La credibilidad en la Política (I)

AL FINAL DE ESTE ARTÍCULO, TRAS LA FIRMA, PUEDES DEJAR TU OPINIÓN Y RESPUESTA…

Remigio Beneyto Berenguer *

 

 

El político ha de ser creíble, ha de inspirar confianza. Va a representar al pueblo en el gobierno de los asuntos públicos. El político debe hacerse acreedor de tal honor. No pueden dudar de él. Los ciudadanos no han de tener ni siquiera la mínima sospecha de que les va a engañar. Un ciudadano defraudado es peligroso para el político.

 

El “puedo prometer y prometo” de Adolfo Suárez o el “yes, we can ” de Barack Obama ilusionan y hacen fuertes a los electores, pero después las promesas incumplidas o el “no, no se puede” son terribles, pues frustran a los electores, les hacen bajar a la realidad, que normalmente no coincide con el mundo feliz prometido.

 

Los partidos políticos son un instrumento fundamental para la participación política, porque contribuyen a la formación y manifestación de la voluntad popular. En ellos la transparencia ha de formar parte de su esencia. El pueblo ha de conocer en todo momento, con luces y taquígrafos, qué hacen sus políticos, cómo actúan, con quiénes pactan, a qué acuerdos llegan, cuáles son sus principios y su forma de vivir.

 

Los políticos, gracias a los medios de comunicación, están expuestos totalmente a los ciudadanos. No vale actuar de un modo en el espacio público y de otro totalmente distinto en la vida privada. Ha de tener cuidado con sus contradicciones, con decir hoy una cosa y mañana la contraria, y pasado mañana, otra distinta. ¿Cómo puedo yo confiar en alguien que parece una caña sacudida por el viento?

 

No es acertado predicar e incluso defender con arrogancia unos principios y actuar y vivir conforme a otros totalmente distintos. Aunque se pueda siempre justificar, el pueblo ve incoherencia y entonces el político pierde credibilidad.

 

El político ha de saber rodearse de un equipo que le esté advirtiendo constantemente de estos peligros, porque él, quizá desde su torre de marfil, no vea más que lo que los otros quieren que vea o lo que él mismo quiere ver. Desde las alturas se pierde el contacto con la realidad.

 

La elección de este equipo es decisiva para el éxito de esta credibilidad. Es preciso rodearse de personas que no sean aduladores del líder, sino que, movidos por la búsqueda de lo mejor, sean capaces de decir al político aquello que no desea oír, pero le conviene escuchar.

 

En este mundo ya no se puede hacer nada solo. Debemos descubrir lo positivo de los demás, sus aptitudes y sus especialidades. Siempre me viene a la mente la película “Ratatouille”, donde el apasionado cocinero, la rata Rémy consigue su objetivo por contar con un equipo espectacular de pequeños roedores que le ayudan. El equipo es fundamental. Hay carismáticos líderes que fracasan por no tener equipo. Hay líderes mediocres que consiguen el éxito por tener grandes equipos.

 

La credibilidad cuesta mucho de ganar y poco de perder. Cuando un político aparece en escena, si es que aparece, no le conoce nadie. ¿Y quién es? Uno más, será como todos. Algo vendrá a buscar. Es difícil hacerse creíble. Normalmente resulta más creíble quien viene desde bajo, quien surge del pueblo llano, quien lo ha conseguido todo con esfuerzo y por méritos propios.

 

Pero desde el momento en que el pueblo le ha confiado su favor al político, está obligado a servir al bien común, que no siempre es el interés general; está obligado a gobernar, a dar soluciones, a crear ilusión, a mover los corazones de su pueblo. Y si no lo hace, la ilusión se desvanece y la credibilidad se va diluyendo. ¡Cuánta más ilusión haya generado, más rápida se desvanece la credibilidad!

 

Y si el político se contradice, predica un mensaje y aplica lo contrario, si se dice defensor de los pobres, pero vive como un millonario, si predica unos principios y los exige a los demás, pero luego es incapaz de cumplirlos él, si defiende la honestidad y luego es un corrupto, entonces la credibilidad acaba por los suelos.

 

Y ya nunca se puede recuperar. Es como un jarrón que se ha roto. Podremos pegar sus fragmentos, pero ya nunca será el mismo jarrón.

 

 

*  Remigio BENEYTO BERENGUER

Profesor Catedrático de la Universidad CEU Cardenal Herrera.

Departamento de Ciencias Jurídicas

Catedrático de Derecho Eclesiástico de la Universidad CEU de Valencia.

Académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

 

Islas Canarias, 21 de noviembre de 2022.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.