El “Sahara Español” y el conflicto actual

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Juan José Pérez Piqueras *

 

 

Es evidente que hay que distinguir lo que es historia vivida hace cincuenta años, el pasado, y la actualidad, condicionada por factores geopolíticos del momento. Hasta hace poco tiempo este tema se mantenía en un «statu quo» que guardaba un indefinido equilibrio entre España y el resto de las partes afectadas. Pero el conocido «Caso Ghali», muy reciente, fue el origen de que esta situación de «equilibrio» pasara a ser un conflicto entre todas las partes, pero ahora totalmente inestable, del que trataremos más adelante.

 

Tres actores son los que intervienen, que anticipo tiene difícil solución legal: España, que tiene su responsabilidad moral y política con el pueblo saharaui, que sigue recluido en unos campamentos al sur de Argelia; Marruecos, que viene ocupando el territorio de aquellos, como administrador (Tratado de Madrid 1975), pendiente de una solución definitiva del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU); y el Pueblo Saharaui citado, representado exclusivamente por el Frente Polisario (FP), amparado por Argelia. Esta última, precisamente, con la llegada de Buteflika al poder en 1999, aprobaron una nueva constitución y admitieron otros partidos a competir con su histórico Frente de Liberación Nacional (FLN). El FP, sin embargo, nunca lo ha permitido.

 

Repasemos brevemente el pasado. España recibe un mandato de Naciones Unidas en diciembre de 1963 que acepta e inicia el proceso de descolonización de la entonces provincia del Sahara. Pone en práctica una autonomía, previa a la autodeterminación y llega a hacer un censo de los ciudadanos saharauis en 1974 (73.497 habitantes), para posteriormente realizar el referéndum que daría la independencia a este territorio.

 

El gobierno español llegó a crear el Partido Unificado Nacional Saharaui (PUNS) y una asamblea de ancianos, la Djema’a, de líderes elegidos por las tribus; pero todo esto fracasó al decidir el FP seguir su actividad independentista en un movimiento de liberación que había surgido en los años 60, iniciando la lucha armada.

 

En 1975, soldados nativos destinados en una unidad militar española, Tropas Nómadas, se sublevaron traicionando a sus compañeros españoles, asesinando al soldado de reemplazo Ángel Moral Moral que apercibido de la situación les hizo frente, comportándose como un héroe. Y no olvidemos los atentados posteriores contra la fábrica de fosfatos FossBucraá y contra pesqueros que faenaban en el caladero Canario-Sahariano, donde hubo varios muertos y desaparecidos.

 

Marruecos, por su parte también empleó la lucha armada contra las fuerzas españolas, una guerrilla de saharauis adiestrada por profesionales de las Fuerzas Reales, llegaron a atacar Mahbes y El Aaiún, causando varios heridos. Poco después envió la Marcha Verde, actitud cobarde pues fue encabezada por mujeres y niños, lo que impedía hacerles frente.

 

Más tarde, ya en fechas cercanas, tras el irreflexivo caso citado de Brahim Ghali, en abril de 2021, descubierto por los eficaces servicios de información marroquíes, el Rey Mohamed VI decidió dar una nueva y similar respuesta, al abrir la frontera en Ceuta y enviar unos nueve mil inmigrantes en mayo de 2021, también con niños y mujeres, actitud que provocó el rechazo de toda la Unión Europea.

 

Pero el Pueblo Saharaui, rehenes en aquellos campamentos en Tinduf, en pleno desierto, son otro tema. Tuve la oportunidad de visitar dos de estos campamentos en mayo de 2008 y puedo hablar de su hospitalidad, sencillez y del grado de dificultad de vida en aquel territorio.

 

Los problemas en el tiempo se enquistan y no hallan una clara solución cuando las partes aducen motivos válidos que equilibran la balanza de la razón. Tanto Marruecos como el Pueblo Saharaui argumentan razones en el conocido dictamen del Tribunal de Justicia de la Haya en 1975, que concluye: «en la no existencia de ningún lazo de soberanía territorial entre el territorio del Sahara Occidental, por una parte, y el Reino de Marruecos y el conjunto mauritano por otra».

 

Pero Marruecos aporta otra interpretación parcial de este dictamen y afirma la existencia, en el momento de la colonización española, de «lazos jurídicos de sumisión entre el Sultán de Marruecos y ciertas tribus que vivían en el territorio del Sahara Occidental». Todo ello conduce a proponer una autonomía territorial bajo soberanía marroquí, «un proyecto histórico y revolucionario…».

 

En 1991 se pacta un alto el fuego entre Marruecos y el FP iniciándose una situación de bloqueo que ha pasado por diversos planes de paz (mediadores de la ONU, Baker I, II y III o Van Walsum, años 2000/2008), que también proponía esta solución al calificar de «no realista» las pretensiones independentistas de los polisarios, pero tendría que resolverse en un referéndum, lo que no admite Marruecos.

 

En la actualidad, España no parece que haya actuado con prudencia y reflexión. Lo afirmo por los hechos hasta ahora conocidos. Mohamed VI, animado tras el respaldo recibido del presidente Trump, que reconoció su soberanía sobre el Sáhara Occidental por intereses estratégicos propios, tuvo la oportunidad de dar una respuesta contundente cuando el líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, enemigo declarado de los marroquíes, vino a España de incógnito, con nombre falso, para tratarse del Covid, autorizado por nuestro gobierno, algo imprudente sabiendo de la eficacia de sus servicios de inteligencia.

 

Y la respuesta del Monarca fue denunciarlo y presionar enviando emigrantes irregulares mientras asfixiaba económicamente a Melilla y a Ceuta, llamando a consultas a su embajadora en Madrid. Y supo aprovechar también la ocasión respondiendo a la oferta remitida en una carta personal por nuestro presidente Sánchez, que sin encomendarse a su Gobierno ni al Parlamento ofreció la aceptación española de la soberanía del territorio saharaui, tema que se hizo público para todos los españoles por la respuesta marroquí, antes que nuestro Gobierno.

 

¿Fue algo imprevisto por el Sr. Presidente?. En su intervención en el Congreso del pasado 8 de junio, el Sr. Presidente no dio respuesta de los motivos que le llevaron a enviar en secreto tal escrito al Monarca alauí. Algo que queda por aclarar.

 

Y sobre el tema de la autonomía que ofrece Marruecos, que consistiría en algo similar a las autonomías españolas, adolece del crédito democrático necesario. Hay que recordar la situación de los rifeños, territorio al norte de Marruecos con historia calamitosa y triste (en Alhucemas) para España. El Rif se ha distinguido del resto de Marruecos desde la época de los protectorados.

 

Desde la recuperación del Rif por Marruecos, el 7 de abril de 1956, ha habido movimientos reivindicando su propia independencia. Se les ha reconocido su cultura y su idioma, pero no gozan de autonomía.

 

En conclusión, tras la lógica y esperada respuesta de Argelia a la situación creada, con la ruptura del Tratado de Amistad, nos hemos quedado entre dos fuegos, en un callejón sin salida entre dos países irreconciliables desde que alcanzaron su independencia.

 

Si Marruecos gana, Argelia pierde, y en nada favorece al Pueblo Saharaui. Y España permanecerá en el limbo.

 

Solo nos queda apelar al Consejo de Seguridad: ¿Hasta cuándo?

 

 

*  Juan José PÉREZ PIQUERAS

Coronel de Infantería E.T. (Retirado)

Técnico superior de Inteligencia Militar.

Diplomado en Análisis de Yihadismo por la Universidad Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla.

Miembro de la Tertulia Cívico-Militar ‘Carlos Ramos Azpiroz’

Miembro de la Asociación Española de Militares Escritores.

 

 

Islas Canarias – ESPAÑA

20 de junio de 2022.

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