EL MONÓLOGO Nº065
Tenerife no tiene seguro

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Por Pepe Moreno *

 

 

Ya estamos en el mes de julio y seguimos hablando de los mismos asuntos con los que comenzamos este 2021 y que a todos nos preocupan. A lo largo de estos seis meses apenas si hemos estado en un nivel que no sea de restricciones y hasta tuvimos una entrada de año restringida, en casa, solo los convivientes, sin fiestas multitudinarias y haciendo cada uno o comprando el cotillón, para no desentona r en el tránsito de una Nochevieja que ni en épocas bélicas ha sido tan insípida. Y luego vinieron unos carnavales en los que un día nos pusimos una peluca para que no se nos olvidara lo que son los disfraces y el buen vacilón.

 

Con el pasar de los días, cuarenta después del martes del carnaval, llegamos al Viernes Santo sin procesiones, sin desfiles, sin tronos en las calles y sin nazarenos ni penitentes. Un tiempo tan diferente que no era propicio ni para ir a la playa con mascarilla. Con un mes de mayo, que es el de las flores, que no terminó de perfilar en cuanto a la enfermedad, que comenzó con unas fiestas de mayo en Santa Cruz más aburridas que chupar un clavo y acabó con un día de Canarias en el que anhelábamos finalizar con la pandemia.

 

Así llegamos al mes de junio, recién terminado, en el que la enfermedad se ha expandido, en el que se criminaliza a los jóvenes por sus botellones ilegales y en el que, sin estado de alarma y sin mascarilla obligatoria, la contención del virus es casi tarea imposible. Por eso hemos terminado hablando estos días del importante avance de la enfermedad en la isla de Tenerife, en donde han aumentado considerablemente los casos, registrándose 209 el pasado miércoles, y donde por municipios, según la residencia de los afectados, nos sale que se produjeron 50 en Santa Cruz, 34 en La Laguna, la misma cantidad en Arona, 18 en Adeje, 14 en San Miguel de Abona, 13 en Granadilla, 7 en Candelaria, 6 en Tacoronte, 5 en Güímar y 4 en El Rosario. Ayer el número fue inferior, en dos casos, pero por el contrario ha comenzado a subir en Gran Canaria e incluso en Fuerteventura la cosa se ha puesto tan peliaguda que ahora mismo está en fase 2 y con un índice de contagios que parece que no se va a quedar ahí.

 

Desde el Gobierno y Sanidad se apela al sentido de la responsabilidad de la población, pero en estos días lo que se ha criminalizado ha sido a la gente joven. He oído conversaciones en las que la gente exculpaba los interiores de la hostelería y señalaba a los irresponsables, fundamentalmente en casos de estudiantes, de gentes de menos de treinta años y en fiestas en las que había muchas ganas de diversión y pocas mascarillas.

 

No se ha buscado una concienciación y hasta que no se ha visto como ha subido la incidencia media acumulada, la comunicación oficial no ha comenzado a dar datos de los jóvenes afectados, ingresados en las UVI e incluso fallecidos por la COVID-19, aspectos casi inauditos hasta ahora que nunca habían trascendido y que de una manera u otra tienen menos efectos disuasorios porque parecen mensajes que se intentan colocar con el ánimo de que sean tenidos en cuenta.

 

Es lo mismo que los referidos a los brotes en restaurantes y bares. Hasta ahora no se sabía de contagios en esos locales y los responsables de esos establecimientos repetían, como un mantra, que no se conocían que de ahí también salía gente con los síntomas que luego daban positivo. Hace seis días podíamos leer que “los empresarios de la hostelería sostienen que no hay evidencias científicas que demuestren que el consumo en interiores de restaurantes y bares haya sido el detonante del aumento de casos de las dos últimas semanas.

 

Además, la decisión del Gobierno de Canarias causará «daños irreparables» que van desde el cierre definitivo de muchas de estas pequeñas empresas hasta el aumento desproporcionado de sus costes al tener que eliminar los productos en stock. Eso, como digo, fue hace solo seis días, pero antes de ayer, el propio Ejecutivo señalaba en una nota que “de los más de 70 nuevos brotes de Tenerife, en los últimos días, al menos seis se han producido en locales de hostelería y restauración, con una treintena de contagios.  En este punto, la Consejería de Sanidad recuerda que en determinadas actividades que se llevan a cabo en espacios cerrados, poco ventilados y en los que se relajan las medidas de protección para beber y comer es donde más riesgo se corre de contagiarse de la COVID-19”.

 

Ante esta evidencia lo que se les oye a los responsables de estos negocios, es que el Gobierno no había dicho nada y que lo dice ahora a cuenta de las protestas realizadas y que, en el auto judicial, en el que se anulaba el cierre, se argumentaba, precisamente, que nunca se había señalado al sector como proclive a estos contagios.

 

Es evidente que el cierre de los interiores ha traído la ruina para muchos de ellos y que hay que combinar, de alguna manera, la salud con la economía, pero hay que tener en cuenta que hay que cumplir con cierta normativa si es que queremos luchar contra esta pandemia que nos está cercando a todos. Por tanto, hagamos lo posible por cumplir. Si hay que revisar los interiores, si hay que procurar la ventilación de ellos, si hay que limitar los aforos y si hay que invertir en tener mecanismos que ayuden a luchar contra la difusión de los virus, pues habrá que hacerlo. Lo mismo que en otros lugares.  Tendremos que hacer entre todos, clientes y personal de la hostelería, lo que sea necesario para preservar la salud de unos y de otros.

 

Será difícil encontrar el punto necesario para que todo el mundo pueda vivir, pero eso no significa que sea imposible. Sé de comedores que reúnen esos requisitos, pero también hay otros en los que estos principios brillan por su ausencia y que te siguen atendiendo como antes de esta pandemia y eso no puede ser. Hacen falta filtros aéreos, medidas que preserven la salud, ventilación necesaria y no locales en los que sales oliendo a la fritanga que se produce en las cocinas. Si eso no lo entienden los que tienen abierto y siguen pensando que no es necesario, es que no hemos aprendido nada de este tiempo en el que hay que pensar más en el bienestar de todos que en la cuenta de resultados.

 

Estamos en nivel 3 en la isla de Tenerife y lo que ha salido después del auto judicial es un apaño negociado en una mesa en el que se ha puesto sobre la mesa la cuenta antes de analizar que se regula con las restricciones. Hay que ser conscientes de que hay más gente vacunada o inmunizada del virus, que hoy no se pueden aplicar las mismas normas que hace un año cuando comenzaba esta enfermedad, pero lo que no vale es hacer una tabla rasa y mirar para otro lado. Recomiendo mirar las cifras, ver cómo están creciendo los casos de gentes con la COVID y analizar a quién y cómo les está afectando.

 

Hoy son más los afectados, aunque la presión hospitalaria no sufra, y algunos de los que contraen el mal lo pasan muy mal y necesitan de unos cuidados que nos podríamos ahorrar si se hicieran las cosas de otro modo. A eso tenemos que aspirar, a que los afectados pasen la enfermedad sin que corra peligro su vida y la de los que están a su alrededor.

 

Hemos incluso oído la historia de una joven tinerfeña, de 16 años, que se ha saltado la cuarentena prescrita por los rastreadores y que ha provocado la dispersión del virus en su entorno más cercano. Se le ha propuesto para una sanción grave, ¿la perdonaremos porque no era su intención?

 

A mí me da mucha rabia que se hable de Tenerife como el lugar con más contagios. Me da mucho coraje que seamos el causante de que todos los números de este Archipiélago suban a cuenta de lo que pasa aquí. La cólera se me nota en la cara por estar en el nivel 3 y que nos miren como unos incumplidores de la normativa en vigor.

 

También me pregunto cómo es posible que estemos en estas condiciones, pero no se me ocurre decir que no tenemos culpa, ni que se debe a una mano negra que manipula las cifras. No trato de tapar el sol con un dedo. Lo que quiero es ver ese sol sin tantas restricciones y sobre todo sacar a pasear un orgullo que en este momento está condicionado por las cifras que todos los días nos hablan del avance de la enfermedad entre nuestras gentes.

 

Nos estamos jugando el futuro y parece que algunos siguen anclados en el pasado y que del presente solo encuentran excusas para no enfrentarse a la cruda realidad. Y eso es tan malo que no sabemos si nuestra principal industria, el turismo, va a seguir existiendo. Los potenciales clientes se lo pensarán antes de venir y eso será malo para todo el Producto Interior Bruto (PIB) que no encontrará modo de sobrevivir. ¿Saben a lo que me refiero?

 

Me da que el seguro que tenía Tenerife está a punto de caducar y no es el sol, precisamente.

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

La Laguna (Tenerife), 3 de julio de 2021.

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