EL MONÓLOGO Nº073
Un horizonte lleno de espejismos

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Por Pepe Moreno *

 

Se nos acaba agosto, el mes en el que casi todos hemos buscado evadirnos de la cotidianidad y agarrarnos a eso de las “merecidas vacaciones” para cambiar el modo habitual de vivir. Unos han logrado esa desconexión buscando algún chollo en hoteles, otros yéndose a otra isla con su coche -porque lo de encontrar uno de alquiler casi era imposible- y otros han ido y venido a la playa porque su presupuesto no estaba para alquilar en las zonas costeras.

 

Y es que este año ha sido difícil en todos los sentidos, pero lo que se viene encima parece que va a ser peor. Ya tenemos la luz a precios desorbitados, los carburantes por encima del euro y la cesta de la compra bastante más cara de lo que ganamos, que los sueldos, para los que lo tienen, no han subido en la misma proporción de lo que nos gastamos por lo mismo que comprábamos antes.

 

Unos hablan de que se avecinan buenos tiempos económicos a cuenta de las ayudas que se van a conseguir por parte de la Unión Europea, los del Estado o los que ingresan desde las Comunidades Autónomas, pero lo cierto es que la previsión habla de una situación, la del común de los trabajadores, mucho más cruenta y con muchos problemas para sostenernos económicamente.

 

Decía el otro día un informe que la “cuesta de septiembre” será más empinada, debido a la escalada de precios de la electricidad de las últimas semanas. El precio medio en agosto se situó alrededor de los 100 euros el MWh tras alcanzar el techo histórico de los 117 euros el 13 de agosto, y posteriormente, el pasado jueves, se situó en un nuevo récord histórico en España: 122,76 euros el megavatio hora (MWh). Es decir, un 4,7% más caro. Pero no se quedará ahí.

 

El precio máximo roza ya, a la hora en la que escribo, los 130 euros el MWh (129,81 euros) entre las 22 y las 23 horas. El precio más barato no bajará de los 119,95 euros según OMIE. Pero además vamos a hacer un ejercicio práctico de lo que significa todo esto. Aquellos que tengan aire acondicionado en su casa, encenderlo va a costar el doble que hace un año.

 

Si tal día como hoy en el 2020 poner en marcha este aparato costaba entre 6 y 17 céntimos de euro la hora (dependiendo si era punta o valle), actualmente cuesta 19, 23 y 37 céntimos según la franja horaria. Y en el caso de la lavadora, hace un año podía costar entre 8 y 23 céntimos la hora, y hoy está en 26, 31 y 51 céntimos según los cálculos realizados.

 

Pero a estos incrementos se suma el aumento de los precios en la cesta de la compra. Según puede verse en el Índice de Precios al Consumo (IPC) elaborado mensualmente por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en julio subió al 2,9%. Un producto de primera necesidad, como puede ser el aceite, registró un incremento del 20%, y las bebidas en general lo hicieron en un 7,4%. De igual forma, destacan las alzas de los precios de las frutas frescas (4,6%), los huevos (+3,5%), y las carnes de ave (+3%) que también han protagonizado subidas. Eso sí, las legumbres y hortalizas (-1,3%), el azúcar (-1,8%) y el pescado (-1,2%) han tenido leves descensos.

 

Con estos datos, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha advertido de que los precios de productos básicos, como son los alimentos, se están comportando “de forma inflacionista” y por ello ha calculado un aumento de 505 euros en el gasto anual de las familias, por lo que recomienda comparar precios antes de comprar.

 

Si a esto le unimos que nos cuestan más los combustibles, con precios que superan el euro por litro, sea gasolina o diésel, y que no parece que vayan a bajar, nos daremos cuenta de que estamos ante un otoño en el que todos los recursos económicos serán pocos. El profesor de Economía, Massimo Cermelli, vaticina que la inflación no aflojará por lo menos hasta 2022 o 2023. Además, nos dice que todo esto “crece porque se encarecen los diferentes productos, sobre todo las materias primas”.

 

El barril brent, de referencia en Europa, supera ahora los 72 dólares, después de tocar el mínimo de 20 dólares en 2020 con el parón de la actividad impuesto por la pandemia. En la segunda mitad del año empezó a repuntar por la relajación de las restricciones y el aumento de la demanda mundial, sobre todo de China, los recortes en la oferta y las expectativas generadas por la aprobación de las vacunas. Dice además que “en este momento los precios del petróleo se están moderando, sobre todo por la incertidumbre que genera la variante delta de la COVID. Pero al menos hasta 2022 se mantendrán en el entorno de los 60 o 70 dólares. Y este encarecimiento recae sobre las familias por el famoso efecto pluma”, explica el docente. Esto es: las subidas del precio del crudo llegan como un cohete a las gasolineras, pero las bajadas tardan mucho más, como la caída de una pluma. Ya en el mes de julio, llenar un depósito de 50 litros de un coche de gasolina costaba 10 euros más que enero. Y si es de gasóleo, casi nueve euros más. Una losa más para muchas familias.

 

A esto hay que sumarle lo de la vuelta al cole, la compra de todo el material necesario, desde mochilas a libretas pasando por carpetas o bolis. A lo que hay que añadir los imprescindibles en la era COVID, mascarillas y geles, que suponen un buen pellizco. Entre unas cosas y otras se calcula un gasto medio por niño superior a los 300 euros. Un 36 por ciento más.

 

Para ahorrar se ha disparado la venta de libros de texto de segunda mano. En Canarias se estima, y no somos de las Comunidades más caras, que rondará los 365 euros de media por niño. ¿Habrá dinero para todo esto cuando además somos la Comunidad Autónoma en la que más gente tenemos en ERTES?

 

Y hemos asistido a diversas previsiones sobre nuestra Comunidad Autónoma. El más realista indica que Canarias no prevé alcanzar los datos de empleo y paro anteriores a la pandemia hasta finales de 2022 o principios de 2023 y ya entonces teníamos casi 200.000 desempleados, un número que lastra cualquier posibilidad de que crezcamos como otras regiones, con unos sueldos bajos, mucha temporalidad y pendientes de tantos factores exteriores que todas las conjeturas que podamos hacer siempre pueden quedarse cortas.

 

Pero es que, además, con cifras oficiales, se ha cifrado en 9.000 millones de euros la caída del PIB canario en 2020. El PIB se redujo en Canarias en 2020 un 20,1% frente al 10,8% de la media nacional. Y ya en este 2021, el descenso en Canarias en los primeros cuatro meses fue del 14,1%, frente al 4,3% de todo el territorio nacional. Esto significa a su vez una caída de 40.000 millones de euros en facturación de los negocios del archipiélago relativa al pasado año. Las islas con mayor impacto son Fuerteventura y Lanzarote, apunta el informe que realizaba el Banco de España.

 

Y no quiero apabullarles más con cifras. Todo lo escrito en las líneas anteriores lo que intenta es dibujar el panorama de lo que se avecina. Bien es cierto que no puede uno llevarse por lo negativo y que hay algunos que indican que con la llegada y reparto de los fondos más lo que venga de turismo tendremos suficiente para que nuestra economía se recupere, para que ciertas patronales tengan dinero casi a espuertas. Pero ¿eso llegará a las familias canarias? Con el índice de pobreza que tenemos ¿debemos ser optimistas?

 

Ojalá sea así, pero mejor sería que comenzáramos a pensar que hace falta mucha inversión, que la administración se tiene que involucrar mucho más, que islas como Tenerife no pueden quedarse atrás, que hay que hacer más viviendas sociales, infraestructuras u obras que emplearían a trabajadores que hoy figuran en las listas del INEM, empresas que crearían trabajo en esas construcciones, con transportistas que moverían sus vehículos, con profesionales de todos los sectores con expectativas laborales y así podríamos seguir.

 

Pero no hay nada de eso, más bien lo contrario. Un ejemplo pueden ser las declaraciones públicas del primer teniente de alcalde de La Laguna, Rubens Ascanio, que cuando le han preguntado por el túnel que uniría la actual vía de Ronda con Tegueste, ha dicho que “la mejor carretera es la que no se hace”. O la controversia sobre la posibilidad de hacer el puerto de Fonsalía, o la polémica generada, sin publicarse aún nada sobre su contenido, por el plan de charcos que prepara la Consejería de Turismo.

 

Y es que parece que nadie piensa en lo que se nos viene encima. Seguimos teniendo discusiones propias de sociedades opulentas y en este momento estamos con una crisis de la que muchos no podrán salir y en la que los ciudadanos lo que buscan son respuestas y no debates insulsos sobre posturas políticas que no conducen más que a entretenernos y que no pensemos en estas cosas que son las que minan nuestras pretensiones.

 

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

La Laguna (Tenerife), 28 de agosto de 2021.

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