EL MONÓLOGO / 089
¿Cómo encaramos la Navidad?

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Por Pepe Moreno *

 

Bueno pues ya estamos en la semana de la Nochebuena y la Navidad, la de la lotería nacional, el próximo miércoles, y de todas esas cosas que conforman unas fiestas en las que el consumo ha ido aparejado con lo de las pagas extras que, de siempre, se han cobrado en estas fechas. Ya te las prorratean y no es lo mismo.

 

Tradicionalmente la fiebre de compras ha ido aparejada con estos días. Hemos pasado de discutir la cantidad de cadmio que se podía encontrar en las cabezas de las gambas a cuántas personas pueden acudir a los encuentros navideños. El año pasado teníamos incluso toques de queda y las reuniones restringidas. Descubrimos una nueva manera de definir a los que estaban con nosotros, los convivientes o no.

 

Todo dependía de esas etiquetas y eran la excusa perfecta para invitarlos a la mesa. Si tenían la consideración de ser personas con las que se compartía espacio en la casa, entonces podían ser comensales de una cita en la que incluso se invitaba a extraños en el pasado. Pero no en tiempos de pandemia. Ahora las cribas para ser digno de tal cita se convierten en purgas. Se decía, en el 2020, que era mejor para todos ser comedidos y que no viniera nadie de fuera de esas burbujas familiares, que se abstuvieran los no convivientes. Los mensajes institucionales insistían en que era mejor preservarnos y que ya vendrían tiempos mejores.

 

Esa mejoría vendría de la mano de las vacunas, pero, a pesar de las dosis inoculadas, las restricciones van a ser las mismas que las del año pasado. Poco después de la Navidad pasada, el 27 de diciembre de 2020, comenzó la vacunación en las islas y oímos declaraciones del tipo de que “es un día emocionante; el primero de una etapa más esperanzadora” y remachaban añadiendo que “es el principio del fin, el principio es la vacuna y el fin es acabar con la covid-19”.

 

Pero lo cierto es que seguimos igual, con muchas dudas. El pasado jueves teníamos unas cifras que asustaban, con 1.670 nuevos contagios de coronavirus (1.149 en Tenerife, 358 en Gran Canaria, 81 en Fuerteventura, 51 en Lanzarote, 24 en La Palma, cinco en el Hierro y dos en La Gomera) y por tanto con un número total de casos que ascendían a 114.062 desde que comenzó la pandemia. Todo esto hasta ayer viernes y con un claro crecimiento en cuanto a los contagiados.

 

El año pasado, por estas fechas, aún no había comenzado la vacunación y hoy algunos, sobre todo los mayores de 60 años, ya tienen tres dosis, por lo que deberían estar protegidos. No sabemos cómo serán las fiestas y las recomendaciones son muy parecidas a las que se imponían en 2020. No más de seis personas en las mesas, se aludía a que no acudieran los mayores, para preservarlos, que las cenas de esos días no se invitaran a todos los miembros de la familia y que nos resguardáramos de comidas multitudinarias. Un año después, con casi el 90 por ciento de la población ya vacunada y con una campaña en la que se incluyen a los niños a partir de los cinco años ya inoculados.

 

Pero seguimos igual, con las mismas recomendaciones y dejando que las videoconferencias ocupen el lugar de los que vuelven a casa por estas fechas. Es como si quisieran descastarnos y que lo que siempre ha sido un motivo de reunión familiar pase a ser un acto de desacato a cuenta de las recomendaciones gubernamentales. Habrá que hacerlo, por el bien de todos, lo que nos llevará a pensar que para qué lo de las dosis, aunque dicen que eso nos protege y que así no estamos tan expuestos.

 

Será todo ello, pero hagan un examen de conciencia y verán que nos cuesta mucho trabajo comprender, interiorizar y convencernos a nosotros mismos que lo del avance en la convivencia está vigente.

 

Ya han suspendido la ITB de Berlín, los Carnavales están en el aire, es muy posible que no haya fiestas en la calle, los más previsores han suspendido sus comidas de empresas y el futuro está lleno de las mismas incógnitas que teníamos a finales de 2020. Nadie se atreve a reservar un fin de año en un hotel o en una sociedad privada porque allí donde haya mucha gente el peligro de la infección por coronavirus está presente. Hay quien no va a salir por el miedo a ser confinado, muchos se pasarán las fiestas tras una puerta porque están aislados por haber sido un contacto directo de quien enfermó por reunirse con quien no debía.

 

Hemos pasado de “los menores de 11 años no contagian” a una dosis adecuada para vacunarlos. Este año comenzaba con unas palabras de pediatras que decían que “lo cierto es que los niños sí contagian, pero no en cifras tan altas como los adultos. De hecho, en estudios publicados recientemente se ha comprobado que solamente el 3,4% de los menores infectados por el SARS-CoV-2 contagiaron a alguna persona cercana a ellos durante el confinamiento”.

 

Hoy los estamos vacunando para estar más seguros y para que ellos también lo estén. Los pediatras han sido bastante claros cuando se debatía la posibilidad de vacunas a los menores de 12 años y decían que es «una falta de generosidad y casi diría indecencia por parte de los países ricos que nos olvidemos de los pobres con la tercera dosis, con vacunar a población pequeña». Pero ya estamos en ello.

 

Desde el mes de septiembre ya están al 100 por 100 los estadios en cuanto a afluencia de público, pero se debate ahora mismo si habrá Cabalgatas de Reyes. Nadie piensa en que nos confinen, pero de hecho lo hacemos nosotros mismos por miedo a lo que puede pasar. En La Universidad se suspenden las clases y se adelantan las vacaciones, pero siguen las actividades y los que quieran utilizar sus instalaciones para consultar en las bibliotecas lo pueden hacer, aunque hayan suspendido, por decreto, la actividad lectiva.

 

En los hospitales las UCIs están ya en riesgo, pero son los sindicalistas los que salen en los medios de comunicación pidiendo medidas que deberían solicitar los responsables médicos. Las saturaciones en los servicios de urgencias las enmarcan en la cantidad de pacientes que se personan con síntomas que podrían atenderse en centros de salud o simplemente guardando reposo y cama, pero no hay ninguna respuesta a que los pasillos se hayan convertido en cubículos abiertos con enfermos que se hacinan a la espera de una evaluación médica.

 

Son las incoherencias de una situación en la que sobresale la improvisación, las ocurrencias o simplemente los bandazos. Hay que seguir protegiéndose, usar la mascarilla, la limpieza de manos y la distancia social. Nos hemos acostumbrado a las colas, a aguardar que nos toque y en eso, o sale la rebeldía o la sumisión de una población que está viendo cómo cambia esto sin que pueda hacer nada. Los vigilantes del balcón, aquellos que hacían oír su voz cuando veían a alguien saltarse el confinamiento, ha dado paso a los que critican que se reúnan más de cuatro personas.

 

Durante el puente de diciembre salieron en tropel para ver el volcán, el sol del sur o la geografía de otros lugares, pero luego cogen unas imágenes de gente divirtiéndose y ponen a todo el mundo a parir. Es lo que se decía antes de ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el propio. Pero hoy tenemos las redes sociales como la gran barra de bar en las que todo cabe. Anónimos que critican, pero que desconocemos qué ha sido lo que han hecho cuando han podido.

 

Y así estamos, llenos de contradicciones. Queriendo cumplir para protegernos, pero llenos de dudas para resguardarnos. No sabemos cómo hacerlo, combinando la nueva normalidad con todas las pautas oficiales y que si acaso nos contagiamos que no sea por no seguir las normas difundidas. Hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos, pero parece que eso no es suficiente y que volvemos a estar en la casilla de salida, con, quizás tres dosis en nuestro cuerpo, pero con las mismas premisas que hace un año.

 

¿Realmente saben -los que tienen que saber- qué está pasando? ¿se deberá todo a que han aumentado el número de rastreadores o a que están haciendo más pruebas? ¿Sabe alguien cómo vamos a celebrar estas fiestas que siempre han significado el reencuentro familiar? ¿Tendremos que ser más selectivos con los que nos reunimos? Creo que esto es como un deja-vu y que de alguna manera ya lo hemos vivido. ¿O no es así?

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

Islas Canarias, 18 de diciembre de 2021.

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