Paseando por la historia y la naturaleza

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Desde la ciudad de San Cristóbal de La Laguna hasta las cumbres del Parque Rural de Anaga. Ambos reconocidos como Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera por la UNESCO

 

 

Por José Ángel González Escalera *

 

 

Nuestro recorrido comenzará y concluirá en San Cristóbal de La Laguna, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el 2 de diciembre de 1999. Sus calles peatonales invitan a lagunear, como dicen sus habitantes

 

Pasear sin prisa por una ciudad donde la historia se respira en cada rincón.  Fundada en 1497 por el adelantado Alonso Fernández de Lugo tras la conquista castellana, La Laguna, conocida como la Ciudad de los Adelantados, conserva un valioso legado histórico que convierte cada paseo en un viaje al pasado.

 

 

Enclavada en el valle de Aguere, San Cristóbal de La Laguna fue la primera capital de Canarias. Su trazado, concebido en forma de damero por Leonardo Torriani, sirvió de inspiración para numerosas ciudades coloniales de América.

 

Pasear por sus calles es descubrir un legado de palacios, conventos y casas señoriales que, en su mayoría, florecieron entre los siglos XVII y XVIII. Entre sus joyas arquitectónicas destacan el Palacio de Nava, la Casa de Ossuna, el Palacio de Salazar, la Catedral, la Iglesia matriz de la Concepción, el convento de San Agustín, la Casa del Padre Anchieta, la antigua Universidad de San Fernando y la Casa del Adelantado con su plaza, testigos de un pasado que aún late en cada rincón de la ciudad.

 

Tras descubrir los encantos de la ciudad, emprendemos el camino en “guagua” desde el Intercambiador de La Laguna a la rotonda de Las Canteras, y de ahí a la ascensión hacia el Monte de Las Mercedes.  Nos adentramos en el Parque Rural de Anaga, un espacio de extraordinaria riqueza natural, hasta alcanzar la Cruz del Carmen, uno de los enclaves con mayor concentración de endemismos de Europa.

 

 

El mirador de la Cruz del Carmen brinda una magnífica panorámica del valle de La Laguna, cuna de la primera ciudad no amurallada de Canarias, fundada por el Adelantado y concebida en torno a la laguna que le dio nombre. En este privilegiado paraje también se encuentran el Centro de Visitantes, puerta de entrada para conocer los secretos del macizo de Anaga, y la acogedora Ermita del Carmen, que completa el encanto de este singular rincón de la isla.

 

A la derecha del restaurante Cruz del Carmen se inicia el sendero PR-TF 10 (Cruz del Carmen–Punta del Hidalgo), conocido como la Senda del Magec. Documentado desde el siglo XVI como antiguo camino guanche, fue una importante vía de comunicación entre la costa y las cumbres de Anaga y, según la tradición, también tuvo un significado ceremonial para los antiguos habitantes de la isla. Con sus 7,3 kilómetros de recorrido y un desnivel de 920 metros, este sendero invita a descubrir la extraordinaria riqueza natural e histórica de este singular espacio.

 

En este punto comienza nuestro recorrido por los distintos ecosistemas del Parque Rural de Anaga. El primero que encontramos es el fayal-brezal, una formación vegetal característica de las zonas de transición de la laurisilva, donde predominan la faya (Morella faya) y el brezo (Erica arbórea), acompañados en algunos lugares por el tejo canario (Erica platycodon).

 

A medida que nos adentramos por la vereda, la vegetación se vuelve cada vez más frondosa y el sendero queda envuelto por la humedad característica de los suelos ferralíticos y andosoles, conocidos popularmente como Tierra de Monte.

 

 

Entramos así en el corazón del Monteverde: La Laurisilva, un bosque del Terciario que constituye un valioso vestigio de la vegetación que hace millones de años cubría buena parte de la cuenca mediterránea.  En la actualidad, este extraordinario ecosistema solo se conserva en algunos enclaves de la región macaronésica, como los archipiélagos de Azores, Madeira, Cabo Verde y Canarias.

 

Entre la espesura destacan árboles de gran porte como el laurel (Laurus novocanariensis), el barbuzano (Apollonias barbujana), el viñático (Persea indica), el til (Ocotea foetens), el acebiño (Ilex canariensis), el madroño canario (Arbutus canariensis), el mocán (Visnea mocanera) o el follao canario (Viburnum rigidum), especies que convierten este bosque en uno de los tesoros botánicos más singulares de Europa.

 

Entre la espesura de estos árboles se desarrolla un rico sotobosque formado por arbustos y plantas trepadoras, muchas de ellas endémicas de Canarias. Entre las especies más representativas destacan la cresta de gallo (Isoplexis canariensis), el tusílago canario (Pericallis tussilaginis), el patagallo (Geranium canariense), el bicácaro (Canarina canariensis), el granadillo canario (Hypericum canariense) y la singular violeta de Anaga (Viola anagae), auténticas joyas botánicas que enriquecen la extraordinaria biodiversidad de este bosque.

 

El sendero continúa por la Pista de las Hiedras, una cómoda pista forestal de escasa pendiente que atraviesa el corazón de la laurisilva. Durante el recorrido encontramos una fuente de agua potable, un lugar ideal para hacer una breve pausa y contemplar la majestuosidad de este bosque.

 

 

Más adelante, enlazamos con la carretera durante unos 200 metros hasta encontrar el desvío de Las Escaleras, desde donde una vereda desciende entre curvas hacia el caserío de Las Carboneras, cuyo nombre recuerda la antigua producción de carbón vegetal. Si continuamos por el sendero, llegaremos a Chinamada, un singular caserío famoso por sus tradicionales casas-cueva excavadas en la toba volcánica, aún habitadas en la actualidad. Desde este punto también se contempla el imponente Roque de Taborno, un pitón basáltico modelado por la erosión.

 

El paisaje se abre entonces a pequeñas terrazas de cultivo que reflejan la armoniosa convivencia entre la naturaleza del Parque Rural de Anaga y la actividad agrícola tradicional, una relación que ha contribuido a conservar este excepcional espacio declarado Reserva de la Biosfera.

 

A medida que perdemos altitud, la frondosidad de la laurisilva da paso de nuevo al fayal-brezal, que poco a poco es sustituido por el cardonal-tabaibal, el ecosistema característico de las zonas más secas y soleadas de Anaga. Sobre los suelos volcánicos prosperan especies adaptadas a la aridez, como el cardón (Euphorbia canariensis) y las tabaibas dulces (Euphorbia balsamífera) y amarga (Euphorbia lamarckii).

 

Junto a ellas aparecen numerosos endemismos que enriquecen el paisaje, entre los que destacan las Lágrimas de la Virgen (Pancratium canariense), los taginastes (Echium spc.), los veroles y bejeques (Aeonium scp.) y el gongarillo canario (Aichryson laxum), conformando un mosaico vegetal único que anuncia la proximidad de la costa.

 

 

Una vez terminamos la vereda llegamos al caserío de Chinamada, donde podemos tomar diferentes rutas a los demás caseríos que en conjunto se denominan desde siempre como Las Montañas y hay que destacar los caseríos de: Bejía, Los Batanes, Afur, Taborno, etc. y todos ellos corresponden desde la antigüedad junto al pueblo de La Punta del Hidalgo como “Archimenceyato de Addar”.

 

En Chinamada podemos realizar una parada el en restaurante La Cueva y observar cómo se han horadado las casas-cueva y también degustar un merecido descanso degustando los platos típicos de la zona.

 

Desde aquí podemos desplazarnos por una pequeña ruta que nos lleva al Mirador de Aguaide y donde podemos disfrutar de los bonitos acantilados de la costa y ver el pueblo de la Punta del Hidalgo con su llamativo faro.

 

Esta vereda discurre bordeando la ladera del barranco del Río, y que desde la antigüedad guanche se le denomina la Senda del Magec ya que un sitio arqueológico.

 

Ya en zona de las denominadas Escaleras están horadadas cazoletas y canales   que tienen relación con las creencias sagradas con la presencia de altares, santuarios y prácticas vinculadas al calendario solar y que de algún modo está relacionado con las creencias sobre la Litolatría, el ancestral culto a las rocas.

 

 

Al término de la vereda, el paisaje se abre al océano y emerge ante nosotros el imponente Roque de los Dos Hermanos, inconfundible por su cima dividida en dos. La tradición popular cuenta que esta singular silueta nació del trágico destino de dos hermanos que, al no poder vivir su amor, se precipitaron desde el roque, que desde entonces quedó partido como eterno recuerdo de su leyenda.

 

Al llegar a la Punta del Hidalgo emprendemos el camino de regreso EN GUAGUA, que atraviesa los núcleos costeros de Bajamar y Tejina antes de alcanzar el municipio de Tegueste, tierra de profunda tradición vitivinícola, cuyos vinos cuentan con denominación de origen.

 

El recorrido concluye en la histórica ciudad de San Cristóbal de La Laguna, donde sus calles, cargadas de historia y patrimonio, invitan a un último paseo antes de poner el broche final a la jornada descansando en alguna de las acogedoras terrazas que rodean la Iglesia de la Concepción.

 

 

* José Ángel GONZÁLEZ ESCALERA

Nació en San Cristóbal de la Laguna (1952) Tenerife.

Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de La Laguna (69/74).

Su historial docente, se llevó a cabo, en las universidades de Extremadura y La Laguna.

Catedrático en Biología y geología en la Enseñanza Secundaria, en distintos IES de Canarias hasta su jubilación.

Coordinador en cursos de Innovación Educativa en centros canarios y con el Instituto Comérciale “Enrico Nicola” de Padova (Italia) como profesor en Innovación Educativa.

Ha elaborado el currículo de la materia optativa “Fotomicroscopía y Telemicroscopía” para el Bachillerato y su libro de texto.

Su labor investigadora se inició con una beca de Formación del Personal Investigador del Ministerio de Educación.

Ha asistido y presentado ponencias en distintos Congresos Nacionales de Microbiología y de Sociedades de Biología experimental y de encuentros de Didáctica de las Ciencias Experimentales.

Ha participado con publicaciones en distintas revistas científicas y didácticas como “aula” y “Tiempo y Matemáticas” y con alumnado sobre endemismos canarios.

Ha escrito el libro “Paseo Natural por el Parque Rural Anaga” (2025) siendo autor de sus textos y sus fotografías.

 

San Cristóbal de La Laguna (Tenerife)

Islas Canarias, 7 de septiembre de 2026

 

 

 

 

 

 

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