Silencio,
se piensa…

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Ramiro Cuende Tascón *

 

La esgrima, no sé si es ella o él, me basta así, como la mar que me gusta océana. Me refiero a la política no toca en este momento de nuestra existencia, entre otras cosas porque lucen como auténticos ineptos.

 

Supongo que todos le estamos dando vueltas a la cabeza, que si esto que si lo otro, que si lo de más allá. Tiene sentido porque hemos recibido un golpe bajo del que nadie entiende nada o lo parece, que nos ha robado el mes de abril, caminamos hacia junio, y los días de mayo se me escurren de las manos como el agua. No son los mejores tiempos para la lírica. Habremos de levantar la mirada y rebuscar en el mundo de las ideas, la experiencia y la historia para que las fichas vuelvan a quedar colocadas en el tablero.

 

Yo, escéptico optimista por naturaleza no dejo de intentar analizar la realidad como forma de avanzar, desde lo crítico del momento, para buscar un futuro más equilibrado, estos tristes avisos nos tienen que servir para sopesar de dónde venimos y hacia dónde vamos y cómo debemos hacerlo. No puede ser de otra manera, nos tenemos que apoyar en asumir que sin una humilde y positiva actitud que se base en una “conciencia de ciencia” rigurosa, y multidisciplinar, no habrá forma de alumbrar el camino.

 

Hasta tanto no se acabe con el odioso bicho venido de China, ya sea con vacuna o porque nos hacemos inmunes, nos hemos de enfrentar también al desaliento poniendo el valor y el respeto a la vida en el lugar que merece, sin miedo a de frente a la verdad y defectos del modelo irreverente que venimos practicando en occidente. No hacerlo, sería tanto como negar la evidencia. Como en la esgrima clásica o deportiva, se trata de atacar y defender con la mayor precisión y velocidad posibles. Sorprender al contrario con ideas precisas, no es momento para ideologías, que en este momento son los confusos equipajes de cada bando, y hay pandillas para dar y tomar. Es el tiempo de las ideas, y cuantas más y más realistas mucho mejor, a poder ser posibles.

 

El humanista Hans Küng, al que tuve la suerte de escuchar un día de 2003, en el Círculo de Bellas Artes. Presentaba su libro: “Libertad conquistada. Memorias”. En su libro “Una ética mundial para la economía y la política”, critica contundentemente esta aterradora realidad. Hemos de pensar en la trascendencia de practicar la vida pública con una ética común para la política y la economía, con unidad y compromiso para que nos lleve a vivir en un lugar más pacífico, más equitativo y humano, un mundo mejor para todos. Estamos embarcados en el fenómeno de la globalización, para algunos la esperanza, para otros el horror. Todo parece girar en torno a una economía asimétrica y abusiva entre los mundos.

 

Nos ha asaltado el abominable bichillo, estamos viviendo en carne propia las consecuencias del cambio de modelo al que nos hemos visto sometidos, tras la caída del muro de Berlín, una revolución de las estructuras económicas a escala mundial que va acompañada de la globalización tecnológica, que cuando ha hecho falta no ha estado a la altura deseada por todos, es decir, teníamos de todo, menos de lo que se necesitaba. Para peor, en mundo en el que la usura y la trampa están a la orden del día.

 

Los esgrimistas tienen que vestir todos de blanco para enfrentarse a un rival común que no deja de ser otro que el desconcierto en todos los frentes, producido por esta sorpresiva pandemia. No sirven las absurdas posiciones pandillistas de los partidos políticos al uso. Siento vergüenza ajena de lo que veo.

 

En los momentos que vivimos pensar aquello de “sálvese quien pueda o juega con tú vida”, es un disparate. Recuerda a la pistolita rusa, si te toca la bala te vas y punto, si no, esperar ¿A dónde? A la pira común o a la fosa de amigos para siempre, no tiene sentido desde la práctica del humanismo o de un nuevo modelo más igualitario, con diferencias pero menos. Me parece vergonzoso que se haga un uso ideológico de la muerte, incluso hasta de los errores frente a ella, que estoy convencido lo hubiera padecido y pasado igual a cualquier gobierno legítimo de España. Es más está sucediendo a nuestro alrededor sin saber lo que pasa.

 

Tenemos que ser capaces de escuchar el silencio, sin complejos, el ruido de la marabunta es parte del problema, no permite pensar con el sosiego necesario. Habrá que avanzar sin prisa pero sin pausa, para lo que habrá que apagar el grotesco espectáculo mediático e infra ideológico, lo tildo de chusco, al que nos vemos sometidos sin la más mínima piedad minuto a minuto por unos y por otros. Así no se puede.

 

No es el momento de los vencedores y los vencidos, es otro modelo de momento, que me cuesta definir con tanto ruido, quizás sea el momento de la bandera blanca frente al vacío. El de las ideas posibles y novedosas.

 

Soy de los que piensa que está todo inventado, y que es mejor copiar bien que inventar mal. El modelo que funciona es el de apostar por la educación y la formación, se ha probado y ya funciona en países como Finlandia, su presidenta respondió a la pregunta de cómo había pasado su país de ser un país importador, que solo exportaba madera, a ser una fuente exportadora de alta tecnología, respondió: es muy sencillo, se resume en tres palabras; educación, educación y educación, a lo que yo añado de mi cosecha el espíritu de grupo, evitar los cotos y el sectarismo. Hemos vivido de un modelo basado en caprichos personales, que se deshacen como azucarillos con la caída del alegre de turno. Ejemplos a cientos.

 

Se tiene que acabar lo de “el que no llora no mama”, y lo de “mama” dicho con todas las segundas que en el mundo han sido. Canarias necesita un modelo sin riesgos, a poder ser energéticamente lo menos dependiente que se pueda. Apostemos; por la mejor educación posible, por la agricultura que funciona, por un modelo turístico con menos cantidad y más valor añadido; por la tecnología, a poder ser por la micro y nanotecnología –fácil de exportar por su dimensión, milmillonésima parte del metro de platino iridiado de París-, por la recuperación de nuestro paisaje y su puesta en valor, por ofrecernos como lugar para el pensamiento y la reflexión de todo tipo de modelos. Todo lo anterior nos obligará a pensar sobre la virtualidad o no de nuestro modelo económico. Sin perder de vista todo lo que se me haya escapado, y que merezca la pena.

 

A poder ser con algo más de silencio, y algo más de longanimidad.

 

Silencio, se piensa…

 

* Ramiro CUENDE TASCÓN

Arquitecto

Socio de CGA Arquitectos.

Co fundador-propietario de Cuende y Gutiérrez Asociados S.L.P. – Arquitectos.

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