EL MONÓLOGO Nº077
Eruptivas jornadas

AL FINAL DE ESTE ARTÍCULO, TRAS LA FIRMA, PUEDES DEJAR TU OPINIÓN Y RESPUESTA…

Por Pepe Moreno *

 

 

Anoche tuve que quedarme en Gran Canaria como consecuencia del cierre del espacio aéreo canario que a esa hora no era seguro por culpa de una serie de nubes, provenientes de la erupción volcánica que desde el domingo se lanza al aire desde Cumbre Vieja, en concreto en las laderas de Cabeza de Vaca, en la isla de La Palma.

 

Porque claro, lo primero es decir que se está produciendo una erupción volcánica. ¿Y que es ello? Pues es consecuencia del aumento de la temperatura en el magma que se encuentra en el interior del manto terrestre. Las erupciones volcánicas no obedecen a ninguna norma de periodicidad, y no ha sido posible descubrir un método para prevenirlas, aunque a veces pueden estar precedidas de sacudidas sísmicas, que fue lo que ha pasado en La Palma, o por la emisión de fumarolas.

 

Estamos viviendo, desde el domingo a las 15,12, una emisión de magma desde las entrañas de la tierra que no tiene comparación con ninguna de las vivencias que podemos tener en estas islas que tienen su origen, precisamente, en otras coladas de lava.

 

El último episodio de este carácter tuvo lugar en la isla de El Hierro, pero fue submarino y en aquella ocasión no podíamos ver la furia de la naturaleza, ni los borbotones que se producían en la boca del volcán, ni las explosiones, ni el recorrido destructivo de un rio incandescente que se ha ido comiendo más de cuatrocientas edificaciones que se ha encontrado en su camino.

 

Hemos visto a lo largo de estos días, en vivo y en directo, gracias a las cámaras de la Televisión Canaria, cómo han desaparecido casas y como el ímpetu de lengua de fuego ha ido fagocitando todo lo que encontraba a su paso. Las imágenes de “ese monstruo” nos han llevado a ver como en su trayecto ha ido destruyendo todo lo que no se podía mover.

 

Comenzó en un lugar con nombre que identifica lo mejor, El Paraíso, y siguió por nombres tan canarios como Las Manchas, Todoque o Tajuya. Es la erupción volcánica más monitorizada de todas las ocurridas en la historia. Cuando se produjo la de Teneguía, hace 50 años, ya teníamos dispositivos para grabarlo, pero no se hacía televisión en directo y aquel volcán quedó más para los reportajes que para convertirse en espectáculo mediático.

 

Para este de ahora, que aún no tiene nombre, han venido los nombres más sonoros de la comunicación, se han hecho programas especiales, hemos visto a esas estrellas televisivas querer acercarse a los ríos de lava, a una parte de nuestra clase política rendirse ante esos rostros catódicos y a unos dirigentes privilegiarlos en detrimento de los que día a día cubren sus anodinas ruedas de prensa o sus soporíferas comparecencias hasta para contar los proyectos de una rotonda. Es un dato más del percal político con el que cada día nos manejamos y que nunca entienden el significado completo de la palabra “respeto”.

 

Por el contrario, tenemos otros dirigentes que tienen un trato exquisito y prudente. Anoche, sin ir más lejos, el comité científico del Plan Especial de Protección Civil ante Riesgo Volcánico de Canarias (Pevolca) recomendó evacuar a todos los vecinos que estuvieran en los barrios de Tajuya, Tacande de Arriba y Tacande de Abajo porque temió que el cono del volcán se desmoronara en medio de un episodio explosivo sin precedentes desde que comenzó la erupción.

 

La verdad es que fueron horas de mucha tensión y de muchos rumores. Se convocó una reunión extraordinaria y tuvo que ser la directora del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Canarias, María José Blanco, quien explicaba en una comparecencia que inicialmente se optó por pedir a los ciudadanos que se confinaran en sus casas porque el riesgo era solo de lluvia intensa de cenizas, quizás con algunas partículas de piroclastos ligeramente más grandes.

 

Pero, al comprobar la subida súbita de la actividad y las nuevas coladas de lava, los expertos observaron tres riesgos para la población que aún no había sido evacuada: caídas de material ardiendo y de gran tamaño, riesgo de verse expuestos a una colada y, en el peor de los casos, quedar dentro del radio de alcance de un flujo de material candente de alta velocidad si el cono colapsaba. Y en esas estamos, mirando lo que pasa desde ese punto volcánico y pendientes de toda la información que nos suministran desde los canales oficiales.

 

Estamos todo el día pendiente de la Televisión Canaria e incluso en horas de la madrugada han optado por poner la imagen que se capta a través de dos cámaras que tienen sus objetivos fijos en el cráter principal. Solo se oye el tremor del volcán. No hay locutores que nos entretengan con comentarios en los que se aprecie su erudición en materia telúrica, ni oímos voces que ahonden o describan lo que ya la imagen te da. Nada de eso.

 

Simplemente son las explosiones, la combustión de la tierra, el rumor del material ardiendo a unas temperaturas tan altas que ni siquiera unos altos hornos las alcanza. Bueno, pues con esa imagen, casi fija, se han dado datos de audiencia que podrían ser comparables con programas de telerrealidad de algunas cadenas. Y es que nos gusta, nos quedamos mirando y comprobando la fuerza de la naturaleza y fantaseando con quien tenemos al lado de lo que puede pasar.

 

Nadie sabe cuánto puede durar esto, ni cuantos días puede aguantar esta historia en la pantalla de nuestros televisores, pero sí que parece que nadie cambia de canal porque necesitamos saber. La labor divulgadora del suceso por parte de la Televisión Canaria está siendo encomiable y lo que todo su personal está haciendo les hace acreedores de un reconocimiento público.

 

Fueron los primeros en difundir lo que comenzaba a pasar, todos los programas se han volcado en traernos las mejores imágenes y se han esforzado en que aprendamos todo lo necesario para comprender lo que significa una erupción volcánica sin estridencias ni amarillismo.

 

Serenamente están en todos los puntos necesarios para seguir una historia que, de momento, solo tiene tintes dramáticos por las cantidades económicas que está engullendo, pero, gracias a Dios, no por ninguna pérdida humana. La RTVC se merece el respaldo de una población que ha entendido una vez más que solo nosotros nos comprendemos.

 

En estos días hemos oído muchas historias nuestras que muy pocos entenderán. Por ejemplo, que en La Palma cualquiera tiene un huerto de plátanos, porqué allí existe el celemín, una fanegada de tierra dedicada a ese cultivo o como en una finca, con una pequeña plantación, también se “fabricaron” unos apartamentos para que pasen sus temporadas los extranjeros o foráneos.

 

O del deje que tienen sus habitantes en los que parece que el tiempo se detiene. O en esa cadencia sonora que los hace tan peculiares. O en la necesidad de tener una Ley del cielo que regula incluso el caudal de luz que emite una farola para que no perturbe las observaciones astrofísicas de los científicos. Y así podríamos seguir contando miles de cuestiones, típicamente palmeras, que solo nosotros los canarios entendemos.

 

Hay una historia que he visto estos días y que pone la luz necesaria en esta forma tan peculiar de vida. En Los Llanos hay un hombre que cumplió 40 años el pasado domingo 19. Sus hijas le regalaron un dron. Ese mismo día se produjo la erupción y el hombre echó a volar su maquinaria. Desde entonces ha estado dando cuenta de cómo cambiaba la geografía palmera y les ha ido contando a los habitantes de la zona quien perdía su casa y quien se libraba de la piqueta de fuego de la lava.

 

Lo han llamado el “samaritano del dron”, hasta este jueves. “Estaba volando el dron y, de repente, me tocaron detrás de la espalda”. Era la Guardia Civil, que le conminaba a bajar inmediatamente el aparato. “Les expliqué que esto lo hacía por ayudar a la gente desesperada que está viviendo un infierno”. Pero no hubo caso. Carrillo hizo aterrizar el aparato.

 

Los agentes lo confiscaron y le tomaron los datos. “Me dijeron que si la gente quiere información, que acudiesen a los cauces oficiales”. El cuerpo armado le devolvió el dispositivo en pocas horas, pero le impusieron una multa de 90 euros con la advertencia de que no lo volviese a hacer volar en la zona. Él se lo está pensando. “Tengo el miedo en el cuerpo”. El hecho ha motivado hasta una revuelta popular pidiendo que le devolvieran el cacharro al hombre para que siguiera con su trabajo. Las peticiones de rastreo de propiedades superaban el medio centenar y las tenía apuntadas en una libreta.

 

O llenamos la isla de turistas que llegan con el propósito de no perderse una cosa como esa. Se han llenado barcos y aviones de personas que no quieren perderse el espectáculo de la madre naturaleza. Provistos de un simple teléfono con cámara se hacen miles de instantáneas con las que ilustrar unos mensajes a enviar a sus grupos y “fardar” de que han estado allí. En la isla no hay habitaciones libres, todos los establecimientos están con el cartel de lleno y se desplazan como pueden para llegar hasta los sitios más recónditos con tal de, incluso, tocar la lava.

 

Como ven son cosas muy nuestras. Pero seguirán pasando porque los canarios somos así. Lo mismo nos embobamos mirando las imágenes del volcán, nos emocionamos con las historias de los protagonistas o llenamos la isla de vulcaneros que van con el propósito de hacer un selfie con el chorro de lava allá detrás, muy lejos del objetivo.

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

La Laguna (Tenerife), 25 de septiembre de 2021.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.