EL MONÓLOGO
Vivencias que nos deja este tiempo

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José Moreno García *

 

Me gustaría que este comentario para Canarias en Positivo tuviera la ocurrencia de ese podcast que anda corriendo por las redes en el que los Locos por la radio de la Cadena Ser desgranan las fases para comenzar a salir a la calle, después de llevar casi 50 días de confinamiento obligado. La verdad es que las explicaciones de Pedro Sánchez fueron más liosas que las rastas del diputado Alberto Rodríguez, el de Podemos, y que realizar cualquier actividad al aire libre es casi tan complicado como saber el patrimonio de Ana Botín. Pero es lo que tenemos.

 

Porque, vamos a ver, se puede hacer surf y no nadar, ¿cómo creen los que diseñaron esas normas que se puede llegar a las zonas de las olas? ¿hay que hacer como Jesucristo de andar sobre las aguas y ponerse en la tabla en el punto exacto sin caer al agua? ¿los agentes de la autoridad levantarán acta si no es así? ¿las multas serán papel mojado?

 

La verdad es que nada está claro y que estamos viviendo un tiempo en que cada vez nos hacemos más dependientes de lo que se escribe en el BOE o en cualquiera de esos periódicos institucionales que nunca hemos tenido entre las manos o en gráficos que nos hacen y que marcan a qué hora salimos o cómo lo hacemos o hasta dónde podemos llegar. Todo sea por la salud de todos, pero no dejo de pensar en que nos están coartando la libertad y que lo estamos asumiendo en base a no se qué relacionado con la seguridad sanitaria.

 

Será por eso por lo que duermes con tu pareja, que la abrazas y le dices te quiero, que la estrechas contra ti, pero a la hora de subir al coche uno hace de Bautista y el otro de rico con chófer, que tiene que ir detrás en el lado contrario y que quien vaya al volante solo le falta la gorra para que su papel sea completo. Será por el bien de la humanidad circulante que debes llevar toda clase de permisos y autorizaciones para el desplazamiento, aunque tu vehículo vaya cerrado y con el aire acondicionado puesto. Será por eso.

 

O que vayas al supermercado y tengas que hacer cola, que ya no des los buenos días o las buenas tardes, porque es mejor no hablar y que se te escapen algunas gotas de saliva, que un vigilante te tome la temperatura con un cacharro que parece que apunta a tu frente y que nunca sepas cuanto tienes, que reces porque tus niveles sean los normales y que no pases la vergüenza de que te digan que “caballero, usted no puede entrar” y que, cuando hayas superado todo eso viene el trance de lavarte las manos con una solución que sabe dios cuanta gente ha tocado y que encima de ese liquido pegajoso te pongas unos guantes que se resisten y se rompen. Una vez superado todo eso, tienes que coger el carro y ahí te asalte el olor y tengas la sensación de que la lejía es un bien común y abundante. Pero ahora viene lo peor, no debes tardar mucho tiempo en comprar y de ahí tienes que descontar algunos minutos que te ahogarán.

 

Por ejemplo, si en la lista figuran verduras y frutas, te tienes que poner otros guantes y, lo que es peor, abrir las bolsas de plástico con las manos más torpes que las del increíble Hulk y sin poder mojarte las puntas de los dedos para que la operación sea más fácil. Eso sí que es duro y trabajoso. Pierdes más tiempo en abrirlas que en escoger los tomates y con tal grado de insensibilidad que no sabes si está maduro o si el que está fofo eres tú.

 

Y ves a gente haciendo cola ante la charcutería, separadas, mirándote y sin atreverte a preguntar quien es el último o porqué número va. Y además siempre te toca delante alguien quisquilloso que quiere el jamón de esta marca y ahumado y braseado y en lonchas que no sean muy finas ni muy gordas. Te desespera. Has ido a comprar y la operación es más complicada que la receta de un médico particular.

 

Te da apuro hasta comprar las cervezas, no vaya a ser que alguien te llame la atención porque eso no es producto de primera necesidad. Y entonces tiras para la caja registradora y ves que las colas son más largas que el instrumento del negro del wasap y que todas están iguales. Te desesperas y cuando te toca, pones todo el mostrador y quien te atiende te pregunta “¿tiene la tarjeta de no se que? ¿y la de puntos? ¿y la de descuentos? Como para tarjetas está uno en ese momento.

 

Y así todo, controlado, regulado y estipulado, que, si no nos metemos en unos berenjenales en el que siempre sales perdiendo, porque el sentido común es el más escasea en todo esto, pero claro, como te dicen por todos lados, es por el bien de todos. ¿Están seguro de ello?

 

* José MORENO GARCÍA

Periodista.

Analista de la actualidad

 

2 de mayo de 2020 (sábado)

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