la pandemia están sirviendo como excusa para que nuestros restaurantes no abran, para que no salgamos, para que todo entre en un muermo rayano en la apatía. Pero los números cantan y ahora mismo es lo que hay. ¿Estamos todos comprometidos en mejorar o esto es solo cosa de unos pocos? Insisto en que los números de la pandemia significan muchas cosas, muchas más de lo que algunos quieren ver.

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

La Laguna (Tenerife), 19 de junio de 2021.

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