EL MONÓLOGO
Reflexiones de un confinado

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José Moreno García *

 

Y como el que no quiere la cosa, hoy llevamos ya casi un mes de encierro obligatorio en el que apenas hemos avanzado algo en el combate contra la enfermedad que nos ha dejado en casa y sin demasiadas opciones económicas. No se sabe cuándo se acabará esta situación, ni cuando algunos dejarán de ser policías de balcón, ni cuándo podremos salir para hacer lo que nos plazca y no lo de ahora, que es hacerlo con un motivo concreto y una angustia en la garganta por si una autoridad con uniforme nos para y nos pregunta adónde vamos o porqué.

 

Un mes ya y las cifras siguen asustando, los relatos de los que viven esto con intensidad agobian y las historias rayan en el género de lo terrorífico. ¿Y dónde estamos ahora? Casi en el mismo punto que el 14 de marzo cuando un Pedro Sánchez compungido nos decía que nos teníamos que quedar en casa 15 días por el bien de todos. Aquello era nuevo y casi sugería un tiempo en casa que nunca habíamos tenido.

 

Los más positivos se pusieron a pergeñar ideas y insuflar una especie de energía de marketing que en los primeros momentos vino bien. Que si aplaudir a las siete de la tarde, que si gimnasia con garrafas de aguas, que si cartas de amor sonoras, que si videoconferencias con familiares y conocidos a los que nunca llamas, que si… un sinfín de ideas que lo que pretendían era tenernos entretenidos durante un encierro obligatorio que no cura, pero que impide -al menos eso dicen- la difusión del virus llamado Covid-19. Y pare usted de contar, porque en esas estamos. Igual que el primer día.

 

En Canarias hemos ido apostando por el turismo como método de vida, como motor de una economía en la que siempre estamos contando. Contamos los millones de turistas que vienen, los dineros que se gastan, las pernoctaciones que realizan, las veces que repiten, los coches que alquilan o las excursiones que hacen. Y a la vista de los resultados crecemos en la cantidad de servicios que prestamos. Los agricultores se quejaban de que los hoteles compraban poco producto de la tierra y que lo importaban todo, hoy esos mismos se quejan de que con los hoteles cerrados no tienen donde colocar su mercancía. Hemos puesto todos los huevos en una cesta y hoy el recipiente está cerrado o roto. Y no sabemos qué hacer.

 

A finales de enero estábamos en la Feria Internacional de Turismo (Fitur) pidiendo a las compañías aéreas más conectividad con las islas y a los touroperadores que aumentaran sus envíos de personas a las islas y un mes más tarde se organiza la mayor operación de repatriación de toda la historia. Miles y miles de turistas con las bermudas puestas tenían que volver a su país sin haber disfrutado de nada de lo que le habían dicho.

 

Y llegamos a este tiempo de confinamiento cerrando fronteras y restringiendo más aún los vuelos con el exterior. ¿Cómo y de qué vamos a vivir? Casi trescientas mil personas han recibido sus cartas en las que se merman sus trabajos y sus ingresos y muchos de ellos ni siquiera han cobrado un mes del que trabajaron al menos la mitad de sus días y pasaran este mes de abril rogando para que llegue el 10 de mayo y cobren parte de sus emolumentos, y mientras ¿de qué se vive?

 

Es fácil comparecer ante el pueblo y anunciar que nadie se quedará olvidado, que se ponen a disposición de todos doscientos mil millones de euros, pero la pregunta de hoy es ¿dónde están? ¿cuánto nos toca a cada uno de esa ingente cantidad de dinero? Hoy seguimos estando en el mismo tiempo de incertidumbre y encima parece que tenemos a los gobiernos dando boqueadas de improvisación. Y eso es lo que hoy hay.

 

Quizás no sea este El Monólogo ideal para esta Canarias en Positivo que hoy comienza, pero el tiempo de encierro y la incertidumbre no me deja escribir de otra forma.

 

* José MORENO GARCÍA
Periodista.
Analista de la actualidad.

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