Meditaciones de un creyente (II)

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Remigio Beneyto Berenguer *

 

 

PUEBLO DE SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA, CONTEMPLA CON AMOR AL SANTÍSIMO ECCE HOMO.

 

¡Ecce Homo: he aquí el hombre!

“Rey de espinas coronado,

De sangre teñido el manto,

Nuestro Dios tres veces santo,

Hecho hombre en nuestro favor.

Játiva, de gloria llena,

Grita en vos, más orgullosa:

Por vuestra sangre preciosa,

Dadnos, Jesús, vuestro amor”

 

José Almiñana Vallés escribía en 1957:

 

“He aquí al hombre tipo, excelso, insuperable.

He aquí al hombre sumo, situado en lo más alto de la escala de la creación, restaurador del tipo de hombre que creara Dios en el principio del mundo.”

 

Ecce Homo.

 

Este es nuestro gran modelo de virtudes humanas. Cristo nos da ejemplo de todas: verdad, generosidad, nobleza, audacia, comprensión y amor.

 

Como escribió San Pablo a los Filipenses: “Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios. Al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz”.

 

PUEBLO DE SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA, RECORRE EL CALVARIO CON LOS PIES DEL NAZARENO.

 

Del poeta José López Sellés:

“Condenado a llevar la noche a cuestas,

Condenado a la cruz, la cruz de altura,

Y condenado a ser triste figura,

Mientras suenan preguntas sin respuestas.

Condenado a no estar junto a las fiestas,

Atado a la cadena, piedra dura,

Atado al sufrimiento que perdura,

Sobre tu sangre con henchidas crestas.

Condenado al camino, y caminante

Con todos los caminos en tus ojos,

Con todos los dolores en tus manos.

Y condenado a ir rumbo adelante

Hasta el fin por un mar de olas y abrojos,

En lluvia de tu amor por los humanos.

 

Contemplemos en Cristo el rostro sereno pero machacado por la pesadez de la Cruz, por el largo camino del Calvario.

 

¡Cuántos de nosotros estamos cansados y agobiados!

 

Y hemos de seguir recorriendo nuestro camino, sin desfallecer. No podemos volver la vista atrás, hemos de seguir siempre adelante. Nuestro destino es la Cruz y la Resurrección. Otros esperan que resistamos.

 

Y estamos cansados, muy cansados, porque la Cruz nos tira al suelo. Cada uno tenemos nuestra propia Cruz: la falta de trabajo, los problemas económicos, el sufrimiento por los nuestros, las divisiones familiares, las incomprensiones, las enemistades, etc. Pero hemos de seguir adelante, siempre adelante.

 

A Jesús le seguía un gran gentío del pueblo, y mujeres que se daban golpes de pecho y lanzaban lamentos por Jesús, pero según la tradición sólo una mujer se abrió paso entre los soldados que escoltaban a Jesús y enjugó con un velo el sudor y la sangre del rostro del Señor.

 

¿Dónde están todos tus seguidores? ¿Acaso el miedo o la vergüenza les ha escondido? ¿Acaso simplemente te siguen con la mirada a escondidas?

 

Si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?

 

Si así tratan al Justo, ¿qué pasará con nosotros?

 

PUEBLO DE SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA, SUFRE LA PASIÓN DE CRISTO CON SU MADRE, NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES.

 

Aprendamos a vivir el dolor redentor. ¿Quién no ha sufrido el dolor?

 

No tengamos miedo al dolor. El dolor nos hace sentir hombres y mujeres; nos recuerda nuestra limitación, nuestra finitud y contingencia. Pero debemos descubrir la grandeza del dolor, el compartir el dolor con Cristo, el acompañarle en su calvario, el vivir nuestro calvario de cada día. Cada uno tenemos nuestras propias cruces, nuestros propios calvarios.

 

¡Cuánto dolor sentiría la Madre! Ver al Justo ser tratado como un criminal, ver al más digno sufrir y sufrir, y al final morir en la Cruz.

 

¡Qué inmenso dolor para la Madre recibir en los brazos, al pie de la Cruz, al Hijo sacrificado por nuestros pecados!

 

Sintamos el dolor de María ante la muerte de su Hijo, recorramos con la mirada, junto a María, el cuerpo muerto, abandonado.

 

La piedad o pietà del genio Miguel Ángel, que se puede contemplar en la Basílica de San Pedro del Vaticano nos muestra la armonía del arte, con una María joven y bella, y un Jesucristo con una excelsa dignidad, después del tormento y de la muerte. Lejos de mostrar el horror de esta muerte, nos presenta a una madre que con cariño arropa en sus brazos a ese hijo injustamente muerto y lo contempla con un gran amor.

 

Pero no podemos olvidar que es un dolor esperanzador. El dolor cuando hay esperanza de vivir, se soporta mucho mejor. Es un dolor que lleva consigo la luz, el final del túnel. Por eso estamos seguros, porque en la 2ª Carta de San Pablo a Timoteo se dice: “Si morimos con El, viviremos con El. Si sufrimos, también reinaremos con Él; si le negáremos, también Él nos negará. Si fuéramos infieles, Él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo”.

 

 

*  Remigio BENEYTO BERENGUER

Profesor Catedrático de la Universidad CEU Cardenal Herrera.

Departamento de Ciencias Jurídicas

Catedrático de Derecho Eclesiástico de la Universidad CEU de Valencia.

Académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

 

Islas Canarias,31 de marzo de 2023

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