La familia Addams
viene al cole

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Guillermo Cabrera Moya *

 

 

En teoría, todos tenemos más o menos claro que las escuelas son un espacio donde el alumnado aprende. No solo hablo de lengua, matemáticas y resto de materias, sino de otros contenidos, competencias, habilidades y capacidades que se adquieren como fruto del resultado del largo proceso que es la Educación.

 

De igual manera, sabemos que ese proceso de enseñanza-aprendizaje, comienza en las familias para luego ser completado por la escuela. En este sentido es de vital importancia que ambas partes se relacionen correctamente para lograr el objetivo común último que es conseguir e pleno desarrollo educativo y personal del niño o de la niña.

 

Es responsabilidad de la escuela, de los profesionales que en ella trabajamos, aceptar y promover la importancia de esta participación de las familias; debemos buscar y tender puentes que faciliten la colaboración de los responsables de nuestro alumnado facilitando las relaciones cordiales entre ambas partes. Las normas vigentes especifican y detallan cómo proceder desde el colegio. El problema lo encontramos al otro lado.

 

Como resulta evidente, de todo hay en la viña del señor, pero en muchas ocasiones —más de las que nos gustaría—, nos encontramos con que representantes de La Familia Addams, conviven con nosotros en las escuelas y, lejos de ser aquellos simpáticos personajes de la película, se convierten en un reto difícil de superar, un constante nadar contracorriente, cargados de comentarios provocativos, que rechazan las orientaciones y solicitudes de apoyo…

 

Este tipo de relaciones improductivas siembran y fomentan ciertas desconfianzas que dejan de lado esa premisa en la que tanto el profesorado, como las familias, debemos ser cómplices del proceso educativo de nuestros hijos e hijas. En este sentido resulta más que evidente que cuando las familias se implican en la educación, sus hijos e hijas obtienen mejores resultados en sus rendimientos escolares.

 

Como norma general, según sean sus relaciones con el colegio, y escogiendo a los protagonistas de La familia Addams como modelo, podemos destacar ocho tipos de relaciones con la escuela (es posible que más de uno se den en la misma familia):

 

  1. Gómez Addams: Se muestra siempre muy apasionado. Intenta relacionarse y promover distintas actividades, pero rápidamente pierde el entusiasmo y abandona. Siempre recuerda los tiempos pasados como mejores, no cree que las cosas puedan cambiar. Molesta al resto de las familias con sus quejas.

 

  1. Morticia Addams: Viene representada por esa madre que siempre considera que lo más importante es su familia. Es pasional, femenina… Intenta seducir a todos con sus encantos, con el único propósito de salirse con la suya, sin importar el bien común.

 

  1. Miércoles Addams: Su gesto es serio, con claras dificultades para las relaciones sociales, por lo que le cuesta participar en cualquier actividad o evento que se organice. Tiende a analizar en exceso. Esto le produce descontento generalizado e intentar impedir o dificultar constantemente.

 

  1. Pugsley Addams: Es el contrario. Tiene un gran necesidad de sentirse como que pertenece a un grupo. Participa en todo lo que puede y todo lo que se prepare le parece bien. Siempre está dispuesto a colaborar. A veces hasta la saciedad.

 

  1. tido Addams: No tiene un criterio propio. También quiere colaborar pero es muy maleable y se deja llevar por las familias que tienen la voz cantante, aunque en el fondo no les guste lo que dicen, hacen o promueven. Sigue el ritmo que le marcan.

 

  1. Abuela: Es una trabajadora nata. Todo lo que hace es por el bien común y busca la manera de ayudar a todos, pues ese es su cometido en la vida.

 

  1. Cosa: Es muy protector, se preocupa en exceso. Está en el colegio todas las semanas y, si lo deja, todos los días. Quiere saberlo todo, hablar con todos, quiere implicarse en cada actividad, opinar, critica..

 

  1. Lurch: Es el mayordomo. Habla poco o nada. Colabora en aquello que puede pero siempre con un ritmo lento y sosegado. Lo hace por obligación, porque entiende que es su deber, pero sin entusiasmo, ni motivación.

 

Lamentablemente también tenemos familias que no están. Hay unas pocas que, además, tampoco se las espera. Son las que no van nunca al colegio, ni siquiera para recoger las notas de su hijo o hija a final de curso. En estos casos, también es nuestra obligación intentar saber qué ocurre y buscar alguna manera de descubrir cómo podríamos ayudarles.

 

En mi experiencia, tanto como docente y como director de un colegio, veo que constantemente mostramos un verdadero interés por mejorar las relaciones con las familias. En la mayoría de los casos lo conseguimos y en otras, en muy pocas, no logramos avanzar, pero, al menos, podemos mantener la cabeza bien alta y probar que hemos hecho lo que estaba en nuestras manos por lograrlo. Aunque lo más importante es que nunca dejemos de intentarlo. Siempre debemos mantener latente la máxima de que docentes y familias necesitamos compartir, no competir.

 

 

Si eres madre o padre, busca la manera de mejorar tu perfil, elige bien qué personaje de la película quieres ser. Si eres maestra o maestro no ceses en tu empeño, es tu deber. En cualquier caso, tu alumnado, tu hijo o tu hija, lo merecen, lo necesitan.

 

Gracias por leerme.

 

*  Guillermo CABRERA MOYA

Director del Centro de Educación Infantil y Primara (CEIP) El Toscal-Longuera.

Diplomado en Magisterio por la Universidad de La Laguna (ULL).

Grado en Educación Primaria por la Universidad Isabel I de Castilla.

Ex técnico de gestión normativa de Educación Infantil y Primaria de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias

Escritor y maestro.

 

Islas Canarias, 8 de febrero de 2021.

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