Pugna entre Argelia y Marruecos
por liderar el Magreb

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Juan J. Pérez Piqueras *

 

 

Últimamente aparece en prensa la carrera armamentística de Argelia y Marruecos levantando algún resquemor los referidos a nuestros vecinos marroquíes, con los que mantenemos cierta tensión en el Sahara Occidental, Ceuta y Melilla, y ahora también por la ampliación de sus aguas territoriales haciéndolas coincidir con las de Canarias, donde existen ricos yacimientos de Telurio y Tierras Raras. Pero esta carrera por reforzar sus fuerzas armadas se debe principalmente por liderar la región del Magreb frente a Argelia y, de paso, amedrentar a España.

 

Hay que tener en cuenta la gran importancia estratégica actual del Magreb, región integrada por Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia, que en 2018 ya superaba los 100 millones de población. Para España y la Unión Europea, la estabilidad de esta región es esencial dada la inseguridad del Sahel Occidental, sobre todo en Mali y Níger por la amenaza terrorista, con unas fronteras permeables entre todos estos países. Pudiéramos decir que ambas zonas conforman un todo, una única unidad estratégica: el Magreb & Sahel. O sea, nuestra retaguardia y su patio trasero.

 

Se da la circunstancia de que Argelia y Marruecos que son las de mayor población y riqueza de esta región, con miles de kilómetros de frontera común, entraron en conflicto desde el mismo momento en el que alcanzaron sus independencias, en la llamada “Guerra de la Arenas” en 1963, por la indefinición de sus límites fronterizos heredados de Francia, su potencia colonizadora, dejando casi un centenar de muertos en el terreno. Si una tomó una orientación socialista, aliada con la entonces Unión Soviética, la otra lo era con los Estados Unidos y el mundo occidental.

 

Posteriormente, llegaría otro desencuentro importante por el tema del Sahara Occidental, que permanece hasta la actualidad en una particular “guerra fría” para control de este territorio, ocupado en 1975 para “la administración temporal por Marruecos y Mauritania” (Tratado de Madrid), cuya solución definitiva la decidirá un referéndum organizado por Naciones Unidas. Desde entonces, ambas naciones llevan a cabo una escalada armamentística que parece no tener fin.

 

Las dos vienen reforzando su poderío militar desde hace al menos diez años. Según el prestigioso ranking Global Fire Power (GPF), Argelia ocupa el puesto 23 como potencia militar a nivel mundial y supera a su eterno competidor, Marruecos, que ocupa el 55, aunque este último, desde 2018 viene comprando a EEUU costoso material de guerra, como lo viene haciendo Argelia de Rusia.

 

Argelia casi ha triplicado su presupuesto militar en los últimos diez años, destinando ahora el 5,27% de su PIB, mientras Marruecos viene invirtiendo el 3,2% (según la OTAN, nuestro país ha destinado en 2020 el 1,16% del PIB, frente al 0,91% de 2019, si bien la Alianza estima que los quince miembros que no alcanzan el índice del 2% lo superarán en 2024).

 

En el plano político y social, Argelia viene “gozando” de un régimen singular. Una característica que identifica a este régimen es la existencia de una dicotomía entre un poder real detentado por el Ejército y sus Servicios de Inteligencia, y el poder formal encarnado en la figura del presidente, el Jefe de Estado. La lucha entre ambos por el control del Estado ha marcado la vida política de Argelia desde su independencia, el 5 de julio de 1962.

 

La propaganda del miedo puede ser la razón de este inmovilismo, resucitando el trauma de la guerra de liberación contra Francia para los mayores y el de la guerra civil, la década negra de los noventa, para todos los ciudadanos. En definitiva, el cambio da miedo, o, mejor dicho, daba miedo, pues el panorama en Argelia ha cambiado por los hechos ocurridos a lo largo de 2019 y 2020.

 

El presidente Buteflika, cesado en abril de 2019, fue capaz de dar una época de liderazgo cuando llegó al poder justo veinte años antes, en abril de 1999, pacificando el país que salía de la guerra civil, y combatió con eficacia el terrorismo yihadista que asolaba toda Argelia, lo que tuvo relevancia internacional. En diciembre de 2019 se convocaba elecciones presidenciales ganándolas Aldelmayid Tebún, de 75 años. Transcurridos unos meses, Tebún tuvo que ingresar en un hospital de Berlín por el Covid 19, regresando restablecido al cabo de un mes.

 

En el caso de que hubiese fallecido por el virus entraría como Presidente Interino, según Constitución, el presidente del Senado Salah Gudjil, que tiene 89 años, seis más que Buteflika. La ansiedad por el cambio de régimen de los jóvenes que se manifiestan pacíficamente, continúa sin salida, sin futuro cierto. Todo ello viene privando al país de una cohesión interna fundamental para ejercer un mandato sólido destinado al liderazgo regional. La inseguridad política y social prevalece en la actualidad.

 

Por su parte, Marruecos, en este ámbito político y social también tiene sus debilidades y aciertos. Su contencioso en el Sahara Occidental, que le desgasta en su poder militar (acaba de recuperar el servicio militar obligatorio, que había abandonado en 2006), y en asuntos internos, como la constante inmigración irregular que soporta, o los problemas intermitentes en el Rif, por el abandono, pobreza y falta de reconocimientos culturales de sus habitantes.

 

Pero tiene algo positivo e importante. Mohamed V, abuelo del actual rey, hizo una política africanista contundente, conocido en la zona por su oposición al colonialismo de su época contra el Congo Belga, apoyando al padre de aquella nación Patrice Lumunba, que murió fusilado. Y su hijo, Mohamed V, dio continuidad a esta política anticolonialista, tema que supo explotar inteligentemente jugando con la salida de la Organización de la Unidad Africana (hoy Unión Africana) en 1984, como protesta por el ingreso de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), constituida por el Frente Polisario (FP).

 

El actual rey Mohamed VI, en 2016 regresó a esta institución en momento oportuno, cuando tenía de su lado a importante número de naciones que negaban el reconocimiento de la RASD. Ha venido a ser un claro juego diplomático muy positivo para su pretendido liderazgo. E importante, también, ha sabido explotar el factor religioso, como “Comendador de los Creyentes” en esta zona fundamentalmente musulmana, lo que vino en llamarse “la diplomacia espiritual”, consiguiendo acuerdos importantes en la lucha contra el islam político violento.

 

Ambos países tienen las mismas ambiciones reforzando para ello su armamento, lo que los llevará a mantener el statu quo actual, a pesar de las amenazas del FP, que impedirá llegar a utilizar este potencial militar.

 

*  Juan José Pérez Piqueras

Coronel de Infantería (Retirado)

Técnico superior de Inteligencia Militar.

Diplomado en Análisis de Yihadismo.

Analista por la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla).

Miembro de la Asociación Española de Militares Escritores.

 

Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias – ESPAÑA)

09 de febrero de 2020.

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