EL MONÓLOGO Nº094
La difícil tarea de informarse hoy

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Por Pepe Moreno *

 

 

En el artículo de la pasada semana hablé de cómo las redes sociales les están ganando la partida a los medios de comunicación en cuanto a la manera de conocer qué está pasando y cómo la inexistencia de filtros provoca que veamos la realidad de forma diferente. Ese artículo tuvo sus más y sus menos y sé que ha provocado que mucha gente se haya pronunciado sobre lo que entienden que es una manera nueva de conocer la realidad y que incluso a eso le llaman “democratizar” la información, cuando la situación es precisamente esa, que para conocer el grado de democratización que tiene un país, lo primero que se mide es la cantidad de medios de comunicación y las tendencias que se perciben en sus líneas editoriales.

 

No hay democracia sin medios libres y eso parece que algunos lo han olvidado. Lo que pasa es que la actual coyuntura económica no ayuda precisamente a que la libertad sea la bandera que se enarbole desde las distintas empresas de la comunicación. Esta semana, sin ir más lejos y, por ejemplo, hemos visto cómo los medios han estado en una especie de “rende vous” sobre situaciones que tendrían que arreglarse en otros ámbitos.

 

Ayer todas las primeras páginas de los periódicos escritos insertaban una foto de la inauguración, el día anterior, de la Feria Internacional de Turismo (FITUR). Los de aquí, los canarios, mostraban fotos de la presencia del Rey y de doña Leticia en el stand de Canarias, interesándose, al menos así lo decían, por la situación turística y por cómo se estaba recuperando la isla de La Palma.

 

En algunas de esas instantáneas veíamos a todos los altos cargos que se habían desplazado hasta Madrid -no estaba el presidente del Gobierno, Ángel Víctor Torres, porque está de cuarentena en su domicilio después de haber dado positivo en COVID-19- y señalan, en las fotos, a Mariano Hernández Zapata, presidente del Cabildo palmero, de lo que se deduce que hablaban de esa isla.

 

Es una foto en la que coinciden, más o menos, los tres periódicos impresos en las islas. En los de la Península las fotografías también corresponden a la apertura de FITUR y a la presencia de los Reyes, pero, en esta ocasión, es en el stand de Marruecos, que fueron recibidos por Farid Aoulouhaj, encargado de negocios de la embajada de Marruecos desde el pasado mes de mayo, cuando en plena crisis diplomática con Rabat, su embajadora, Karima Benyaich, fue llamada a consultas y nunca más ha vuelto. Nuestra delegación, además de los monarcas, iba la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto. Es decir, al más alto nivel. Ellos tenían al funcionario ya nombrado y el director de la Oficina Nacional Marroquí de Turismo en España, Khalid Mimi.

 

El encuentro fue inmortalizado con una fotografía, a la que después se sumaron algunos de los trabajadores del puesto. Como ven todo muy en el nivel y mientras los medios de comunicación peninsulares difundían estas instantáneas para que las vieran en Marruecos. Estaban allí haciendo el papel de servilismo que, quizás alguien les pidió, y se olvidaban de cuál es la labor de un medio de comunicación que es el de mostrar todo aquello que sea noticia y no lo que de verdad es noticia. Pero con Marruecos no había sido lo único que en esta semana se había hecho.

 

Unos días antes, en la recepción anual al cuerpo diplomático, en La Zarzuela, también Felipe VI hizo un llamamiento a ese país para volver a la senda del entendimiento. Lo hizo el monarca ante un conglomerado en el que estaban todos los representantes del mundo con quien tenemos relación, ¡menos Marruecos, cuya representación no está en el país desde que el mes de mayo del año pasado! Con estos antecedentes, ¿de verdad era el momento más adecuado para que el monarca fuera al stand marroquí, para pronunciar el discurso en la reunión diplomática o que los periódicos se conviertan en los correos para difundir estos gestos?

 

Vamos con otros ejemplos de lo que hemos vivido estos días en los que parece que estamos, en los medios de comunicación, más proclives a ser políticamente correctos que a ver qué hay detrás de cada postura.

 

Hemos asistido a una polémica en torno a unas declaraciones del obispo de Tenerife, monseñor Bernardo Álvarez, en las que decía que la homosexualidad es un pecado mortal y luego hacía una comparación odiosa con el alcoholismo. Desde el pasado 19 de enero, día de la emisión de esas declaraciones, los mensajes que atacaron al prelado fueron notorios desde todos los ámbitos sociales. Medios de comunicación, políticos, sindicatos, grupos LGTB e incluso sectores de dentro de la Iglesia se lanzaron contra el obispo.

 

Que se sepa, ninguno de sus homólogos españoles ha salido públicamente en su defensa. Y claro, monseñor Álvarez ha tenido que emitir un comunicado, sin precedentes, en el que pide disculpas y llega a decir que no estuvo acertado al responder a algunas cuestiones que requieren una más detenida reflexión y explicación. Añade que no quiso fomentar la discriminación, ni comparar la homosexualidad con el alcoholismo ni con cualquier otra realidad, para terminar, diciendo que lamenta haber inducido a confusión y causado dolor.

¿Será todo? Ya veremos si se queda en eso o ya puestos algunos esgrimirán argumentos en los que el perdón no tiene cabida. Estoy casi seguro de que la polémica aún no ha terminado.

 

Estamos en un tiempo en el que los medios se han convertido en la correa de transmisión de los poderes establecidos que luchan y difunden unos mensajes que la mayoría de las veces están dirigidas por una clase dirigente que nada tiene que ver con una sociedad en la que existen otros problemas mucho más mundanos que parece que nadie quiere arreglar. No les importa el precio al que se están poniendo los combustibles, por ejemplo, y lo más que llegan es a contarnos que todo está muy caro. Hoy llenar un tanque del vehículo con el que nos desplazamos cuesta mucho más que en estas mismas fechas de hace un año, pero nadie explica que hay una escalada de precios insostenible, que los sueldos no suben en la misma medida, pero es que ese incremento en las nóminas tampoco ayudaría a bajar los precios, sino más bien al contrario, entonces ¿qué está pasando?

 

Sube la luz a unos niveles que nunca ha estado. Hacer la compra en el supermercado es mucho más costoso que hace unos meses. Los restaurantes han incrementado los precios porque tienen menos mesas, vamos a comprar a rebajas y los productos cuestan lo que antes nos demandaban, sin que veamos donde está la ventaja de ahora en la mengua del importe… y así podríamos seguir. Pero ¿nos cuentan algo los medios de comunicación? No, porque

reciben a diario presiones de los anunciantes -administraciones y empresas- para que sus contenidos no les perjudiquen.

 

Y los periodistas se autocensuran para evitar problemas. Todo eso está sometido actualmente a una especie de tiranía, marcada por uno de los gigantes como es Google que provoca que la rentabilidad de las empresas periodísticas dependa, en buena parte, de esta compañía. Según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), entre Facebook y Google ya aglutinan el 70% de la inversión de los anunciantes en España.

 

Los editores buscan ingresos debajo de las piedras y realizan catas en todo tipo de terrenos para tratar de mantener su empresa con vida. A veces, sin acierto ni precisión. ¿Cuál es el problema? Que conseguir buena información es más difícil que practicar el sensacionalismo más atroz o dar difusión a anécdotas, chascarrillos y declaraciones lamentables de políticos, influencers, alertólogos y derivados. Así que los usuarios tienen acceso cada día a una enorme ración de ponzoña informativa, que es mucho más abundante que las noticias relevantes. Y, claro, eso ha generado una opinión pública neurótica.

 

Y por eso, los proyectos no duran, hay bandazos e idas y venidas constantes; y una enorme inestabilidad. Lo peor es que esto genera en los ciudadanos una mezcla de desinterés por la prensa, temor infundado y locura colectiva. Los ciudadanos son bombardeados a diario con cientos de mensajes irrelevantes o barnizados con amarillismo… que les despistan, pues pasan de puntillas sobre lo importante y se regodean en lo banal. Desde luego, es la prensa con la que siempre soñaron en la cúspide política y económica: despistada, nerviosa y ocupada en lo intrascendente.

 

Y en esas estamos. En un tiempo en el que ya nada sobrevive. Las primeras páginas no nos sorprenden y algunas noticias, como la del catastrazo que se nos viene encima y que será portada en algunos periódicos hoy o mañana solo se le verá como una decisión política de este o aquel partido político con responsabilidades de Gobierno y no en el estropicio económico que vivirán miles de familias en sus bolsillos, bien sea porque vendan o hereden.

Estamos en un tiempo en el que, si se fijan, los políticos comparecen con una pléyade de gentes de “su equipo”, como si los mensajes fueran mejor o calaran más si vemos un grupo de gente que a una persona únicamente. Y es que estamos atiborrados de periodismo de declaraciones y que la parte crítica casi siempre está dirigida por una facción política.

 

El papel de la prensa, o la prensa de papel, está desapareciendo y estamos asistiendo a otro tipo de objetivos que nada tiene que ver con lo que realmente está pasando en la sociedad. Si a eso le une lo de las mentes confabuladas tendremos el coctel perfecto para no enterarnos de lo que realmente sucede. Nos dan las noticias siempre vistas desde un prisma y nunca para que nosotros, los ciudadanos, seamos capaces de montar ese cuerpo prismático y seamos los que hacen el análisis de lo que pasa. En eso estamos quedando.

 

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad.

 

 

Islas Canarias, 22 de enero de 2022.

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