La perseverancia en la política (I)

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Remigio Beneyto Berenguer *

 

 

Es la constancia, la firmeza, la capacidad de seguir adelante a pesar de las frustraciones, las dificultades y los obstáculos. Es la virtud que mueve a los políticos a seguir y tratar de resolver los problemas, a pesar de las dificultades. Continúa buscando sin desfallecer, no abandona.

 

El político perseverante es el que intenta mejorar siempre, el que da pasos constantes hacia el ideal perseguido, hacia el bien común. Es el que insiste para conseguir lo mejor para la sociedad a la que sirve, y si ya lo ha conseguido, intenta mantener lo que ya tiene. Es la entrega generosa por servir al interés general. Miguel de Unamuno decía que el modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura.

 

Hay que seguir adelante. Otros esperan que resistamos. La batalla está ganada, pero para ello debemos estar listos. El decir: “No puedo más y aquí me quedo” es una especie de cobardía, una expresión de pereza intelectual. De cobardes no se escribe. Muchas veces, las más de ellas, lo que nos hace felices es levantarse, comenzar e intentarlo de nuevo.

 

San Pablo, en la Carta a los Hebreos, les dice: “Todavía no habéis resistido hasta el derramamiento de sangre en la lucha contra el pecado”. El Obispo Desmond Tutu, premio Nobel de la Paz, famoso por su lucha contra el apartheid decía: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el bando del opresor”.

 

Hemos de tener claro que nuestro compañero ha de ser el sacrificio; sacrificio entendido como esfuerzo que alguien se impone a sí mismo por conseguir o merecer algo o para beneficiar a alguien. Hay que estar preparados para el combate, sobre todo para la lucha con uno mismo, con nuestros complejos, perezas, debilidades, orgullos y vanidades. Pero debemos trabajar con la alegría de vivir, con la esperanza de los cristianos.

 

El mundo está hambriento de una respuesta de los católicos. Somos luz del mundo y sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ya no sirve para nada. No se enciende una lámpara para ponerla debajo del cajón. Los políticos católicos han de brillar delante de la gente, para que, viendo el bien que hacen, alaben a su Padre que está en el Cielo.

 

El peligro del político honesto es abandonar o conformarse con las medias tintas, con la mediocridad. ¡Hay tanta mediocridad en el mundo! La mediocridad es un mal que lo invade todo. La sociedad no quiere a los brillantes, sino a los mediocres. Los brillantes le ciegan los ojos y no ven. En cambio, con los mediocres se sienten superiores. El brillante complica la vida, porque nos hace pensar, nos cuestiona y nos interpela.

 

Con la perseverancia nos damos cuenta de que podemos superar nuestros límites, que podemos caer e inmediatamente levantarnos y seguir, abriendo nuevas rutas y explorando otros caminos. Se dice que intentando lo imposible, es como se realiza lo posible, porque no sabes si es posible o imposible hasta que lo realizas.

 

¡Cuántos imposibles se han realizado pensando que eran posibles! Y ¡Cuántos posibles no se habrán realizado por pensar que son imposibles!

 

 

*  Remigio BENEYTO BERENGUER

Profesor Catedrático de la Universidad CEU Cardenal Herrera.

Departamento de Ciencias Jurídicas

Catedrático de Derecho Eclesiástico de la Universidad CEU de Valencia.

Académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

 

Islas Canarias, 25 de abril de 2023

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