Estamos espantando
a nuestra juventud

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José Carlos Marrero *

 

Siempre he creído que una de las actividades más bonitas, dignas y honorables, era la de la Política (con mayúscula), ser un honesto y buen político. Una actividad, un servicio que, cuando yo comencé en el oficio del periodismo, allá por 1979, dedicarse a la ella todavía era honorable y ser político honraba a quien la ejercía, dando parte o todo su tiempo a la cosa pública, siempre y por encima de todo, al servicio de la ciudadanía.

 

Con el paso de los años, la cosa se ha ido pudriendo y deteriorando. Y lo ha hecho, sin duda, por culpa de todos, o de muchos… Unos por acción y otros por omisión. Y los culpables han sido, en primer lugar, la propia clase política y, a partir de ella, todos o casi todos: la clase empresarial, los medios de comunicación y, por supuesto, los periodistas. Evidentemente, todos no, por supuesto. Pero sí muchos en cada uno de esos ámbitos, profesiones y sectores.

 

Dicho esto, y pensando y mirando hacia el futuro, me da la impresión de que, cada día más, nos va a gobernar la mediocridad. O sea, los mediocres. Porque me parece que solo van a querer entrar en Política los que no valen o no han triunfado en otras profesiones o disciplinas, los que no están haciendo nada… y, por tanto, los que no tienen nada que perder.

 

Pero, lo más que me preocupa y entristece, es que, hoy por hoy, nuestra Juventud (también en mayúscula) toda o gran parte de ella, no ve en la Política algo digno, honroso, enriquecedor, gratificante… positivo. Sino que, al contrario, reniegue, se aparte o huya de ella, cuando más la necesitamos.

 

Creen (y muchas veces no les falta razón) que, quien hoy entra en política, está expuesto a perder familia, matrimonio, amigos… Creen que quien entra en ella está obligado a no ganar un sueldo como Dios manda, en función de las importantes responsabilidades y los efectos que pueden derivarse de tomar decisiones… Y que, algunas veces, tiene hasta que perder dinero si debe cambiar de profesión o empleo para entrar en ella…

 

Sabiendo además que, a la primera de cambio, muchas veces por enfrentamientos, piques y venganzas personales, se pueden ver inmersos, (sin desearlo ni merecerlo) en una demanda y proceso judicial que puede durar años y que, mientras tanto, hasta que llegue la sentencia (posiblemente absolutoria) tener que soportar la denominada “pena de banquillo” públicamente durante todo ese tiempo.

 

Y creen, por si fuera poco, que quien entra en Política tiene que soportar (porque supuestamente va ello en el sueldo) que en las redes sociales y algunos medios de comunicación y por periodistas de dudosa o nula reputación, se les maltrate, calumnie o difame (muchas veces interesadamente) con infundios, mentiras o medias verdades, no solo a la propia persona que ejerce la Política, sino, por extensión y aunque no tengan nada que ver con ello, a toda su familia y entorno.

 

Y eso no debe ser así, no puede ser así. A un país o a una comunidad como la nuestra, nos irá mejor y estaremos mejor gobernados, cuanto mejores y más preparados, honestos y capacitados sean nuestros gobernantes. Y para eso en Canarias necesitamos volver a poner a la actividad o el servicio de la Política (otra vez en mayúscula) y a quien trabaja en ella, a la altura que en justicia le corresponde y merece.

 

Porque, de seguir así, todos los partidos políticos, todos, se las van a ver y desear para completar unas listas electorales con personas honestas, serias, cabales, con fundamentos, con valores, con principios morales, preparadas, capaces, trabajadoras, que acepten ir en alguna de ellas. Y porque, además, lamentablemente, cada vez va a costar más que la gente (sobre todo la Juventud) se involucre activamente en el hecho político y hasta, llegado el momento, activarse para acercarse a una urna y votar.

 

Y todo esto pasa cuando, muy posiblemente, tenemos o vamos a tener a la Juventud mejor y más preparada de nuestra reciente historia. Con conocimientos multidisciplinares, dominio de idiomas y de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Una Juventud que se merece una comunidad, un país mejor y unos gobernantes mejores y más capaces y que, sin embargo, hoy reniega y huye de la Política en activo.

 

Atentos. En lo que a la Política se refiere, no podemos espantar a esa Juventud nuestra. Tenemos que hacer algo en positivo para cambiar esto.

 

Y si la espantamos, más pronto que tarde…, en el pecado llevaremos la penitencia. Seguro. El que avisa no es traidor.

 

P.D. : Estamos también espantando de la Política a los «no tan» jóvenes…

 

* José Carlos MARRERO GONZÁLEZ

Periodista.

Director de Canarias en Positivo®

 

 

20 abril de 2020.

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