Ermita de Santa Catalina, en Taganana
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Declarada Bien de Interés Cultural en 2008
Por José Manuel Ledesma Alonso *
La Ermita de Santa Catalina, ubicada en la plaza de Taganana, frente a la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Nieves, mandada construir por el alcalde, Melchor de Armas, sería inaugurada el 29 de mayo de 1630.
La imagen, que hoy se venera en la iglesia parroquial, procede del monasterio de Santa Catalina de Siena, de San Cristóbal de La Laguna, y llegó a Taganana en 1910, sustituyendo a otra escultura de vestir de la que solo se conserva la corona de plata labrada en 1661. La imagen saldría en procesión, la víspera de su festividad, dejando de hacerlo en 1963.
Su primer siglo de existencia transcurre con independencia de la Parroquia, ya que contaba con rentas propias que administraban los mayordomos de su cofradía, según se puede comprobar en las diferentes partidas sobre los gastos en el ornato y en la conservación del edificio, que aparecen consignadas en sus libros de cuentas.
Sería en 1718, cuando el presbítero y comisario del Santo Oficio de la Inquisición en Santa Cruz, Mateo Fernández Vera, natural de Taganana, nombraría capellán de la ermita a su sobrino Silvestre Perdomo, y mayordomo de la cofradía a Matías Rodríguez Carta y Abarca, marido de su sobrina María de la Concepción Domínguez Perdomo y Fernández-Paiba; además, en su testamento dejaba varios lotes de tierras, casa y bodega para que se oficiaran 138 misas anuales por su alma y por la de sus padres.
La voluntad del testador no se llegaría a cumplir pues, ante la lejanía de la Ermita, las misas se celebraron en la capilla del Ecce Homo, de la parroquia de la Concepción de Santa Cruz, mandada a fabricar con sus propios caudales.
Diez años más tarde, el capellán Rafael Carta Eduardo y Dominguez, lograría que el obispo Antonio Tavira y Almazán decretara que las misas se redujeran a doce cada año, dado el escaso rédito que producían los terrenos heredados.
También, el presbítero haría donación de un tributo redimible de 19,5 reales anuales para las reparaciones y adornos de la ermita de Santa Catalina, aunque muy poco debió de invertirse en ella, pues, en 1787, el citado obispo, al comprobar el estado de ruina en que se encontraba, y no tener los ornamentos sagrados que le correspondían, ordenaría la comparecencia del titular de la capellanía para que prestara declaración sobre las cantidades de dinero que había recibido del citado tributo y prohibía la celebración del culto.
En 1813, siendo mayordomo de la ermita el presbítero Francisco Cabrera Brito, lograría un decreto episcopal por el que el tributo con el que estaba dotada se ponía al corriente, pudiendo repararla totalmente.

Ermita de Santa Catalina, en Taganana.
El Templo
Según relata su constructor, Juan García, “la estructura del edificio construida con piedra basáltica, calzada con ripios, tiene 30 pies de largo y 18 pies de ancho (74.20 m²) y las paredes tres cuartas de vara de ancho con sillares de toba roja en las esquinas, el suelo está pavimentado con losas chasneras rectangulares, con un escalón que delimita el presbiterio de la zona del altar”.
La portada principal está provista de capiteles de orden toscano, apoyados sobre baquetones, y tiene como elemento significativo un arco de medio punto de sillería de toba roja.
La clave del arco está decorada con un escudo pétreo, labrado, en el que figura un emblema pontificio del Papa Alejandro VII, según las indulgencias plenarias concedidas el 13 de marzo de 1664, día de la festividad de Santa Catalina, según el pergamino que se conserva en el archivo parroquial. La portada lateral cuenta con un arco similar, aunque de menor tamaño.
En el vértice inferior izquierdo del hastial se encuentra la espadaña del campanario, formada por arcos de medio punto de sillares de toba color rojizo. La pequeña campana estaba adornada con la Cruz de Santiago, encuadrada por cuatro estrellas de ocho puntas a cada lado.
El interior del recinto se caracteriza por su gran sencillez, dada la economía de medios con que fue hecha. En la cabecera se abre una hornacina con arco de medio punto en cantería roja, donde se custodiaba la imagen titular. En el lado del Evangelio se levantó una especie de tribuna de madera o coro alto, con barrotes torneados en los antepechos.
La armadura del techo es de par de hilera con tres faldones, los dos mayores longitudinales y un paño menor coincidente con la cabecera, cuya presión lateral ejercida sobre la parte superior de los muros se contrarresta mediante tres tirantes transversales y dos esquinados en el testero. La cubierta de tres aguas y teja árabe está sostenida por una cercha de madera de barbusano.
Por el lado de la Epístola se le adosó la sacristía y un pequeño cuarto mortuorio para velar a los fallecidos procedentes de los distintos pagos de su jurisdicción, antes de ser inhumados en el templo parroquial. Ambas construcciones han sido demolidas.
La ermita fue utilizada como templo, desde 1959 a 1965, mientras se reconstruía la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Nieves, aunque a lo largo de su historia sería usada para otros fines, bien distintos a los de su fundación.
En 1998, el Cabildo de Tenerife encomendó la rehabilitación del cuerpo principal de la ermita, para destinarla a sala de usos múltiples. Las obras en el exterior consistieron en revestir las paredes con mortero de cal, cemento y arena, colocar peldaños de piedra roja, trastejar la cubierta con tejas curvas obtenidas de casas derribadas, etc.
En el interior se mantuvo el pavimento de piedra original y el peldaño bocelado que delimitaba el presbiterio y la zona del altar; se reutilizó la tea existente en los marcos de las puertas, respetando los herrajes existentes, etc.
Desde 2025, en la Ermita se exponen, una vez restauradas, un marco-retablo de la Virgen de Candelaria, del s.XVIII. Una escultura de San Gonzalo de Amarante, del s.XVII; un Cristo Crucificado del s.XVIII; y un Cristo de los Dolores -vera efigie del Cristo de Tacoronte-, que se encontraban en la ermita de la Hacienda de las Palmas de Anaga, siendo donadas al Cabildo de Tenerife por la propietaria de la Hacienda, Candelaria de Fátima Camejo Gallardo.
* José Manuel LEDESMA ALONSO
Técnico en la Organización de Servicios Escolares, Inspección de Educación.
Director de la Radio-Enseñanza en Canarias. Radio Popular de Tenerife.
Fundador y Profesor del Colegio Miguel Pintor de Santa Cruz de Tenerife.
Director del Centro del Profesorado de La Laguna.
Asesor de Educación Ambiental en la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias.
Creador del Programa Educativo “Conoce Nuestro Puerto”
Miembro de la Tertulia Amigos del 25 de Julio.
Miembro de los Hidalgos de Nivaria.
Cronista Oficial de la Ciudad de Santa Cruz de Tenerife.
Santa Cruz de Tenerife, 24 de agosto de 2026.



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