Ruido
Vs Silencio

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Ramiro Cuende Tascón *

 

 

¿Por qué hablamos tanto de tantas cosas de las que no tenemos ni idea? No somos conscientes del ruido que nos envuelve como resultado de tal desparrame verbal, frente a lo maravilloso que en muchas ocasiones resultan los momentos del silencio. Siempre que lo pienso recuerdo algo que aprendí en la universidad, no lo olvido nunca es el “hórror vacui”, que según la Real Academia Española, significa literalmente ‘horror al vacío’. Se emplea, en el campo del arte, para referirse a la tendencia a llenar, con cosas que muchas veces solo hacen ruido. Su uso se ha extendido figuradamente a otros ámbitos: “Una especie de hórror vacui, que es necesario llenar aunque sea con compañía indiferente y con palabras descoloridas”, lo escribió José Donoso en un pueblo aragonés llamado Calaceite, huyendo de la dictadura de Allende en Chile.

 

Cuando en Casa de campo, que obtuvo el Premio de la Crítica de España en 1979, leí sobre las palabras descoloridas, me invitó a reflexionar a que se debe que vivamos en un mundo tan ruidoso; falso, y vacío. El silencio opera a la baja, lo que es tanto como negar el maravilloso derecho a pensar en calma. En unos tiempos en los que la libertad que existe en países como el nuestro, un lujo en ocasiones poco valorado, la cantinela que surge de todo tipo de aparatos, artefactos, medios y de un sinfín de alegadores que no aportan nada, tan solo repetir y repetir lo que ya hemos oído una y otra vez.

Curiosamente lo llaman comunicación; en el día a día de las personas, de los medios de información, y aún más grave en el de la política que basa su cháchara en lo argumentarios que unos supuestos expertos asesores dirigen a sus correligionarios sobre la temática con la que engañarnos o dirigir nuestras ideas cada mañana.

 

Esto que digo me duele, lo he vivido, y funciona como si pretendieran ponerte la bufanda de tú colegio, de tú equipo o del partido político de turno. Cambiando de tercio, lo mismo o parecido pasa con el mundo de la información, en cada dial escuchas las noticias pervertidas según la tendencia de la marca que las reparte a diestro y siniestro. La verdad o lo más parecido a ello al final depende de la capacidad de discernir sobre lo leído o escuchado, para lo cual se hace necesario intentar conocer todas las versiones, lo cual genera tal desazón, que nos quita el poco tiempo que queda para pensar y para el maravilloso silencio, el que nos permite escuchar; el viento, los árboles, los pajaros, la lluvia, el mar, el sol, la luna, incluso el silencio.

 

¿De qué hablamos cuando lo hacemos de comunicación? Mas cuando hablamos de comunicación no estaremos confundiendo el bello sentido de esta palabra, por desinformación. La humanidad ha crecido gracias a la comunicación, no debería ser ruido, debe ser certeza.

 

Presiento que se ha pervertido su sentido más sublime, lo han distorsionado con fines espurios las grandes y perversas sectas adoradoras de la avaricia, haciendo de la comunicación un mundo de confusión. Para lo que compran, crean, y utilizan toda suerte de artimañas para tener a la ciudanía viviendo engañada al margen de la realidad. No les tiembla la mano en; hundir, eliminar, aplastar, y mentir a mansalva con tal de lograr algo más de poder y de dinero, herramientas que les permite vivir al margen de la humanidad, tan solo con su soledad, sus falsas amistades y su pobreza.

 

Han envilecido la comunicación, hasta el punto de por poner ejemplos, crear guerras de verdad en base a motivos de mentira que las vemos en directo por nuestras televisiones cual si viéramos películas de acción rodadas en Hollywood, salvo que los muertos son de verdad.

 

Este fenómeno nos ha permitido vivir en tiempo real lo que sucede sobre el bichillo de marras, sabemos cosas que nos eran desconocidas; tasa de mortalidad, pangolines, mamíferos placentarios que pueden portar diversos coronavirus relacionados con el SARS-CoV-2, gel hidroalcohólico, seroprevalencia, asintomáticos que no sólo suponen un desafío desde la óptica de la transmisión del virus, también los son porque muchos de ellos, sin saberlo, sufren hipoxia muda, se pensaba que no hasta hace nada, por la hipoxia silenciosa no ruidosa, sintomáticos, presintómaticos, otros que suenan a otra galaxia son los oligosintomáticos, que tienen pocos síntomas y contagian mucho, como ven la cosa se complica. La hipoxia un estado de deficiencia de oxígeno en la sangre, células y tejidos del organismo, también lo he aprendido.

 

Pero por desgracia vivimos en la curiosa libertad de expresión, que nos obliga a tener que escuchar y casi respetar a; indocumentados mentales, mentirosos, sorullos, los autodenominados influerces jajaja, el paradigma de estos personajes apellidado por padre Escalona y por madre Ortiz, que nos regala escuchar toda suerte de estupideces, si bien parece que es de obligado cumplimiento respetarlas por más ruido que haga y por más bazofia que cuelgue de la red desde su libertad o libertinaje. Luego tenemos la infodemia, un henchido término que usamos para referirnos a la sobreabundancia de información –sea falsa o rigurosa- da igual la parida que se les ocurra a las personas de turno, da igual que sea sobre la vida o la muerte, la igualdad o la desigualdad… La marabunta de la información nos tiene locos.

 

En esta etapa hemos oído a presidentes de países supuestamente del que antes era el primer mundo, hoy no sé en qué indigna liga juegan. Decir, con la que está cayendo cosas como; Bolsonaro presidente de Brasil, el 24 de marzo decía, «Por mi histórico de atleta, en caso de que fuera contaminado por el virus, no tendría que preocuparme, no sentiría nada, como mucho una gripecita o un resfriadito», o el 2 de junio dijo que La muerte es el destino de todo el mundo”. Trump presidente de Estados Unidos, cuando dice una verdad se pone rojo, lo cual le afecta más que el bichillo, no me merece la pena.

 

El bielorruso Lukashenko: “No hay virus aquí. No los has visto volar, ¿verdad?” Si no fuera porque el tema es serio, parece propio de con el cerebro plano. El presidente mejicano, López Obrador, invitaba a la ciudadanía a ir con la familia a los restaurantes a disfrutar, para él la cosa era propia de charlatanes. Seguir me agota, he estudiado de la mano de mi profesor preferido, he leído “El Jinete Pálido” de Laura Spinney, escribe sobre la mal llamaba ‘gripe española’ de 1918, surgió entre los soldados norteamericanos que luchaban en Francia durante la Primera Guerra Mundial. Se estima que un tercio de la población mundial acabó infectada, y al menos 50 millones de personas perdieron la vida -algunas cifras hablan de hasta 100 millones-, en su libro recupera la historia de la mayor epidemia sufrida por la Humanidad desde la Peste Negra.

 

Al final la gente escucha y acepta lo que necesita o quiere escuchar, en función de sus creencias y tendencias personales, sin dejar un resquicio para el pensamiento. Descubran la magia del silencio, y el placer de lavarse las manos con un buen jaboncillo.

 

Qué espléndida laguna es el silencio.

Allá en la orilla una campana espera.

Pero nadie se atreve a hundir un remo.

En el espejo de las aguas quietas.

Benedetti.

 

* Ramiro CUENDE TASCÓN.

Arquitecto

Socio de CGA Arquitectos

Co fundador-propietario de Cuende y Gutiérrez Asociados S.L.P. – Arquitectos.

 

Santa Cruz de Tenerife, 16 de junio de 2020.

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